Sus letras critican un mundo en el que se siente excluidos y una ciudad, que para ellos, cuenta con los mismos problemas de inseguridad, falta de oportunidades y educación de 1989 cuando iniciaron.
Los primeros disparos se escuchaban en las calles de Medellín, las oportunidades para los jóvenes escaseaban, una sociedad conservadora excluía a las personas que parecían diferentes y se ideaban formas de salir del subdesarrollo de la capital antioqueña.
El panorama mundial tampoco era muy alentador, se cumplían 40 años de la explosión de la bomba atómica en Nagasaky y el arsenal atómico para 1985 era de 50 mil cargas nucleares — la detonación de uno de ellas podía desatar en un microsegundo más energía que la producida por todas las armas en el globo— empresas norteamericanas anunciaban la salida al mercado del muñeco de Rambo, personaje protagonizado por Sylvester Stallone y sonaban trompetas de guerra en centro américa entre Nicaragua y Costa Rica.
En ese contexto se fundó I.R.A (Ideas de revolución adolescente) una banda de punk de Medellín conformada actualmente por Mónica Moreno (Batería y voz), David Viola (Guitarra y voz) y Duvan Ocampo (Bajo y coros). Desde todos los frentes un arriesgado proyecto de personas que no encontraban nada en la realidad que les ofrecía su ciudad.
«I.R.A era la oportunidad de existir en un mundo que no había pensado en resolver la existencia de personas con otros ideales. Fuimos un experimento de muchachos que estaban intentando sobrevivir a una ciudad caótica y que los excluía», asegura Mónica Moreno, reconocida en la escena nacional como una de las primeras mujeres en pertenecer a una banda de punk.
En su primer toque con la agrupación cantó una canción llamada «sexorcista» en la que cantaba en favor de los derechos sexuales de hombres y mujeres. Otra apuesta atrevida si se tiene en cuenta que para 1990 las mujeres de Medellín se dividían entre las que eran novias de mafiosos y las que querían ser modelos. «No quería pertenecer a ese grupo de chicas y no encontraba un lugar digno donde hacerme. Precisamente eso fue I.R.A un espacio digno, justo y coherente con lo que yo era».
En los 90’s sonidos como el heavy metal y el grunge predominaban entre los jóvenes. Sin embargo los integrantes de I.R.A escogieron el punk, no solo como genero sino como estilo de vida, elección que como esencia de la banda no estaba a favor de lo que estuviera de moda, una antípoda a lo que movía a la gente de la época.
Sus letras contra el sistema, los políticos, la sociedad, la burguesía y los estados de ánimo impregnaron a miles de personas. Los integrantes de I.R.A no se imaginaron que su música les fuera a salvar la vida, más aún cuando ya no esperaban nada ni si quiera de ellos mismos.
Aunque su consigna en contra de las drogas y el alcohol ha sido una constante de la agrupación, algunos de sus seguidores sí las consumían. Según le dijo el presidente de la junta directiva de la Corporación Surgir (dedicada a la prevención del el uso indebido de sustancias psicoactivas y problemas asociados), Iván Restrepo Gómez, a el periódico El Tiempo el 21 de mayo de 1992 «Medellín es una de las ciudades en Colombia donde se presenta el mayor índice de drogadicción. De cada mil personas, tres consumen cocaína, 18 bazuco y 27 marihuana».
Por ello las crestas, botas, chaquetas de cuero y taches fueron estigmatizadas socialmente y relacionadas con el consumo de estupefacientes. Sin embargo los integrantes de I.R.A consideran que su público «Es como es la sociedad y como es el ser humano. La droga en nuestra escena se manifiesta como en cualquier otro espacio. Tenemos los mismos problemas sociales, familiares, de salud y los mismos quebrantos emocionales».
Desde su primer álbum llamado ‘Barkizidio’ hasta el último titulado ‘Firmes’ las letras no han cambiado. La banda presenta el mismo inconformismo con lo que pasa en su ciudad— falta de educación, inseguridad, pobreza, desigualdad y adicción a sustancias psicoactivas, que según las estadísticas del Estudio del consumo de sustancias psicoactivas en Antioquia, realizado por la Gobernación en 2012, del 19,3 por ciento de la población consumió marihuana y el 9,6 por ciento reconoció esnifar cocaína — razón por la que en palabras de I.R.A, «es un lugar atravesado por mucho dolor, por conflictos sociales que causamos todos. Un sitio que vemos con la ilusión de transformar cosas pero absolutamente necesitada de cambios reales».