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Sonido de autor

Físicamente, encaja a la medida con aquella imagen que en los 80 Hollywood nos vendió como la del ‘nerd’. Es flaco, blanco como la leche, usa anteojos grandes.

07 de diciembre de 2011 - 10:00 p. m.
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Físicamente, encaja a la medida con aquella imagen que en los 80 Hollywood nos vendió como la del ‘nerd’. Es flaco, blanco como la leche, usa anteojos grandes. Es como esos personajes que en tierra caliente se ponen bermudas con medias y chanclas. Tiene 34 años y su nombre, Eblis, lo heredó de su padre. “Mi abuelo estaba envideado con la clase alta entonces le dio por ponerle a sus hijos nombres de masones”, cuenta. “En esa época no estaban de moda los gringos, pero si yo hubiera sido de una generación más para acá me llamaría Johnny… o algo así”.

Sin siquiera intentar serlo, es un tipo cómico. A pesar de que, a nivel local, es una de las figuras más prominentes de la música contemporánea o llamada por algunos “erudita”, es más difícil imaginárselo en un auditorio, recibiendo flores y aplausos, que en cualquier bar de la ciudad con un guaro en la mano. Vive en el barrio Palermo de Bogotá, en un apartamentico que compró, en parte, con una plata que se ganó en el Premio Nacional de Composición del Ministerio de Cultura el año pasado (ya se lo había ganado hace ocho años) con una pieza para un quinteto de cuerdas. En el ático tiene un estudio-laboratorio (algunas veces se llama Isaac Newton y otras Manuel Elkin Patarroyo) que, debido al particular expertise de su anfitrión, se ha convertido en uno de los favoritos de la escena experimental y jazzera local. Allí se han grabado discos de autores como Jorge Sepúlveda y Juan Manuel Toro, y ensambles como Bituin y Suricato.

Por estos días anda de gira por Alemania, fue invitado con Meridian Brothers, su banda, a tocar en el festival Worldtronics, en cuyo cartel fue etiquetada como un grupo de ‘colombian indie’, lo que sea que eso signifique. Se trata de un proyecto solista que viene desarrollando hace más de 10 años en el que compone, canta, toca todos los instrumentos (máquinas, guitarras, chelos, bajos, baterías, clarinetes…), graba, mezcla y hasta pinta (a su cargo también está el arte de los discos, dibujitos intrincados, como los de un Escher infantil). Bajo ese nombre tiene siete trabajos discográficos: cuatro inéditos que descarta como ‘juvenilia’ y se avergüenza de sacar al aire (“una música muy pailas”, declara) y tres publicados: El advenimiento del castillo mujer (2005), Este es el corcel heroico que nos librará de la hambruna y la corrupción (2009) y el recientemente lanzado Meridian Brothers VII, que actualmente se encuentra promocionando. Se trata de una propuesta musical propia que, lejos de cualquier corriente o género, e incluso de cualquier referencia, lo convierte en uno de los pocos creadores colombianos que propone una música de autor.

Meridian Brothers suena como a atracción del Parque Jaime Duque. Un viaje delirante por paisajes lisérgicos y espectrales a bordo de un carrusel a punto de vararse, donde la asociación libre es la regla y todo, texto y sonido, se aparea para formar, a la Burroughs, escenas simplemente surreales. Menos interesado en la música que en la técnica para crearla, Eblis ha logrado inventar un sonido único a partir del puro estudio y la experimentación, aunque él diga que todo esto sea producto de una profunda vocación al ocio (“Soy muy desocupado”). Cuenta él que desde chiquito grababa sus canciones en casetes en un equipo AIWA, técnica que fue puliendo durante casi 10 años hasta convertirse en un maestro de las canciones de alcoba (llegó a grabar hasta siete pistas en una sola cinta usando solo los botones de REC y PLAY), y que más adelante tuvo la oportunidad de perfeccionar en Dinamarca, donde luego de graduarse como músico y guitarrista clásico de la Universidad Javeriana se especializó en música electrónica y composición contemporánea.

Luego de vivir seis años en el país nórdico, donde gozó de una saludable carrera como compositor para orquestas, ensambles y compañías de baile (aún se le encargan y se estrenan piezas suyas por allá), Álvarez volvió a Colombia hace tres años. Aparte de productor, ingeniero y ‘hermano meridiano’, es también profesor universitario y miembro del Frente Cumbiero, una de las bandas que lidera una de las avanzadas culturales más interesantes de los últimos años en Latinoamérica: la revitalización de la cumbia como fuerza alternativa continental. Como parte de este frente que dirige Mario Galeano, uno de sus amigos de infancia (con quien también tiene un proyecto de noise tropical sobradamente elegante llamado Los Pirañas), su aporte en la guitarra es fundamental. En sus manos, el instrumento deja de serlo para convertirse, por medio de un sistema de procesamiento de señal diseñado por él mismo, en una poderosa máquina de ruido que emite señales sonoras tremendamente envolventes y espiraladas con unos dedos necios que se rebelan contra su pasado de guitarrista clásico, rockero, de jazz. Contra la manera, en últimas, en que tradicionalmente se ha tocado una guitarra.

Y es que ese es Eblis Álvarez. Una forma propia de hacer música. Innovadora música colombiana.

@meridianbrothers

Meridianbrothers.com

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