Luego de que Sincelejo (Sucre) viviera un día de zozobra por las alarmas que prendió la amenaza de las supuestas Autodefensas Gaitanistas de Colombia –que en realidad son la banda criminal Clan Úsuga–, las autoridades confirmaron que el inicio de semana no tuvo inconveniente alguno. A pesar de que el Clan Úsuga difundió el pasado domingo 3 de abril que los pobladores de Sincelejo iban a “pagar las consecuencias” por no haber acatado las órdenes de parar las actividades comerciales, de transporte y educativas los pasados 31 de marzo y 1 de abril. Según el comandante de la Policía de Sucre, coronel Julio Cesar Sánchez, aseguró que no sucedió nada raro gracias al dispositivo de seguridad desplegado.
En el panfleto del Clan Úsuga advertía que por no seguir las órdenes durante el paro armado, el lunes 4 de abril iba a ser un día de sangre, en el que descuartizarían a cualquier militar o policía que estuviera en la Calle y en el que matarían a jóvenes de la Universidad de Sucre y distintos colegios. “Ayer hubo 450 policías y bastantes infantes de la Marina para darle seguridad a la población. Los dispositivos de seguridad nos permitieron cubrir terminales de transporte, lugares de mayor concentración de personas –como lo son las EPS, colegios, universidades, y principales barrios–. En estos lugares hubo requisas e inmovilizaciones de motos por violación de las reglas de tránsito. En Sincelejo se mueven entre 30 mil y 40 mil motos, por lo que hacer esta inmovilización tiene una función disuasiva”, agregó el coronel Sánchez.
Las amenazas contra la población de Sincelejo recordaron el pasado violento que vivió Sucre durante los años 80, 90 y principio de siglo. En esa época los narcotraficantes, las guerrillas (Farc, Eln y Erp) se disputaban a sangre y fuego el control de la región, especialmente la zona conocida como los Montes de María. Por esa razón, no se hizo extraña la amenaza del Clan Úsuga, pues en su mayoría los miembros de la organización criminal son exparamilitares que controlaron el departamento y que decidieron no desmovilizarse sino continuar con los negocios ilícitos y el tráfico de drogas.
Los primeros en lograr apropiarse de la región fueron las guerrillas. Era un perfecto escondite y punto de control para los departamentos de Sucre y Bolívar. Los constantes secuestros a ganaderos y el cobro de extorsiones fueron los detonantes para que se agudizara a mediados de los 90 el conflicto entre la guerrilla y los paramilitares, quienes habían comenzado su campaña de expansión para retomar el control de la región. A punta de asesinatos, masacres y desplazamientos las autodefensas lograron su objetivo y crearon el bloque Héroes de los Montes de María.
Este grupo paramilitar creó terror en la región. No solo eran sanguinarios, lograron posicionar su proyecto político gracias a las alianzas que generaron con importantes líderes de la región. No por nada, entre las primeras condenas por parapolítica y crímenes de lesa humanidad, están la del exgobernador de Sucre, Salvador Arana y la del excongresista Álvaro García, más conocido como el ‘Gordo García’. El primero fue condenado por la Corte Suprema de Justicia a 40 años de cárcel por sus nexos con las autodefensas y por el asesinato de Edualdo Díaz, exalcalde del municipio El Roble.
En cuanto a García, la Corte lo condenó a 40 años de prisión luego de comprobar sus vínculos con los paramilitares, que era el autor intelectual de la masacre de Macayepo (Sucre), ocurrida en octubre del 2000 y en la que murieron 15 campesinos, y por la muerte de una profesora de San Onofre en 1997 que lo denunció por fraude procesal. Álvaro García era un barón político en Sucre: en 2002 sacó la votación más alta para el congreso del departamento con 58.000. Para la Corte eso se logró gracias a las alianzas paramilitares que creó a finales de los años 90 cuando se dio vida al bloque Héroes de los Montes de María.
Según la Corte, en el año 97 se creó este grupo paramilitar luego de una serie de reuniones en las que participaron importantes ganaderos de la región, Salvatore Mancuso, el exrepresentante a la Cámara Erick Morris Taboada –también condenado– y el “Gordo” García. Para la justicia fueron estos hombres los que permitieron en auge del paramilitarismo en Sucre. Esta tarea le fue encomendada al comandante paramilitar Rodrigo Mercado Peluffo, alias “Cadena”, un hombre de que desapareció en 2005 y dejó muchos crímenes cometidos por el bloque Héroes de los Montes de María sin resolver.
Junto a “Cadena”, también estuvieron los comandantes paramilitares Uber Banquéz, alias “Juancho Dique” y Edward Cobos Téllez, alias “Diego Vecino”, quienes ya quedaron en libertad tras cumplir los ocho años de cárcel que les impusieron pro someterse a Justicia y Paz. Los tres hombres fueron los encargados de someter a Sucre y a la región Montes de María. No solo fueron responsables de la masacre de Macayepo en octubre del 2000. Ese año comenzó una cruzada de sangre y bala, que comenzaron con la masacre de El Salado en febrero de ese mismo año, en la que 450 paramilitares asesinaron a 62 campesinos –algunos registros hablan de casi 100 víctimas– que tildaban de ser colaboradores de la guerrilla. La última masacre que les dio el control total de la región los Montes de María fue la del corregimiento de Ovejas, en el municipio de Chengue, donde mataron a 24 campesinos el 17 de enero de 2001.
Después de la desmovilización de los paramilitares la región siguió viviendo años de terror, pues los reductos paramilitares y grupos guerrilleros continuaron disputando el control. El poder político fue mutando y recayó sobre distintos líderes, como Enilce López, alias la “Gata”, la mujer que controló a diestra y siniestra las apuestas de azar en Sucre y los hilos de la administración pública del departamento. Ella también terminó condenada a 37 años de cárcel en 2013 por un homicidio que cometieron los paramilitares.
Por esa historia de muerte y sangre que se vivió durante más de dos décadas en Sucre, las amenazas de los reductos paramilitares que conformaron el Clan Úsuga resonaron en Sincelejo. El miedo de que en las calles volviera a imperar la ley de fuego y sangre que dejó el paso de las autodefensas, se vio latente con las amenazas de asesinar a cualquier miembro de la Fuerza Pública o ciudadano que saliera a trabajar o estudiar. Sin embargo, el parte de tranquilidad que entregó el comandante de Policía de Sucre, coronel Sánchez, es que la acción de la Policía y la constante comunicación con la ciudadanía evitó que el terror paralizara a Sincelejo.