El viernes 15 de agosto, tras muchos años de preparación y de intenso trabajo, nos llegó la gloria. Ese día nos levantamos muy temprano y a las 8 a.m. nos fuimos a desayunar. Caterine, que siempre acostumbra a comer avena en la mañana, no pudo, porque tenía algunas dolencias en el estómago, así que por recomendación médica, ingirió frutas. Después nos fuimos a la habitación del hotel donde estábamos hospedados y nos quedamos hablando un rato. Algunos compañeros fueron a saludarla y a desearle buena suerte.
Luego nos alistamos para tomar el bus hacia el estadio Olímpico Luzhnikí de Moscú. Recuerdo que había un trancón monumental y llegamos justo en el tiempo en el que los atletas entran a calentar.
Ya listos para la competencia, me despedí de Caterine, le hice las últimas recomendaciones y algunas orientaciones sobre la carrera de aproximación. Le dije que teníamos que abrir con un buen resultado desde el primer salto y que tuviera cuidado porque había un sistema métrico de ojo mágico que nunca habíamos utilizado. Al final le recordé que había todo un pueblo completo esperando las mejores cosas de nosotros.
Cuando se fue, la vi tranquila. Caterine es una atleta muy disciplinada. Yo confío mucho en ella, porque sigue al pie de la letra todas las indicaciones dentro y fuera de la pista, y eso a mi como entrenador me da mucha confianza. Nosotros no nos abrazamos mucho, pero siempre estamos encomendados al Señor.
No llegamos a Rusia con el convencimiento de ganar la medalla de oro, lo que teníamos era un pronóstico deportivo basado no sólo en la preparación, sino en los resultados de las competencias previas. Habíamos ganado hasta el momento todas las pruebas de la Liga Diamante y eso nos hacía sentir con fuerza, pero en las pruebas pasan cosas que uno no tiene planificadas.
Uno no puede llegar con exceso de confianza porque lo han tildado de favorito. Es mi deber trabajar en eso, porque la prensa, en su afán de llenar de gloria al país, puede publicar cosas que pueden ir en detrimento del rendimiento. Con mi experiencia de 12 años como entrenador del equipo nacional de Cuba, vi muchos atletas que pudieron haber ganado la medalla de oro y no la hicieron por dejarse afectar por cosas extradeportivas.
Llegó entonces la hora del primer salto de Caterine en el camino hacia el oro. Hizo 14,58 metros, pero no fue válido. Apenas comenzaba y yo entendía que para el próximo teníamos que hacer un resultado que nos permitiera estar en la final. Así le di las orientaciones desde la tribuna, pero le dije que el salto no fuera tan débil, que le pusiera un poco más de fuerza a la carrera de aproximación. Y así lo hizo con 14,85, la mejor marca del año y a la postre la que nos dio la medalla dorada.
Ya entonces lo que hicimos fue comenzar a buscar la meta que nos habíamos impuesto de estar por encima de los 15 metros, y aunque lo logramos no fueron saltos válidos. Empecé luego a gritar para que Caterine fuera más dinámica. En el caso mío tengo muchos movimientos corporales que ella me entiende a la perfección. Le señalaba que debíamos estar al 200% de atención. Si el atleta me ve pasivo, puede ponerse también pasivo dentro de la competencia y eso es fatal.
Por fin llegó el final. Caterine se colgó el oro. Yo empecé a saltar como loco y ella me lanzó una sonrisa increíble. Lo habíamos logrado, había valido la pena todo el esfuerzo y el sacrificio de muchos años. Mis colegas cubanos me arrastraron en la tribuna me felicitaron y ella, en la pista, ondeaba con mucho orgullo la bandera de Colombia.
Luego nos encontramos adentro, nos dijimos “lo logramos”, nos abrazamos, pero no lloramos. Yo creo que las lágrimas son debilidad y a Caterine la doblegan otras cosas. Al día siguiente volvimos a sentir la emoción con la entrega de la medalla, ella allá arriba. Verla en lo más alto del podio es algo absolutamente indescriptible.
Pero, claro, luego de este día de gloria y de una temporada en la que además ganamos el título de la Liga Diamante, no queda más que planificar la temporada 2014 y emprender desde ya la preparación para los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro. Tras ganar el oro en el Mundial y la plata en Londres 2012, nuestro desafío está enfocado a conquistar la presea dorada olímpica. El salto triple es una disciplina longeva y estoy seguro de que, cuidándola, podremos conseguirlo.