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“Es un renacer que me quita un peso moral de encima”

Él y 21 personas más que también fueron retiradas de la lista afrontan un calvario tras asumir una especie de muerte civil y financiera. Nunca fueron narcotraficantes y nadie les creía.

07 de diciembre de 2008 - 05:00 p. m.
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Una llamada al celular del publicista Alexánder Sanabria Niño, mientras conducía, casi le produce un choque. La noticia que lo dejó sin aliento y aún le cuesta creer era que había sido retirado (hace dos semanas) de la temible Lista Clinton, aquella en la que se señala a los principales narcotraficantes del mundo. Con el celular en la oreja y el carro estacionado, Sanabria Niño trataba de asimilar que por fin terminaría una pesadilla que comenzó hace 11 años, y que le produjo la muerte civil y financiera, pero que además, le costó su matrimonio, que su pequeña hija no fuese recibida en varios colegios, el señalamiento de los demás y el rechazo de la sociedad.

Alexánder Sanabria Niño, quien hoy tiene 41 años, es el gerente comercial de la Cooperativa de Cosméticos Populares (Cosmepop), un laboratorio de productos médicos y farmacéuticos que en un principio perteneció a los ex jefes del cartel de Cali, los extraditados hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela. Esta empresa, que era una de las principales proveedoras de Drogas La Rebaja, fue comprada por un grupo de personas que se asociaron en una cooperativa para quedarse con ese negocio, sin saber que pertenecía a los capos del narcotráfico, debido a que figuraba a nombre de otras personas.

La sorpresa de los socios fue enorme cuando Cosmepop apareció en la Lista Clinton acompañada de un veto comercial y financiero. De inmediato empezaron los cuestionamientos. El primero que sufrió fue el de su esposa, quien le preguntaba todos los días “¿usted que está haciendo? ¿Dónde está metido? ¿Qué es lo que pasó aquí?”. Luego los de sus papás y hermanos quienes sorprendidos por teléfono querían saber acerca del porqué estaba en la lista. Y finalmente los problemas y discriminación por parte de los directivos y colegas de las universidades donde dictaba clases. Poco a poco su vida de pareja, familiar y laboral se fue deteriorando. Su mujer lo dejó, sus padres y hermanos no le creían y en sus trabajos enfrentaría problemas.

En las universidades le pagaban con cheques, pero para que se lo dieran le tocaba hablar con los rectores, con los vicerrectores, con los directores financieros y los decanos. Les decía que no era un criminal y mucho menos un narcotraficante. Cuando tenía el cheque en la mano, para cobrarlo tenía que someterse a largas esperas mientras verificaban la información. Le pagaban luego de haber dado las mil y una explicaciones, en entidades financieras que posteriormente lo rechazaron a través de cartas, en las que le pidieron que retirara sus ahorros.

“De ahí para adelante mis compañeros y yo hemos estado muertos financieramente porque no hemos tenido acceso a un crédito bancario, no hemos tenido beneficios tributarios. Mi vehículo me tocó sacarlo a nombre de mi ex esposa para que ella pudiera sacarme el seguro del vehículo porque a mí nadie me expedía uno. Los fondos de pensiones y de cesantías nos rechazaban”, indicó.

Alexánder Sanabria también fue afectado de otras maneras. A su hija de nueve años la representa en todo la mamá y en los colegios la han cuestionado acerca de ¿por qué el papá no la representa en nada? ¿en qué trabaja? ¿de dónde sacan los dineros?, entre otras. Cuando dan las explicaciones “la gente queda mariada y dicen: ‘Cómo así que este tipo aparece en la Lista Clinton’. Cuando ella empezó la primaria de un colegio me dijeron: ‘Que pena pero aquí no le podemos recibir la niña’, y me tocó golpear puertas y buscar otras oportunidades”.

Desde hace mucho tiempo sólo maneja efectivo. Cosmepop, que se encuentra intervenida desde hace dos años por la Dirección Nacional de Estupefacientes, le paga a él y todos los demás trabajadores con billetes y monedas. Otro factor grave de ese asunto es que la zona donde está ubicada la empresa no es muy segura y varios de sus compañeros han sido atracados a pocas cuadras de la misma, al parecer, hasta los ladrones saben que la farmacéutica aparece en la Lista Clinton y no maneja ni chequera ni tarjetas. “A mí me tocó comprarme una cajita fuerte para poder guardar la plata en la casa porque me daba miedo que hasta la propia empleada del servicio me cogiera 100 mil o 200 mil pesitos de la nómina”, relató Sanabria Niño.

Hoy Alexánder y sus compañeros de la empresa que pasaron por la misma situación, Rodolfo Chacón y Rafael Aguas Lozada, son unos hombres nuevos que sienten que volvieron a nacer y que la vida por fin les dio la oportunidad de demostrar que todos estos años siempre habían sido inocentes. En su caso, Sanabria Niño ha recibido con beneplácito las cartas que le han mandado las directivas de las universidades donde trabajó y que lo quieren tener nuevamente dictando clases. Pero lo que más le alegra es que sus padres no se mueran sin saber la verdad y que su ex esposa crea ahora en todas sus respuestas de aquella época, que era inocente.

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“Mi ex esposa hoy en día me envío un e-mail felicitándome y muy contenta por mi situación, incluso una parte muy triste en la que dice: lástima que esto que nos causó tantos problemas, tantos señalamientos y tantos rechazos, no se hubiera podido dar en el momento en el que estábamos juntos y sólo se dio ahora que estamos separados”, manifestó.

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