Aunque el tema de este artículo es otro, en nombre de la comunidad educativa me permito solicitarle a la ministra de Educación, María Victoria Angulo, que responda a los llamados del periodista Daniel Coronell y explique su presunta vinculación al escándalo de la U. Metropolitana de Barranquilla, así como debo decirle con la mayor indignación que, tratándose del ministerio encargado de orientar la formación de los colombianos, es de todo punto de vista inadmisible que allí se insinúe así sea la más leve sospecha de corrupción.
¿Por qué entre los países de la OCDE los colombianos sacan los peores puntajes en las pruebas Pisa? ¿Acaso nuestros estudiantes son menos inteligentes que los de otros países? La verdad es que en esas pruebas tienen el mayor peso la capacidad de comprensión y la creatividad, que dependen de la capacidad de pensar, y el desarrollo de estas destrezas es directamente proporcional a la actitud hacia el estudio, la motivación y el interés por aprender. En cuanto a la pregunta sobre la superioridad o inferioridad de nuestra inteligencia, desde la década de los años treinta del siglo pasado la ciencia estableció que todos los seres humanos nacen con la misma capacidad intelectual, y si se presentan diferencias en la inteligencia de unos individuos al compararlos con otros se debe a diferencias en los factores que inciden en su desarrollo, principalmente los materiales con que se alimenta y la forma en que se le hace trabajar. Como decía B. Bettelheim, “la mayor parte de los productos editoriales utilizados en la enseñanza escolar ‘ofenden la inteligencia de los estudiantes’, los contenidos son impuestos a los alumnos y tienen que aprenderlos aunque no les interesen, so pena de sacar malas calificaciones y hacerse acreedores a lo que esto conlleva por parte de maestros y padres de familia”.
No hay riesgo de equivocarse al afirmar que los estudiantes de otros países obtienen mejores puntajes en las pruebas porque su actitud hacia el estudio es mejor, están más motivados y sienten más interés por aprender, y este es el misterioso factor que permite a los asiáticos sacar los mejores puntajes. Los padres de estos valoran más el estudio, acompañan más de cerca el proceso de aprendizaje de sus hijos que los de otras latitudes, les dan mejor ejemplo en las respectivas costumbres y, muy importante, están más enterados de las capacidades de los profesores y de la manera en que se desempeñan. Esas son culturas muy antiguas, con visiones de la realidad y de la vida distintas a las nuestras, la relación de los padres con los hijos tiene allá un enfoque diferente al que le damos acá.
Como sabemos, los profesores son figuras parentales que en nuestro medio podrían corregir las deficiencias de los padres en cuanto a la motivación para estudiar. Aquí es raro que un padre o una madre comparta con sus hijos las actividades de estudio, a no ser que se trate de estudiantes de preescolar para ayudarles a hacer las tareas. Al acompañarlos de cerca mientras estudian en la casa, aunque solo sea unos minutos, ya que no se trata de cantidad sino de calidad, se les envía el claro mensaje de que el estudio es algo tan valioso que se saca tiempo para estar con ellos en un momento de la mayor importancia. Teniendo en cuenta el valor esencial de la motivación, los docentes deberían ser más padres y menos maestros en el aula, podrían disminuir la impresión de que las clases y las tareas son una especie de castigos, también podrían hacer sentir a los alumnos que no son unos vigilantes lejanos que prescriben deberes y, especialmente, deberían darles ejemplo sobre el interés que las actividades de estudio pueden despertar en el adulto, disfrutar también con ellas y no limitarse a esperar que sean los educandos quienes sientan entusiasmo al aprender.
Aunque los colombianos somos tan inteligentes como todo el mundo, es posible que tengamos una desventaja en las metodologías de enseñanza y en las actitudes de los profesores, puntos en los cuales es el Ministerio de Educación el que tiene la responsabilidad de intervenir. Pero no sobra pedir a los padres de familia que acompañen un poco más a sus hijos a la hora de estudiar.