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A la espera de un reencuentro

Las historias de las mujeres que rezan por el regreso de los dos últimos políticos en manos de las Farc tienen muchas cosas en común.

17 de enero de 2009 - 05:00 p. m.
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Mientras aguardan que el Gobierno, los mediadores y la guerrilla terminen de preparar todos los detalles para la liberación unilateral de seis secuestrados, a la que el grupo subversivo se comprometió el pasado 21 de diciembre, Claudia Rugeles de Jara y Patricia Nieto de López hace rato que están listas.

De hecho, hace exactamente 28 días que están listas. Apenas se enteraron de la noticia de sus sueños, ambas corrieron a buscar ropa nueva para sus esposos —de tallas variadas, pues desconocen qué contextura tienen ahora—. Hablaron con sus parientes, celebraron con sus hijos. Patricia también compró elementos de aseo de hombre y Claudia fue a la peluquería. Luego se sentaron a imaginar el gran momento. Saben que el proceso se ha dilatado un poco por cuenta de algunos requerimientos de las partes, sobre los que no hay aún acuerdo. No importa. La sonrisa no se les borra de la cara. Después de todo, ya llevaban esperando una eternidad.

La única preocupación de ellas es que el proceso se lleve a cabo sin contratiempos y que las enfermedades que sus maridos hayan adquirido en la selva sean igual de recuperables a las del resto de cautivos que han podido volver a la vida. Según los testimonios de varios de ellos, el ex gobernador del Meta Alan Jara estaría sufriendo de pérdida temporal de la visión, un fuerte dolor en el pecho y algunos problemas de tiroides. De la salud del ex diputado del Valle Sigifredo López, quien ha permanecido solo en el cautiverio desde que las Farc mataron a los 11 colegas que lo acompañaban, hace año y medio, poco se sabe. Apenas lo que él mismo ha dicho en sus pruebas de vida: está triste, está solo, extraña a los hermanos con los que compartió su drama.

Precisamente durante el tiempo de esa tragedia las mujeres de los dos últimos políticos llamados “canjeables” que quedan en manos de las Farc —Jara, hace siete años y medio; y López, hace seis años y nueve meses— han compartido mucho más que sus penas. Las dos liberales, abogadas y amantes de la música, descubrieron en medio de la tragedia que tienen cosas en común que por ratos las hacen lucir como un par de vecinas de años, que se ríen de todo y hablan de todo.

Así, no dudaron en comentarse cuando decidieron, sin ponerse de acuerdo, pintar sus casas de blanco para alejar la tristeza que las habitaba y llenar de buena energía los rincones que sus esposos, esperan, pronto volverán a recorrer. Cada una fue la primera que la otra quiso llamar cuando se enteraron de la propuesta del Gobierno de nombrar mediador en la liberación al Vaticano. Hasta la sala de un cine en un centro comercial de Bogotá les sirvió de escenario para una de sus tertulias. Ni siquiera se acuerdan del nombre de la película que no vieron.

Sobre la intervención de la Iglesia en el proceso, ambas coinciden en decir que temen que la invitación del presidente Álvaro Uribe demore la entrega de los cautivos. Creen en la buena voluntad de la institución, pero recuerdan que ésta “no siempre ha obtenido logros” en materia de liberaciones. “Y yo que le había dicho a Alan Felipe, mi hijo, que su papá iba a estar con él para sus 15 años, que serán el próximo 21 de enero”, se lamenta Claudia.

La mujer, no obstante, aclara en seguida que a pesar del inconveniente no ha perdido la confianza y que en cambio prefiere celebrar que esta liberación en especial se ha caracterizado por “el diálogo respetuoso y prudente de todos los involucrados”. En igual sentido se pronuncia su amiga Patricia, quien no sólo se acompañará de sus hijos Lucas, de 20, y Sergio, de 18, para darle la bienvenida a su esposo. A su lado también estarán la señora Nelly, su suegra, y las 11 viudas de los compañeros de Sigifredo López que fueron asesinados en la selva. Sus hermanos, como él mismo los ha llamado en los pocos mensajes que ha podido mandar luego de aquel episodio.

“Cuando Sigifredo vuelva”, dice su mujer, “encontrará no una, sino 12 familias esperando verlo, abrazarlo y escucharle relatar cómo fueron los últimos días del resto de ex diputados”. Con seguridad también encontrará a todos aquellos ex secuestrados que alguna vez formaron parte del inhumano paquete que las Farc bautizó como “canjeable”. Así lo asegura Claudia de Jara, quien cree que su vida familiar sólo volverá a ser normal el día que vuelvan todos los cautivos.

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Pero antes de eso, el sueño de estas dos mujeres, casadas con deportistas —Jara fue número uno del Meta en tenis de mesa, y López campeón nacional de bala y martillo—, políticos, liberales, que alguna vez ejercieron como secretarios de obras públicas en sus respectivas ciudades —Jara lo fue de Villavicencio y López de Pradera, Valle—, es poder ver regresar a los suyos y descongelar junto con ellos la vida que quedó detenida cuando se los llevaron. Y con tanto en común, desde ya es posible prever que su amistad continuará como parte de lo bueno que les dejó el drama que sufrieron durante tantos años y años. Tiempo en el que esperaron sentadas, como ahora, imaginando el gran momento.

Familias de uniformados en vigilia

Mientras las esposas de los dos políticos en manos de las Farc esperan ansiosas el regreso de sus seres queridos, la expectativa es total entre las familias de los policías y soldados secuestrados que aún no conocen los nombres de los cuatro uniformados que también serán liberados unilateralmente por ese grupo subversivo.

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La guerrilla, que en el comunicado en el que prometió la liberación, sólo habla de “tres agentes de policía y un soldado”, no ha revelado quiénes podrían acompañar a los civiles, y los seres queridos de los rehenes piden que se tengan en cuenta a los más enfermos. Por la informaciónque se dio se descarta que se trate del general Luis Mendieta, el oficial de más alto rango en su poder.

Por Laura Ardila Arrieta

Periodista Caribe con un gusto especial por la crónica y los reportajes sobre el poder. Autora del libro ‘La Costa Nostra’, historia no autorizada del clan Char. Ha ganado cinco premios nacionales de periodismo, incluyendo el Simón Bolívar en la categoría Periodista del año en dos ocasiones.
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