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Desmovilizados: después de las armas, ¿qué?

Son más de 4.200 acogidos por Bogotá. Después de desempuñar el fusil, ¿tienen oportunidades de empleo que les ayuden a reintegrarse a la vida civil?

18 de febrero de 2009 - 04:55 p. m.
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Cuando Lucila* llegó a Bogotá se encontró con una ciudad agresiva que la hacía sentir amenazada con sus grandes edificaciones, los conductores pegados al pito del carro y puertas cerradas para trabajar, sobre todo porque la marcaba el sino de ser una desmovilizada del Eln.

No es la única que se ha sentido así. Según la Secretaría de Gobierno, de un total de 4.200 desmovilizados que hay en la ciudad, sólo el 11% completó la educación primaria, el 43% tiene conocimiento sobre actividades agropecuarias y el 29% está familiarizado con labores que se pueden hacer en el sector urbano. Este panorama no facilita la consecución de un trabajo.

Por otro lado, los resultados de una encuesta realizada el año pasado por la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) entre ejecutivos de la capital, señalan que la mayoría de las empresas está interesada en colaborar con el empleo de los ex combatientes, pero desconoce los proyectos para hacerlo. De hecho, el 48% ni siquiera sabía que existía un proceso de reintegración. Como resultado, la oferta de empleo de las compañías es muy baja para esta población.

Para enfrentar el problema de esta baja participación, el convenio interinstitucional Agenda Empresarial, presentó su ‘cartilla’ de opciones a las empresas del sector privado, como el adelanto de un plan piloto llamado “Banco de oportunidades”. María Fernanda Campo, presidenta de la CCB, explicó este punto en un foro empresarial: “En el barrio Restrepo, 75 desmovilizados fueron empleados en un taller escuela para la producción de calzado. Además, en Ciudad Bolívar se logró un acuerdo con 25 empresas zapateras, las cuales ofrecieron empleo a esta población. La idea es replicar la experiencia en toda la ciudad”.

Asimismo, la Secretaría de Gobierno les ha abierto sus puertas a los ex combatientes localizados en Bogotá para que apoyen el proceso de reintegración desde su propia experiencia. No es ningún voluntariado, es un trabajo que también conviene a los empleadores porque supone incentivos fiscales.

Las manos grandes y ajadas de Lucila fueron durante años las que movieron el presupuesto del Eln en Arauca. Recién llegó a la ciudad aprendió a trabajar por una nueva vida que, sin muchas comodidades, le alcanza para sonreír.

 *Nombre cambiado por seguridad.

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