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¿Y si lo hacemos juntos?

Hay momentos en la vida en los que es importante saber tomar distancia y entender que uno es insignificante, que el mundo sigue girando si uno desaparece y, además, que nadie en realidad notará la ausencia.

15 de enero de 2014 - 09:58 a. m.
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Esa, más o menos, fue la invitación que me hizo el VIII Cartagena Festival internacional de Música para, el pasado martes, entrar en conversación con los miembros de una orquesta como Orpheus, que ha demostrado que una organización no solamente puede prescindir de la cabeza, sino además, que puede producir mejores resultados con ese trabajo comunitario. Todo un complejo reto de liderazgo.

Debo confesar que, en medio de la incredulidad que generan este tipo de propuestas, cuando primero escuché hablar de esta orquesta sin director pensé que se trataba de un ejercicio un poco forzado, utópico, una propuesta más de corte político que musical, y que sencillamente estábamos frente a unos músicos de excelencia que lograban ejecutar piezas maravillosas, a pesar de no tener conductor y no precisamente por no tenerlo. Con ese sesgo algo prepotente en mente, me di a la tarea de intentar confrontarlos este martes con los problemas que día a día se viven en una organización tradicional, de corte piramidal, como este periódico, cuando se trata de promover el trabajo en equipo: el miedo a la libertad, la aceptación de responsabilidades, el buen líder vs. el menos bueno, los incentivos individuales, la competencia interna, cosas de ese tipo.

Y por supuesto que Orpheus no es ajena a todos esos problemas, que en el fondo son inherentes al ser humano. Pero lo que esta charla con Krishna, el director ejecutivo, y con Laura, violinista, me permitió entender es que hay principios esenciales en un equipo de trabajo que pueden superar cualquier obstáculo. Uno, por ejemplo, aprender a confiar en el otro. Así se equivoque. Así uno crea que tiene la razón, confiar en el comentario ajeno. Otro, no descansar hasta llegar a la perfección, que en su caso es el ensayo exhaustivo para evitar la desconcentración, para perfeccionar la coordinación. Uno más, la transparencia en la comunicación y la información que, como decía Krishna, llega al punto de que cualquier miembro puede conocer el presupuesto y las cuentas de la orquesta en el momento que lo quiera.

De todos, sin embargo, quizás el valor más potente que nos enseñaron, ya no en el conversatorio solamente sino en cada presentación en este festival, es el de la alegría. Nunca había caído en cuenta de lo fríos que se ven los músicos en las orquestas hasta ver estos músicos de Orpheus pendientes de cada gesto, de cada movimiento del compañero, del resultado integral del equipo. «Aquí hacemos la música con la convicción de que queremos estar aquí», decía Laura. Y aceptaba que sería frustrante trabajar en una orquesta tradicional con un director que dicta todas las pautas, que ordena sin derecho a opinar.

Trajo a colación Krishna un estudio de Harvard que hace unos años encontró que los oficios en los que la gente está menos a gusto son, primero, el de guardián penitenciario, y segundo, el de músico de orquesta. ¡Y estos de Orpheus, mientras tanto, felices y produciendo música de antología! Ya decía el mismo Krishna, confrontado frente a la educación de nuevos artistas en este método, que la música de cámara está en un proceso de cambio en medio de una gran crisis y que seguramente tendrá que cambiar. Acaso la felicidad haga parte de ese cambio necesario. Y acaso esa enseñanza se pueda extrapolar a cualquier aspecto de la vida y a cualquier organización social o económica.

Fue un poco extraño, ciertamente, que el primer conversatorio de un festival de música hubiera terminado siendo una lección de liderazgo y administración. Lo siento por quienes allí llegaron a aprender de música, pero no creo que haya sido tiempo perdido. La música tiene mucho que ver con la vida y lo que estos tremendos músicos de Orpheus nos han enseñado en estos días en Cartagena es que la vida puede ser mejor, y más productiva, si nos decidimos a afrontarla juntos, fijando entre todos objetivos comunes. ¿Y si tratamos?

*Director de El Espectador. 

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