Uno de los momentos más emocionantes del pasado Festival de Música de Cartagena (dejando a un lado las escalofriantes interpretaciones de música sacra, como Stabat Mater, de Pergolesi) tuvo que ver con el encuentro de dos generaciones. Por un lado, los muchachos de la Filarmónica Joven de Colombia, técnicamente dotados, pero a la vez ansiosos por aprender algunos secretos de la interpretación. Por otro, el maestro Salvatore Accardo. Quienes nos pegábamos desde chicos a las transmisiones de la HJCK recordamos ese nombre, anunciado por los locutores ceremoniosos de aquella emisora, casi siempre tocando alguna obra para violín de Paganini.
Accardo vino a enseñar muchos secretos de la música a la Filarmónica Joven de Colombia. La diferencia de edades lo hacía ver como el abuelo de todos esos muchachos. Un abuelo a veces bonachón, a veces severo, pero siempre manteniendo una comunicación cabal con todos. La interpretación que hicieron (primero en el Teatro Adolfo Mejía y luego en la Plaza de San Pedro) de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn estuvo dotada de un cariño y un cuidado casi artesanales. El aplauso del público en la Plaza de San Pedro evidenció la aprobación para ese trabajo tan esmerado.
Una grata noticia para este año involucra de nuevo a esta orquesta de jóvenes talentos: vuelven, y sin duda será un gusto oírlos otra vez. Pero ahora la labor que tienen que cumplir implica una responsabilidad mayor. Una sinfonía completa ya era una hazaña. ¡Una ópera completa es una empresa titánica! La Filarmónica Joven de Colombia será la orquesta encargada de toda la música en las puestas en escena de La cenicienta, de Rossini. La orquesta subraya en todo momento el humor, la chispa y la picardía. Es ágil y vital. Suena divertida, pero uno sabe que detrás hay una necesaria labor disciplinada.
Y para que todo suene con el usual buen gusto rossiniano, viene de Italia el maestro Rinaldo Alessandrini. Ya estuvo el año pasado ofreciendo un repertorio con el que asociamos más fácilmente su nombre: música del barroco italiano. Ahora se le mide a un exponente del siglo XIX, lo cual es un punto extraño en su carrera. Hay que decir, sin embargo, que la música de Gioacchino Rossini tiene las cualidades de claridad melódica que tanto le atraen del repertorio más antiguo.
Quizá por eso no pudo escogerse un mejor músico para dirigir esta ópera… Bueno, pienso también en Riccardo Muti, pero tengo entendido que andaba muy ocupado promocionando su libro y tocando en la ceremonia de los Premios Nobel. De Alessandrini hay que destacar su gusto por dirigir ensambles de una manera más personalizada. No es un tropel de músicos lo que él ve enfrente cuando dirige, sino, como expresó en una entrevista publicada en el año 2000 por la revista Gramophone, “un ensayo sonriente, un concierto sonriente, un tiempo alegre que se comparte”. Y esa visión es óptima cuando se trata de una labor pedagógica como la que implica ponerse al frente de la Filarmónica Joven de Colombia.
ESPECIAL PARA ‘EL PENTAGRAMA’
* Escritor y periodista musical.