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A juicio de restitución, tierras de Pretelt

El pasado 15 de abril, el Juzgado Primero Civil Especializado de Restitución de Tierras de Apartadó aceptó una demanda interpuesta por Reynaldo Pascual Villalba Alarcón y los herederos de Manuel Gregorio Hernández Soto —apoyados por la Unidad de Restitución de Tierras—, dos campesinos que al parecer fueron despojados de sus tierras en el Urabá, para recuperar dos predios que hoy están en manos del cuestionado magistrado Jorge Pretelt. Se trata de las fincas No Hay Como Dios y Alto Bonito, que hacen parte de un terreno conocido como la hacienda La Corona.

13 de mayo de 2016 - 10:20 p. m.
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La historia de estos dos predios está rodeada de presiones de grupos paramilitares y transacciones poco claras que terminaron poniéndolas en manos de Martha Ligia Patrón, esposa del magistrado Pretelt. En su decisión de admitir la demanda de restitución de tierras, el juez ordenó congelar la titularidad de los predios ubicados en la vereda Puya Arriba, en el municipio de Turbo (Antioquia), pleno corazón del Urabá. Asimismo solicitó que se protegiera la vida de los reclamantes de tierras.

Los reclamantes son Manuel Gregorio Hernández Soto, un hombre de más de 85 años que murió hace tres años luchando por recuperar su propiedad, y Reynaldo Pascual Villalba Alarcón, quien entre 2009 y 2011 presentó tres denuncias por desplazamiento forzado, en las que eran mencionados el excomandante paramilitar Jesús Ignacio Roldán, alias Monoleche, y Pretelt. La Fiscalía dio a conocer hace un año un expediente sobre la compra irregular de estas tierras en el Urabá, en el que está vinculada la esposa de Pretelt.

Manuel Hernández fue un campesino que adquirió la finca Alto Bonito el 13 de julio de 1987, sin embargo, según denunció el 11 de agosto de 2003, vendió su bien bajo presión a Martha Ligia Patrón López por $5 millones. Por su parte, Reynaldo Pascual Villalba, quien dice ser el propietario de la finca No Hay Como Dios, denunció que el 12 de marzo de 1992 salió desplazado porque hasta su tierra llegó un grupo de paramilitares que le dijeron que tenía que vender el predio o si no se lo “compraban a la viuda”.

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