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El enmascarado encanto de Pulcinella

El ballet creado por Ígor Stravinski, en 1920, representa un punto de transición en la propuesta del autor ruso. A pesar de su negativa de basarse en la música de Giovanni Battista Pergolesi, la obra es ejemplo de la acogida masiva de la denominada ‘comedia del arte’.

03 de enero de 2014 - 05:00 p. m.
Ilustración: Estella Basile
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Tanto el ballet Pulcinella como su suite son el resultado de muchas negativas por parte de Ígor Stravinski (1882-1971). El compositor ruso había realizado varias propuestas exitosas y multidisciplinarias, como El pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera, y en todas había contado con la sugerencia oportuna del empresario Serge Diaghilev, quien ahora le hablaba al oído para que dejara inclinar su talento hacia la confección de una pieza inspirada en un estilo teatral conocido en Europa como Commedia dell’arte (Comedia del arte). Stravinski adelantó la investigación de rigor, supo que este formato histriónico basaba su desarrollo en el empleo de máscaras, y que logró una importante consolidación en Italia durante los siglos XVI y XVII gracias a los artesanos, no a los artistas. Conociendo esos antecedentes dijo, por primera vez, no.

Serge Diaghilev hizo un nuevo intento por convencer a Ígor Stravinski de aceptar el encargo. Sacó una carta debajo de la manga que para él era definitiva y con la que supuso la aprobación del ruso. Recurrió al nombre del compositor italiano Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736), argumentando que él ya había realizado el trabajo sucio y que podían, con algo de ingenio, ir un poco más allá de la música y estructurar un espectáculo de mayor exigencia artística y con algo más de ambición. El autor lo escuchó con calma, lo dejó explayarse en elogios hacia el estilo italiano y permitió que el empresario hiciera cuentas alegres. Cuando una pausa extensa de su contertulio le dio vía libre, Stravinski dijo que no conocía bien las partituras de Pergolesi y que su relación con él comenzaba y terminaba en el Stabat Mater. Así que nuevamente dijo, no.

Pocas opciones le quedaban al empresario para convencer al músico. Por eso se armó de documentos infalibles, manuscritos de antaño y algunos registros pictóricos que mostraban la conexión entre el arte y la imaginación. Stravinski se identificó con lo que tuvo en frente y en la mente diseñó una propuesta que vinculaba los elementos de los siglos anteriores, pero que al mismo tiempo le daba la posibilidad de evolucionar y de aplicar los conceptos propios de lo que era, en ese entonces, el espectro contemporáneo. Por primera vez el compositor ruso se mostró dispuesto a desarrollar la Comedia del arte, a conjugar en su cabeza notas musicales y discursos elocuentes a cargo de actores enmascarados y con disfraces amorfos. Ese fue el primer peldaño del ballet Pulcinella.

Lo que fue un duro proceso de persuasión se transformó en una pieza vistosa, que fue estrenada en el Teatro de la Ópera de París, el 15 de mayo de 1920, bajo la dirección del maestro Ernest Ansemet, con coreografía original del bailarín Léonide Massine y con diseño de vestuario y decorados del español Pablo Picasso. Sin proponérselo, Ígor Stravinski se negó varias veces a trabajar en lo que sería una obra vital dentro de su historia. Por un lado Pulcinella es la evolución de creaciones anteriores, como El pájaro de fuego y La consagración de la primavera, pero con la utilización de menos elementos; y por otro, es el comienzo de la época neoclásica para el autor ruso. Sus obras posteriores se anclaron en esta Comedia del arte, en la que se funden tradiciones, armonías y personajes fantásticos.
Pimpinella, Furbo, Prudenza, Rosetta, Florindo y Cloviello forman parte de este montaje (en ballet y en suite) en el que Pulcinella, el protagonista, tiene características bien particulares, como su máscara con arrugas y deformidades, su nariz prominente, su larga quijada y su frente pronunciada. Sus ropas blancas y holgadas hacen evidente la joroba y la barriga, pero lo que más distrae es su habilidad para referirse a él mismo en tercera persona cuando sostiene intensos diálogos. Él es el bien y el mal en un solo sujeto, mientras que la puesta en escena es la exhibición de varias aristas de la condición humana.

Daniela Pini y Gabriela Ruiz, mezzosoprano; Karolyn Rosero, soprano; Javier Camarena, tenor; Roberto de Candia, barítono, y Luciano Di Pasquale, bajo, figuran en esta versión de la Suite de Pulcinella, en la que intervienen también la Orquesta de Cámara Orpheus, el Coro de la Ópera de Colombia y la Filarmónica Joven de Colombia, todos bajo la dirección de Rinaldo Alessandrini.


Le llegó la hora a Pulcinella, el encanto oculto de una máscara puesta para entretener y cautivar.


Concierto inaugural:
Sábado 4 de enero, 7:00 p.m. Teatro Adolfo Mejía. Domingo 5 de enero, 11 a.m. Teatro Adolfo Mejía. Información y boletería: www.primerafila.com.

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