Soy bogotana. Nací transgénero en la década de los años 60, en pleno Chapinero. Fui criada como niño y estudié con la comunidad Lasallista. En 1980 inicié mi carrera de arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia. Luego participé en una de las obras más grandes del país: la construcción de uno de los pocos rascacielos, con más de 50 pisos, que se construyó en Bogotá: la II Torre del Hotel Hilton (edifico San Martín), en el corazón de la capital del país. Finalmente me gradué en la U. Católica, en 1987.
En mis casi 30 años de experiencia he participado en la construcción de más de 50 edificios. La mayoría han sido proyectos de infraestructura, con recursos del Estado, como colegios, cárceles, la ampliación y la restauración de una sucursal del Banco de la República, un hotel cinco estrellas, casi 500 apartamentos fiscales, obras en estaciones de Ecopetrol y hasta una base aérea en Tolemaida (Tolima). También he trabajado para el sector privado, en la construcción e interventoría de casi 1.500 viviendas.
Hoy trabajo en la Secretaría de Hábitat del Distrito, donde lidero un proyecto de investigación que presenté como propuesta de desarrollo e innovación, que consiste en el uso de nuevas tecnologías sostenibles para la construcción de vivienda de interés prioritario (VIP). Con un grupo de innovadores privados puse en marcha, a manera de laboratorio, el primer piloto de ecomateriales 95% reciclados, que se pusieron a prueba para la optimización del uso de energías limpias y el reciclaje de aguas grises para VIP.
Para esta labor tuve que actualizarme, cursando mi posgrado en gestión ambiental urbana en la universidad Piloto de Colombia y otros estudios como interventoría de proyectos de construcción y sociedades en participación.
Los estudios y la experiencia anteriores a 1997 me llevaron a participar por dos años como directora de interventoría en la obra que se ha considerado la joya de la corona en la arquitectura de nuestro país: la ampliación y restauración del Banco de la República, sucursal Cartagena, una de las obras más importantes y costosas del país, no sólo por su valor económico, sino por su carácter histórico, por estar en el sector amurallado, declarado por la Unesco como Patrimonio Arquitectónico de la Humanidad.
Iniciando el nuevo siglo, tras una separación abrupta y muy traumática de mi pareja, con la que compartí los mejores y peores momentos durante 6 años, tuve serios quebrantos de salud, que me tuvieron al borde de la muerte, hito que me hizo reaccionar y tomarme la vida de otra manera, para perseguir mis sueños. A partir de entonces cambié mi vida y dejé nacer a Isabella, la otra parte de mi ser que siempre había estado en mi vida, pero que había permanecido oculta por el temor a una sociedad que no estaba preparada para aceptar la diversidad.
Con una segunda oportunidad de seguir viviendo, viajé a EE.UU. a comienzos del milenio, a realizar mis otros sueños: transitar como mujer y a conocer todo ese país donde permanecí 2 años, conociéndome y aceptándome en mi nueva condición. Ingresé a la Universidad de Nueva York, donde obtuve una beca para estudiar inglés. Trabajé como mesera, almacenista de una obra en las playas de Los Ángeles y hasta de fotógrafa, modelo y gerente de mi propia compañía de ropa interior femenina “Kissme”.
Cumplido mi sueño regresé a Colombia y cuento mi historia completa en la publicación El tercer sexo: la historia del unicornio azul, donde describí cómo viví y cómo decidí salir del clóset. Para este propósito tomé un seminario de comunicación en la Universidad del Área Andina y varios seminarios de cine con reconocidos directores, como Víctor Gaviria y Hárold Trompetero, con la intención de llevar mi historia a la pantalla gigante y contar mis experiencias desde un punto de vista diferente, no el típico de la tragedia, sino el de superación, el del éxito y, sobre todo, el del encuentro de la felicidad.
Tengo una hija de 20 años a quien le escribí el libro, explicándole el porqué de la decisión de transitar de género. Hoy día continúo trabajando como arquitecta, en lo que sé hacer, en lo que me gusta y, sobre todo, como más me gusta, como Isabella, gracias a la “Bogotá Humana”.
Después de dos años de haber transitado al género opuesto, continúo como siempre: enamorada de la mujer en general. Amo lo femenino y pretendo llegar a formalizar una familia con una persona del género que tanto admiro, opción por la que soy considerada lesbiana en la comunidad LGBT. Hoy les puedo asegurar que hay otras opciones a las tradicionales de vivir siendo feliz. Eso hace la diferencia, porque te da la fuerza para enfrentar lo que sea.