Los whiskies han figurado entre los destilados preferidos por cientos de miles de aficionados durante la pandemia.
Pero no necesariamente escoceses, irlandeses, japoneses o los de Kentucky, o sea, los integrantes del club de los tradicionales. Ahora, treinta países están en la jugada.
La nueva tendencia apunta a orígenes como Australia, Escandinavia, India, Holanda, California, Taiwán, Bolivia, Argentina, Rusia y Corea del Sur.
Estos nuevos whiskies se apartan de los códigos sacrosantos de elaboración y han comenzado a guiarse por sus propios protocolos. Por ejemplo, diseñan sus propias levaduras, partiendo de una gran variedad de cervezas artesanales como base de la destilación. O de fermentos como la chicha.
Igualmente, se apartan de la cebada, el maíz y el centeno como materias primas básicas y exploran granos alternativos como mijo, quinua, arroz, sorgo y avena.
También dejan atrás el roble como recipiente clásico para el añejamiento y adoptan barricas hechas con maderas de acacia, mizunara (roble japonés), roble mongol y castaño.
Algunas marcas populares, como las indias, utilizan saborizantes artificiales, algo impensable en la producción ancestral.
Otra desviación notoria es el uso de alta tecnología. La marca escandinava Mackmyra Intelligens, por ejemplo, recurre a la inteligencia artificial para manejar las etapas claves del proceso. Para ello, ha escogido como aliado a Microsoft.
Quizás el origen alternativo mejor calificado es Australia, cuya relación con el whisky data del siglo XIX, tras la llegada masiva de colonos británicos.
Australia es actualmente sede de 300 destilerías, cincuenta de las cuales se dedican a la producción del néctar oscuro. En 2014, el reconocimiento más notorio lo obtuvo la marca Sullivans Cove, cuando ganó el primer puesto en el Concurso Mundial de Whiskies de Malta.
Cambios similares se registran actualmente en el whiskey estadounidense (con “e”), asociado a la región de Kentucky, en el sureste del país. Ahora surgen rivales en la costa oeste, como el distrito de Sonoma, en California, admirado también por sus vinos.
El fenómeno de los whiskies alternativos ha tomado tanto impulso, que, incluso, algunas célebres casas escocesas han agregado a sus portafolios opciones “contemporáneas”. Esto obedece, en gran parte, al natural envejecimiento de su clientela habitual y a la necesidad de atraer a aquellos consumidores menos apegados al pasado y más interesados en aventura e innovación.
En este terreno destacan marcas como Monkey Shoulder, de William Grant & Sons; Naked Grouse, del grupo Edrington, y Haig Club, de Diageo.
Monkey Shoulder es un whisky de malta en su totalidad, pero enfocado exclusivamente en la coctelería. Naked Grouse, de la familia Famous Grouse, utiliza maltas de reconocidas destilerías como Highland Park y Macallan, pero con giros hacia la suavidad y la sensación de caramelo, muy apetecidos por el público joven. Y Haig Club Clubman, ligado al jugador de fútbol británico David Beckham, cuyo objetivo es mostrarse diferente y moderno, suave, dulce y elegante, y, por encima de todo, complemento ideal para las colas oscuras.
Todo un nuevo escenario, sin duda.