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Valle: Un nuevo norte

Lo que pocos saben es que el norte del Valle es un territorio cafetero con creciente influencia en el escenario de los granos de especialidad. La región es parte integral del Paisaje Cultural Cafetero.

16 de junio de 2018 - 09:00 p. m.
Cortesía
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Por varios años, la imagen del norte del Valle ha estado injustamente golpeada por la narcoviolencia.

Este huracán depredador ha opacado valores, tradiciones y un rico patrimonio histórico y cultural de la que es, sin duda, una fascinante y biodiversa región colombiana.

La lista es larga: tesoros coloniales y religiosos, reconocidos festivales musicales, museos como el de Omar Rayo, célebres talleres de bordado y bastión de serranías únicas en el mundo.

Lo que pocos saben es que el norte del Valle es un territorio cafetero con creciente influencia en el escenario de los granos de especialidad. La región es, junto con Quindío, Risaralda y Caldas, parte integral del Paisaje Cultural Cafetero, reconocido por la Unesco como Patrimonio Vivo de la Humanidad.

Falta ahora que el grueso de los consumidores nacionales comience a abrirles espacio a estos cafés para saber de lo que se están perdiendo. En particular, recomiendo seguirles la pista a municipios como El Águila, Versalles y El Cairo.

Lo más interesante, como lección para otros caficultores colombianos, es el papel de la cooperativa Cafenorte, que desde hace más de medio siglo busca para sus asociados nuevas y estables oportunidades comerciales, tanto a escala nacional como global.

Alrededor de 2012, Cafenorte se propuso insertar su territorio en el mapa mundial de los productos de especialidad y, a juzgar por los resultados recientes de la tercera Muestra Regional de Cafés Especiales del Norte del Valle, ya lo ha logrado.

La clave está en la forma como lo ha hecho.

Una estrategia fue contratar la asesoría de expertos costarricenses para trabajar en todos los frentes de elaboración al lado de los caficultores de la región. Por si acaso, conviene resaltar que Costa Rica sobresale y brilla desde hace varias décadas en el firmamento de la alta calidad.

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Nuevos procesos de secado y el rescate de ancestrales formas de elaboración —como los cafés naturales (sin despulpar) o los cafés enmielados (con mucílago)— están arrojando en el norte del Valle bebidas más exóticas y diferenciadas, frente a los granos de los cafés lavados. Se distinguen por sus fragancias, aromas y sabores frutales y florales, con reveladores toques de caramelo y panela.

Además de la asesoría costarricense, Cafenorte ha conseguido elevar los estándares de sus más de 2.200 asociados con una estrategia que la pone al frente de otras asociaciones de su tipo en el país.

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Por ejemplo, estableció el primer laboratorio de suelos y foliares de Colombia; montó un centro de catación y análisis sensorial; dio origen a un servicio de trilla y tueste para que los cultivadores vendan cafés con valores agregados incluidos, y abrió la escuela de barismo más moderna de Colombia para que los hijos de los caficultores se conviertan en preparadores profesionales. O sea, una visión integral del negocio.

En breve, Cafenorte abrirá tiendas propias para comercializar su marca líder, Café Bahareque, así como las de muchos de sus asociados.

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Como resultado, los compradores internacionales ya ubican la zona en sus radares, pagando hasta diez o quince veces más por una libra de café.

Mi invitación es darles a los cafés especiales del norte del Valle la oportunidad de ubicarse al lado de los de Huila, Nariño, Cauca y la Sierra Nevada, los más reconocidos de Colombia en el mundo.

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