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Una teoría económica de la década de 1920 afirma que el largo de las faldas podría anticipar recesiones o momentos de crecimiento económico. Se conoce como el “índice del dobladillo” y, detrás de este, hay más que moda y cifras: revela cómo, históricamente, la ropa femenina ha sido un termómetro simbólico del poder, la economía y las ideologías dominantes.