Michael Jackson es raro. Es raro porque existen muy pocos seres como él. Esa condición de imán que es capaz no sólo de atraer todas las miradas sino que logra cautivar, conquistar y mantener su atención es una particularidad que sólo tienen las estrellas. Artistas, tal vez, puede haber miles, pero estrellas son tan escasas como las oportunidades que puede tener alguien que se dedica en esta convulsionada época a explorar el estilo clásico-romántico y pretende sonar en la radio comercial. Dentro del grupo de personas que fueron bañadas con talento en lugar de agua, está él. En versión afrodescendiente, en su apariencia blanca o en su modalidad andrógina. En realidad no importa, Jackson fue mucho más que huesos y carne y por eso sigue motivando émulos y homenajes.
El Tributo a Michael Jackson, creado por Producciones Misi y que se estrenará el 18 de agosto en Bogotá, es una nueva ovación para el hombre de las excentricidades, pero con dos diferencias fundamentales. La primera es que Manuel Beltrán, su protagonista, no es una aparición espontánea. Es un joven de 18 años que a los 18 meses de haber aterrizado en el planeta comenzó a tener sus primeras lecciones de canto y actuación. La genética también colaboró y su nariz respingada es fiel reflejo de la nariz de Jackson en aquellos ya lejanos tiempos de Bad. La otra particularidad es que el montaje parte del momento en el que la estrella es arrestada y sus fanáticos tratan de impedir que el talento tenga que seguir su camino hacia la perfección, pero tras las rejas.
“Si yo no tuviera a Manuel, ni siquiera pienso en meterle la ficha a esta obra”, dice María Isabel Murillo, Misi, la responsable de la disciplina dentro de un grupo de actores y bailarines que supera el medio centenar. Ella, con la mano extendida pero firme, los pone a calentar como si tuvieran la clasificación del próximo mundial en sus manos, en sus gargantas y en sus pies. La exigencia, entonces, se escribe con mayúscula y después de, literalmente, ambientar el lugar con un aroma indescifrable, da la indicación para que ruede la parte documental y de manera simultánea se acaba el calentamiento y comienza el arte, lo que para ellos a estas alturas es la vida real.
Suena Black or white y la banda compuesta por teclado, bajo, guitarras y batería se esmera por respetar el pop y por darle ese toque casi que indeleble que tienen las partituras de Jackson. Aparecen los bailarines y comienza el despliegue físico. Todos miran al frente y sonríen así estén doloridos y aún no sepan muy bien con cuál paso continúan la coreografía. Las destrezas corporales de los danzantes, cuyo rango de edad es amplísimo, son la barrera de protección de las voces que evocan al norteamericano. Sí, voces, son varias, hombres y mujeres cada uno con su estrofa y cada cual con su proyección. Es el tiempo de darles rostros a ese instrumento primario que a veces sale de la garganta, algunas del tórax e, incluso, de más abajo.
En el Tributo a Michael Jackson se hace un recorrido por su música desde su mágica participación en The Jackson Five, pasando por aquellas canciones que dejaron huella y que ahora son parte del patrimonio colectivo. Manuel Beltrán tiembla como lo hacía la estrella, arruga la nariz en el gesto famoso al que le dio el nombre de “fuerza”, canta y baila. Va y viene en la escena, mientras sus compañeros se la juegan toda frente al espejo, que a partir del 18 de agosto no estará ahí y será reemplazado por ojos, muchos ojos que algún día concentraron su mirada en ese ser raro, raro como pocos.
En temporada a partir del 18 de agosto. Funciones: martes, miércoles, jueves y viernes: 8:00 p.m. Sábados 3:30 y 8:00 p.m. Domingos 3:30 y 6:30 p.m. Teatro de Bellas Artes de Bogotá, carrera 68 N° 90-88. Informes y boletería: 5 93 63 00 y www.tuboleta.com