Las uvas tintas constituyen el mayor porcentaje de preferencia entre los consumidores de vino de todas las nacionalidades, géneros y edades. Expresada esta realidad en términos porcentuales, hablamos del 60 % o incluso más. Nuestro mercado local es reflejo de esta inclinación.
Dentro de las cepas blancas, la Chardonnay y la Sauvignon Blanc, en ese orden, representan los mayores volúmenes de ventas: la primera, por su cuerpo y predisposición al añejamiento en barricas de roble, lo que le otorga complejidad y adaptabilidad a platos y sabores potentes, y la segunda, por sus variados perfumes y delicadeza, lo que la convierte en aliada incuestionable a la hora de probar pescados ligeros de carne blanca, cebiches, ensaladas y platos con queso de cabra.
La tendencia se veía venir y así lo registré hace casi diez años en esta columna. Ahora es una realidad.
Un vistazo a las nuevas blancas revela que el consumidor actual busca frescura y aromas y sabores chispeantes.
Aunque las llamamos blancas, el color de su piel es, en realidad, verdoso. En realidad, las uvas blancas provienen de las tintas, y son blancas porque carecen de antocininas, es decir, los pigmentos responsables del color.
Una de las variedades blancas en constante ascenso es la Riesling, de origen alemán. Produce algunos de los mejores vinos del mundo. Pero también rinde buenos frutos en Australia, Oregón, Chile y Argentina. La Riesling entrega desde vinos secos y de elevada acidez hasta seductores dulces. Su cuerpo suele ser ligero y su contenido alcohólico bajo.
Aparte de su gran comportamiento como monovarietal, facilita atractivas mezclas con Viognier y Chardonnay.
Otra variedad de creciente popularidad es la Gewürztraminer, cuyo origen se lo disputan Alemania y Francia. Sus vinos suelen ser opulentos y elegantes a la vez, con marcados recuerdos a toronja, piña y durazno. Quesos como el Parmegiano y el Stilton son cómplices naturales, así como el fois gras y la comida india.
Desde España se acercan cada vez más a nuestras costas los vinos hechos con Albariño, cepaje procedente de las Rias Baixas, en Galicia. Sucede igual con el Verdejo, de Rueda (en Valladolid), y el Viura, de La Rioja.
En Italia, el triángulo conformado por Friuli-Venezia Giulia, en el nordeste, es el epicentro de la Pinot Grigio, otra blanca de gran delicadeza y facilidad de consumo. Con queso Mozzarella es insustituible. Otras nuevas variedades en escena incluyen la Trebbiano y la Garganega, presentes en el vino de la denominación Soave. Y gracias al sostenido aumento del Prosecco, la variedad Glera también ha alcanzado popularidad.
Para quienes buscan expresión en nariz, la argentina Torrontés goza de gran expansión. Puede dar lugar a vinos secos, semidulces y espumosos, tanto frutados como florales, con sugerencias a piña, durazno, cáscara de naranja, azahar y rosas. Se luce con una buena empanada salteña y con platos orientales.
También pisa fuerte la francesa Pinot Blanc, que permite elaborar vinos frutados con mucho cuerpo. Algunos la llaman “la nueva Chardonnay”.
En fin, esta lista crece cada día, lo mismo que nuestras emociones en la animada excursión por los vinos del mundo.