“El de Cristian David es un caso emblemático para el país. Creo que después del fracaso de la Fiscalía en el caso Colmenares y la forma discutible en la que, con todo respeto, pienso que se ha llevado ese proceso, este es un caso que rescata de alguna forma la reputación de la Fiscalía, porque la justicia ha logrado muchas cosas en un tiempo muy aceptable”.
Así se refirió, en declaraciones a El Espectador, el abogado Javier Fonseca, quien defiende los intereses de la familia del joven de 19 años de edad, Cristian David Jiménez, quien cumple cerca de ocho meses en estado de coma por cuenta de una brutal golpiza que le propinaron en la madrugada del 15 de julio de 2012.
Ese día, y al parecer en un hecho de intolerancia, unos jóvenes que asistían a una fiesta de cumpleaños en el piso quinto de la torre 34 del conjunto residencial Carlos Lleras Restrepo, ubicado en el occidente de Bogotá, empezaron a insultar a Jiménez debido a su pelo largo y su apariencia.
La víctima, estudiante de Derecho de la Universidad Católica, no atendió a la agresión y continuó festejando. Fue entonces que los agresores empezaron a golpearlo. En palabras del fiscal, “Cristian trató de defenderse; cayó al piso, le seguían dando patadas, puños y botellazos, pero no pudo más. Fueron todos en gavilla. Uno de ellos le cogió la cabeza, como un coco, y la golpeó contra las puertas del ascensor, hasta que se abrieron. Más de seis personas lo golpearon y lo botaron por el elevador”.
Pronto se conocieron varias fotos de las puertas del elevador averiadas debido a los golpes y se supo que fue necesaria la acción del cuerpo de Bomberos para sacar a Jiménez del foso del ascensor al que había sido lanzado. Cuando la Policía llegó al lugar de los hechos, después de que los vecinos del apartamento la llamaran, no se logró una declaración coherente de ninguno de los asistentes a la fiesta, porque la mayoría se encontraban en avanzado estado de alicoramiento.
Por cuenta de este caso hay seis personas investigadas. Cinco de ellas, Hans Hérbert Acuña Morales, Andrés Eduardo Ruiz Riveros, Ramiro de Jesús Gloria Lambraño, Manuel Camilo Andrés Bernal Pardo y Manuel Francisco Abril López fueron asegurados el pasado 14 agosto. Los dos primeros fueron enviados a la cárcel Modelo en Bogotá. A los demás se les concedió el beneficio de la casa por cárcel.
Otro joven, Nicolás Dussán Molina, al parecer involucrado con este crimen, se entregó el pasado jueves a las autoridades. En su contra había una orden de captura desde el pasado 19 de julio porque, se presume, fue uno de los que más golpes le propinó a Jiménez.
Ese mismo jueves, y ante un juez de la República, Dussán Molina aceptó su participación en el hecho y se allanó al cargo de homicidio agravado en la modalidad de tentativa. Al final de la audiencia, el juez 59 penal de Bogotá envió a la cárcel Picota, ubicada en el sur de Bogotá, al joven porque, en su criterio, había una alta posibilidad de que Dussán Molina dejara de atender el llamado de las autoridades.
De acuerdo con Fonseca, con la entrega de Dussán Molina, la justicia ya tiene en su poder a todos los vinculados con este crimen. El apoderado de la familia de Jiménez agregó que la aceptación de cargos, por parte de Dussán Molina, es un avance para lograr que en el juicio oral se condene a los demás acusados. Aunque dudó que otro de ellos siga su ejemplo.
Después de aceptar cargos el joven se apresta a conocer el que sería el monto de su pena. Por su confesión la justicia podría beneficiarlo con una reducción de hasta la mitad de su pena que sería, de acuerdo con el abogado Fonseca, de 16 años de prisión. Pero, en el criterio del apoderado de los familiares de Jiménez, en este caso hay problemas de fondo que han escapado a la atención de la opinión pública.
“Podemos decir que esos muchachos son unos criminales y dejarnos llevar por el sensacionalismo, pero la pregunta de fondo es: ¿qué educación se les está brindando a nuestros jóvenes en sus familias y en los centros educativos en los que estudian? Porque los acusados son, en su mayoría, universitarios y yo me pregunto si no sintieron algo de compasión con Cristian David cuando lo estaban golpeando”, aseveró Fonseca.
Y agregó: “Siempre nos quedamos en lo mediático y en que se haga justicia dentro de nuestro sentimiento de justicia; es decir, que se envíe a la gente a la cárcel. Pero hacen falta debates de fondo al respecto”. Mientras que en la clínica Colombia –en la capital de la República– Cristian David Jiménez se debate entre la vida y la muerte, los jóvenes señalados por su presunta participación en el ataque –y que no se allanaron a cargos – esperan el inicio del juicio en su contra.
Al respecto la madre de Jiménez, Diana Acuña, ha dicho que “en este momento no nos concentramos en venganzas sino en la salud de Cristian, aunque afortunadamente hay justicia para ellos y tienen que pagar por sus errores”. La justicia tiene la última palabra al respecto. Parafraseando al abogado Fonseca, el caso de Cristian David Jiménez es emblemático en muchos sentidos. Entre ellos el nivel al que puede llegar la intolerancia. Hasta el punto de que alguien lo golpeen, casi que hasta la muerte, por tener el pelo largo.
En Twitter: @juansjimenezh