En Silent Music la gente baila, pero no hay música en el ambiente. Desde la perspectiva de quien únicamente observa la escena, lo que se alcanza a percibir es un colectivo humano sujeto a un ritmo que no existe. La diferencia entre lo que se ve y lo que se vive la marca el audífono, un implemento especial que, en este caso, tiene la misión de crear una atmósfera propia, personal y, claro, intransferible.
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Lo que pasa durante Silent Music, que se traduce al español de manera directa como La rumba silenciosa, es que cada participante en la velada tiene el poder de decisión sobre el tipo de música, el ambiente que quiere disfrutar y el nivel al que desea recibir los impactos sonoros a través de sus audífonos. Es, sin ir más lejos, la oportunidad de tener el timón de su propia celebración.
Esta modalidad de entretenimiento surge como respuesta a la rumba normal, caracterizada por generosos decibeles en los parlantes y el equipo de sonido, por las vibraciones de pisos y paredes, que se multiplican en el estómago, y por un repertorio (playlist) seleccionado por terceros de acuerdo con sus gustos y palpitaciones.
Silent Music entró a escena para hacerle frente al ruido excesivo en el ambiente en las intensas veladas de rumba y, tal vez lo más importante, para gestar el ambiente propicio para vivir una experiencia personal, un requisito esencial para las nuevas generaciones, que no quieren que les cuenten sino ser testigos de primera mano.
“Silent Disco, como se llamó inicialmente, nació en Holanda como una alternativa a la rumba normal, ruidosa. Al comienzo, se hizo con la intención de disfrutar del silencio de la noche y aún poder rumbear sin mayores estragos, pero por medio de sus colores y canales se ha convertido en una nueva forma de disfrutar, quizá más intensa que en los ambientes normales, porque, aunque no parezca, esta experiencia ofrece una interacción no solo con uno mismo sino con quienes se comparte el espacio”, comenta Óscar Campos, empresario experto en temáticas de entretenimiento y de cruceros que siempre ha buscado la innovación en sus iniciativas.
Otra de las características de esta fiesta particular es que la disfrutan quienes tienen puestos los audífonos especiales, pero no la padecen quienes simplemente van al lugar a observar. El hecho de ver cuerpos moverse al ritmo de quién sabe qué tipo de música se ha convertido en Estados Unidos y en algunos países de Europa en un show que podría ser televisado y lograría alcanzar altas cifras de sintonía. Sería, algo así, como un reality de la rumba silente.
Los audífonos son el paraíso para quienes emprenden el sendero propuesto por Silent Music. Estos elementos convexos tienen la virtud de conectar a la persona con sus propios gustos y gracias a ellos los rumberos pueden establecer el ritmo de su baile y empiezan a darle prioridad al sentido auditivo, opacado muchas veces en el planeta por la visión.
“Nuestra rumba funciona a través de los audífonos con transmisores inalámbricos, que puede enviar tres señales diferentes a cada audífono. Cada canal está representado por un color diferente que las personas pueden cambiar cuando deseen (azul, verde o rojo), dándole así funcionalidad, vida y estilo al entorno en donde sean utilizados. En otras palabras, con solo cambiar de color en su audífono usted podrá cambiar de DJ o canción si está en una fiesta”, cuenta Jazmine Dalpiaz, otra experta en la materia que desde hacía meses proyectaba incorporar este tipo de celebración en las noches colombianas.
La ausencia de sonidos se compensa con el colorido en los audífonos y cada tonalidad representa un estilo de música. Por eso, es normal ver en las fiestas del tipo Silent Music que las personas se agrupen de acuerdo con la luz que ilumine sus orejas. El rojo determina una conducta específica y lo mismo sucede con el azul y el verde. “Los colores se buscan”, dicen algunos de los rumberos que en la pista de baile detectan afinidades sin la necesidad de pronunciar una sola palabra.
El DJ, que en muchos casos es más de uno, descifra el nivel de la fiesta y se deja guiar también por los colores para lanzar el siguiente éxito y establecer con cuál de los canales se conectan mejor los rumberos del silencio. El rojo puede marcar el rumbo de los aires más cercanos a la música latina; el azul tal vez tenga que ver con la electrónica y sus pulsaciones; mientras que el verde quizá represente expresiones de baile grupal o algo del pop o del rock que sonó a finales de la década del 80 y comienzos del 90.
En Colombia, la Silent Music acaba de aterrizar para romper con los estilos de rumba que se habían conocido hasta la fecha. La primera experiencia relacionada con una velada similar se realizó en The Red Room, en Bogotá, el pasado jueves 25 de julio, cuando la periodista Paola Acevedo y Laura Discjockey asumieron el rol de hostess del evento. Se esperaba una asistencia de máximo 150 personas, pero al lugar llegaron 280 rumberos silenciosos.
“Yo he tenido la oportunidad de estar en muchos de estos eventos en cruceros, y en Estados Unidos cada día toman más fuerza. A partir del impacto que detecté, me gustó mucho la idea y quise traerla al país para que, de acuerdo con el gusto de cada quien, todos la podamos disfrutar de una fiesta en la que escuchen la música únicamente las personas interesadas en estar activas en la rumba”, manifiesta Óscar Campos, quien diseñó toda una estrategia para implementar en el entorno nacional lo mejor de lo que vio durante sus extensas jornadas de exploración.
La intención de complacer a los rumberos en Colombia le dio vueltas en la cabeza por varios meses, hasta que encontró las condiciones adecuadas para traer los audífonos y estructurar la fiesta silente con todas las de la ley. Contactó a Laura Discjockey y se pensó que la actividad en The Red Room duraría máximo dos horas, como pasa en otras latitudes, pero la rumba se fue de largo y los participantes no querían despojarse de los audífonos.
“Yo no pensé que uno podía bailar en un ambiente totalmente silencioso y menos llegué a sospechar que los seres humanos pudiéramos movernos así con unos audífonos puestos. Al comienzo me dio pena, pero al ver que otros saltaban a la pista, yo me dejé llevar”, asegura una rumbera después de realizar, según ella, el ejercicio más exigente que ha desempeñado en toda su vida.
“Nuestro objetivo principal es ofrecer un plus en las fiestas de quinceañeras, matrimonios y after parties. Es muy importante anotar que Silent Music es un show de aproximadamente de una hora a hora y media. Un nuevo estilo de lo que se conoció en su momento como La hora loca. En las discotecas queremos hacer verdaderas batallas de DJ en las que por primera vez podamos tener a tres DJ tocando simultáneamente en el mismo lugar, y es algo que queremos llevar por todo Colombia, no nos queremos quedar únicamente en Bogotá”, dice Jazmine Dalpiaz.
Los audífonos son multipropósito y no se emplean solo en actividades nocturnas. “Por otro lado también queremos ofrecer con estos implementos un servicio de alta calidad en eventos corporativos como conferencias y traducciones. El sonido es de alta definición, sin ningún tipo de interferencia y al público le ha llamado la atención el hecho de que se puedan personificar”, concluye Óscar Campos.
Silent Music está ya en Colombia como una posibilidad menos ruidosa para divertirse. Es el entretenimiento personificado, la fiesta con menos volumen en el ambiente, pero con más intensidad interior.