La palabra se popularizó durante la Revolución Francesa con el régime de la terreur de Robespierre. Era un instrumento para acabar con los “enemigos del pueblo”, revistiéndolo de una connotación positiva asociada a la búsqueda del orden. Pero la guillotina acabó con Robespierre, provocando un cambio en el uso del término, más asociado con el abuso del poder y la criminalidad.
Con el auge del liberalismo decimonónico en Europa, “terrorismo” pasa a emplearse para referirse más bien a los movimientos revolucionarios nacionalistas. Asimismo, el surgimiento de ideologías universalistas llevó a definir muchas acciones de grupos marxistas y anarquistas como terroristas. Los totalitarismos del siglo XX —fascismo italiano, nazismo alemán y estalinismo soviético— propiciaron un nuevo giro, vinculado a la represión masiva de los gobiernos sobre sus ciudadanos. El llamado “terrorismo de Estado” volvió a reafirmarse en los ochenta con las dictaduras militares en América Latina, aunque fue precedido y convivió con las connotaciones nuevamente revolucionarias adquiridas por el término a raíz de los movimientos de independencia colonial tras la Segunda Guerra Mundial.
Esta genealogía demuestra que “terrorismo” ha sido objeto de cargas semánticas muy diversas entre coyunturas históricas, lo cual explica su carácter difuso y maleable. Pero esta tendencia se magnificó tras el 11-S, cuando se convirtió en un vocablo usado para referirse a fenómenos tan variados como el fundamentalismo islamista de Al Qaeda, las reclamaciones separatistas del Partido de Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía o las Farc en Colombia, entre otros.
Dado el poder performativo de “terrorismo”, muchas voces críticas han reclamado la urgencia de demarcar conceptual y jurídicamente sus fronteras para evitar un retroceso en la protección de derechos y libertades fundamentales. La ONU creó en 2006 la “Estrategia Global contra el Terrorismo” que propone por primera vez una acción conjunta de los Estados miembros para combatirlo. Sin embargo, pese a su revisión en 2008 y 2010, sorprende la falta de avances en el desarrollo de una definición consensuada. Así, si bien existe un relativo consenso sobre cómo luchar contra el terrorismo, persisten las dificultades para definir qué es, lo que pone en evidencia una de las principales paradojas que subyacen al uso político del término.
MADELEINE K. ALBRIGHT
Durante el primer mandato del presidente Bill Clinton, entre 1993 y 1997, fue embajadora ante las Naciones Unidas y durante el segundo mandato de Clinton asumió como la 64ª secretaria de Estado, cargo que ocupó entre 1997 y 2001. Fue la primera mujer en convertirse en secretaria de Estado de los Estados Unidos. Hoy es presidenta del Albright Stonebridge Group, una compañía de estrategia global.
1. El ejemplo colombiano
El terrorismo aparece en muchas formas y puede ser motivado por ideología, codicia, malentendidos religiosos, un deseo de venganza y otros factores. Pocos países han sufrido más formas de terrorismo que Colombia; pocos han hecho más como sociedad para reinstalar la ley. La demanda de drogas ilegales, que viene especialmente de Estados Unidos y Europa, ha sido la principal causa de crimen en Centroamérica y la región andina. Por lo tanto, la lucha contra el terrorismo debe ser un esfuerzo de cooperación internacional.
2. Una lucha efectiva
Por consiguiente, es vital que las estrategias contra el crimen y la lucha contra el terrorismo reflejen valiosos puntos de vista de expertos de todos los países involucrados, para que los recursos destinados para estos propósitos tengan más probabilidades de resultar efectivos a largo plazo. Debido a la terrible experiencia vivida durante las dos últimas décadas, el pueblo colombiano es uno de los que tienen mucho que aportar al desarrollo de los planes de éxito para el futuro.
3. Tarea de todos
Es esencial que todos los sectores de la sociedad se movilicen en apoyo a metas comunes y que todos los países trabajen juntos de manera coordinada en temas como compartir información, promover alternativas de la actividad ilegal, educar al público, fortalecer la coordinación entre los organismos de aplicación de la ley y enjuiciar a quienes están decididos a atropellar los derechos de sus conciudadanos. Derrotar el terrorismo es una tarea fundamental para cada democracia. Ayudar, responsabilidad de todas las democracias.
RICARDO LAGOS
Presidente de Chile entre 2000 y 2006. Abogado, economista, académico, investigador y político, fue una de las principales figuras opositoras al régimen militar de Augusto Pinochet. Una vez logrado el retorno a la democracia, ejerció como ministro de Educación y de Obras Públicas durante las presidencias de Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Hoy preside la fundación Democracia y Desarrollo.
4. Gobernanza mundial
El terrorismo es como tantas otras pandemias que antes estaban en el interior de los estados-naciones y las enfrentaba cada uno con sus propias armas, pero ahora son propias de un sistema en donde la globalización es la regla y por lo tanto esto obliga a un concierto de naciones mucho más estrecho del que ha existido en el pasado. El terrorismo, sea consecuencia de una ideología extrema, de narcotraficantes, de bandas criminales, opera más allá de las fronteras, así que ahora obliga a una gobernanza mundial.
5. Desafíos de la región
Son muchos desafíos en lo económico, social y político. El tema de la seguridad está siendo un desafío que se incorpora cada vez más en las agendas de todos nuestros países de la región y por eso es tan importante entender que así como debatimos reglas de comercio y otras cosas, la seguridad nos obliga a hacer un conjunto de medidas para todos. Muy importante que, por ejemplo, el tema drogas y tráfico se enfrente por primera vez en una cumbre región como la que encabezará el presidente Juan Manuel Santos en abril.
* Profesoras Departamento de Ciencia Política, U. de los Andes