En un pueblo tan pequeño como Neira, Caldas, se desatan pasiones y se tejen amores. En este caso, tanto las pasiones como los amores están afinados con el dulce sonido de la música de banda, una tradición arraigada desde los años 20 y 30, cuando estos colectivos conformados por carniceros, vendedores y agricultores dotados con instrumentos rústicos, rebosantes de voluntad pero con poco oído, tenían la misión de acompañar los oficios religiosos de Semana Santa. Treinta años después, los atriles se oxidaron por el desuso hasta que algo en el imaginario colectivo evocó aquellas viejas jornadas en las que la música en la plaza era la cómplice perfecta para que las parejas pudieran mirarse y rosarse con disimulo.
Esa carga genética, sumada a la existencia de algunos instrumentos empolvados y en lamentable estado sonoro, hizo que a Hernán Bedoya, un vecino neirano, se le ocurriera la idea de estructurar un programa de formación de bandas en el departamento de Caldas. Pensó en los colegios como semilleros de artistas y a finales de la década del 70, esta población de andenes diminutos y calles que suben y bajan como una montaña rusa fue pionera en presenciar a más de doce adolescentes intentando tocar la misma melodía. La sensación fue novedosa pero a la vez familiar. Algo había en el ambiente que recordaba el pasado, hacía vibrar el presente y auguraba un futuro, por lo menos, rico musicalmente.
En la actualidad, en este departamento cafetero por excelencia hay 44 bandas en 27 municipios. Neira aporta dos colectivos particulares. Por un lado suena la Banda del Instituto Educativo de Neira y a pocas cuadras se escucha ensayar a la Banda del Colegio de Nuestra Señora del Rosario. Entre ellas la competencia es sana y mientras la primera lleva 31 años de fundación, la segunda no ha cumplido su primera década de funcionamiento artístico, pero en las estadísticas actuales figura como la agrupación de mayor reconocimiento en Caldas en su especie. Los dos grupos, dicen los lugareños, son como los hermanos entre los que hay mucho cariño pero también existen diferencias.
Cuando deciden aunar esfuerzos superan los 120 músicos, divididos en prebanda, banda infantil y banda titular. Son todos niños y jóvenes, muchos de ellos en estado de vulnerabilidad, que encontraron en el arte sonoro una razón de peso para mostrar sus potencialidades.
Sin embargo, el proceso para exhibir sus talentos no ha sido fácil, pues para algunos registros fotográficos les ha tocado pedir prestados los instrumentos. Algunos se ven mucho peor de lo que suenan y eso se hizo evidente cuando el padre jesuita Luis Guillermo Sarasa se tomó el trabajo de grabarlos y hablar de ellos en Francia. La opinión generalizada de los europeos fue: "¿Cómo hacen estos muchachos para tocar tan bien con esos instrumentos remendados?". La respuesta está en ese inconsciente colectivo que vincula a Neira con la música, pero también están las ganas con las que los menores se aproximan al arte. Estos dos elementos han hecho que ya seis egresados de la Banda del Instituto Educativo de la población se estén profesionalizando en Francia, gracias a la Coral Humanitaria y que la banda desde 2005 haya sido invitada en varias oportunidades a Sarreburgo a participar en el proyecto Los Caminos del Barroco.
"En Francia un señor llegó con tres trompetas a una de nuestras presentaciones y dijo ‘Estas son mis tres hijas profesionales con las que toqué toda la vida y las traigo a donarlas a estos maravillosos músicos’ ", cuenta Jorge Alberto Sarasa, uno de los responsables de que las bandas sean semilleros de otras manifestaciones, como grupos de rock, mariachis, cantapisteros y duetos que pueden llegar a ser el marco musical apropiado para seguir desatando pasiones y tejiendo amores en Neira, Caldas.