En 2015 en Colombia hubo más cibercrímenes que extorsiones, o que actos de terrorismo, o que secuestros. De hecho, el año pasado se presentaron 7.300 denuncias por este tipo de delitos ante el Centro Cibernético Policial (CCP), una unidad especializada de la Dijín que investiga estos casos. Y eso que, según el director del CCP el coronel Fredy Bautista, “se denuncia a un 10% de lo que está sucediendo. Los cibercrímenes son una amenaza real y muy peligrosa”.
La magnitud es tal que en 2014, de acuerdo a un estudio del Centro para Estrategias y Estudios Internacionales (CSIS), los robos cibernéticos a nivel mundial ascendieron a un billón de dólares. Es decir, diez veces el Producto Interno Bruto de Colombia. Las principales víctimas de estos ataques están en Estados Unidos, Ucrania, Hong Kong y Reino Unido. En Colombia, el número de damnificados ha crecido conforme aumenta el uso de herramientas tecnológicas y redes sociales.
Quienes llevan a cabo estos ataques no son hackers solitarios ocultos en un sótano. Son, de acuerdo a la Dijín, “organizaciones de crimen organizado con reiteración de casos, con división de funciones y con vocación criminal”. El año pasado fueron 21 bandas organizadas, que en conjunto, estaban compuestas por 339 personas.
En Colombia, según las cifras de las autoridades, el 60% de los ataques que se denuncian se hace contra ciudadanos. El otro 20% en contra de empresas del sector bancario, y el 20% restante son ataques a empresas de sectores como comunicaciones, industria y transporte. Así, son los ciudadanos del común quienes más están en riesgo de ser víctimas de los virus o malwares –software malignos que permite hackear equipos–que utilizan los cibercriminales.
Según el director del Centro Cibernético Policial (CCP), el riesgo incrementa pues a pesar de que cada vez más se registran ataques en Smartphone o tabletas, al usar estos dispositivos móviles los ciudadanos aún no tienen la misma cultura de seguridad con la que navegan en sus computadoras personales. Agregó el coronel Bautista que muchos usuarios no tienen instalados antivirus en sus celulares inteligentes, ni tienen el mismo cuidado en abrir enlaces de páginas desconocidas.
Tanto en computadores de escritorio como en dispositivos móviles, hay una modalidad de crimen que en Colombia reina sobre las demás: el Phishing. Este es aquel correo electrónico que llega a la bandeja de spam –o no deseados– pidiéndole al usuario dar click en un enlace. El Phishing también es ese aviso publicitario falso en páginas de internet en los que se prometen grandes premios por dar un simple click. Si la víctima cae, un malware o virus se instalará en su equipo y podrá robar información.
Sin embargo, debido a que la gente no cae tan fácil en este truco, los cibercriminales han creado una versión refinada de este crimen, el Spear Phishing. Mediante el cruce de información que la víctima ha publicado en sus distintas redes sociales, se envía un correo personalizado a la víctima desde una cuenta que puede parecerse a la de una empresa o de una red social con otro nombre, como por ejemplo, Thefacebook (en realidad solo se escribe Facebook, sin el “The”), o Twiter (en realidad Twitter, con doble T). El correo puede contener información de la víctima como su nombre, su cédula, el lugar donde tiene abierta su cuenta bancaria, o su número celular. Por esto es más probable que la persona acceda a entregar sus contraseñas y claves privadas.
Para protegerse de este delito, y otros aún más sofisticados, las autoridades recomiendan cuidarse de no publicar información clave. Si la contraseña del usuario tiene que ver con su equipo de fútbol favorito, la recomendación es no poner, por ejemplo, una foto en todas las redes sociales usando la camiseta del mismo. Los cibercriminales pueden rastrearlo y deducir contraseñas con esta información. Lo mismo sucede con compartir el nombre de su colegio, de su mascota o abuela, si estas son la contraseña en cualquier cuenta activa.
En cuanto al sector empresarial, el delito que actualmente preocupa a las autoridades se llama “Cryptolock” o “Ransomware”. Este empieza cuando se introduce el virus o malware en el sistema de la organización con el fin de extraer información (como bases de datos de usuarios) para ser vendida en el mercado negro de internet. Una vez adentro, si por algún motivo no logran extraer la información, los cibercriminales ejecutan el delito Ransomware.
Es entonces cuando “secuestran” la información de las empresas, pidiendo una clave de acceso a los funcionarios para entrar a ella. “Es en este momento cuando los criminales se comunican con las víctimas para cobrar una ciberextorsión por la información, que suele tener un valor cercano a los 5 mil o 10 mil dólares, dependiendo del tamaño de las empresas”, explicó el coronel Bautista. Para protegerse de este delito que cada vez es más frecuente, la Policía recomienda a las organizaciones actualizar con la mayor frecuencia posible los backups.
El delegado para la protección de datos personales de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), Germán Bacca, también hizo un llamado a evitar las compras piratas, por la estrecha relación que la piratería tiene con el cibercrimen. “El 29% del software que es ilegal, tiene malware. Es decir: cuando usted está comprando software pirata, está comprando una lotería en la que tiene un tercio de probabilidades de ganarse un ataque cibernético” explicó.
Así como se compran candados para proteger los hogares, deberían comprarse antivirus para tabletas y smartphones. Así como se limpian las habitaciones regularmente, deberían borrarse los cachés de los navegadores con cierta frecuencia. Así como no se entra en cualquier cafetería a comer, no se debería entrar a cualquier página por apetitoso que parezca su contenido. En últimas, expresaron las autoridades, se trata de que “así como se adoptan medidas de seguridad en el plano de lo físico, estas deben trascender al plano digital”.