Con sólo un intento, Rosana logró besar al santo. Apareció en 1996 y, sin pensarlo mucho, consiguió el éxito que para otros artistas tarda dos o tres registros musicales. La española, nacida en las Islas Canarias, cautivó reproduciendo el sonido cotidiano de su región, una extraña mezcla entre el pop, la nueva canción y las manifestaciones latinas. Ese debut, inolvidable para la artista y para sus seguidores, se llamó Lunas rotas y con él aprendió que podía vivir contando historias musicales, una detrás de otra.
“Desde el primer disco me ha gustado estar encima del orden de las canciones. Para mí la secuencia tiene un sentido musical, pero también representa un mensaje. Hay notas y acordes por los que se pasean los temas y por eso la selección es un proceso similar al de pintar una habitación, porque uno ahí no puede utilizar colores contrarios sino complementarios”, comenta Rosana. Acaba de lanzar Buenos días mundo, su sexto álbum de estudio, en el que cuidó las letras, los acordes y, por supuesto, el orden en que enlazó cada una de sus creaciones.
Su intención con el nuevo trabajo artístico es dar la bienvenida a su música, tanto a la gente que la sigue desde el comienzo, como a aquellos que hasta ahora comienzan a descubrir su estilo, que ha ido variando de acuerdo con las propias necesidades de la cantautora.
“Buenos días mundo surge en un momento muy bello para mí. Ahora estoy muy rodeada de mi familia, a la que le ha tocado aguantar esos procesos en los que he pensado que no tengo nada más que darle al público. Hoy me inquieta mucho más el hecho de cuidar la herencia que le vamos a dejar a todos los niños y por eso estoy tan pendiente del entorno”, cuenta esta artista que cree que ha sido una bendición haber nacido en las Islas Canarias, un lugar que geográficamente pertenece a España, pero que tiene una cercanía muy grande con África y una conexión espiritual con América Latina.
Para Rosana el hecho de que su sitio de origen sea muy visitado por turistas ha traído como consecuencia una música que se desplaza sin complejos. Ella valora su folclor, pero respeta, asimila y aprovecha cualquier sonido extranjero, lo que la ha potencializado como una artista de gusto universal.
“Con este nuevo álbum he confirmado que, cuando canto mis canciones en los estudios de grabación, estoy compartiendo con los demás lo que pienso, pero cuando las interpreto en vivo siento que dejaron de ser mías para ser una propiedad colectiva. Un concierto es el momento para rematar la canción y para certificar que está terminada”, concluye Rosana, y dice que estará de gira hasta finales de 2013 y que tiene el sueño de donar su música a todos los colombianos que quieran recibirla entendiendo que ya no está en Lunas rotas, ni muchos menos A las buenas y a las malas. Simplemente, este es el momento de decir Buenos días mundo.