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«Hemos tocado mil puertas para que paguen recompensas»

Hace un año asesinaron a Margarita Gómez y a Mateo Matamala, estudiantes de la Universidad de los Andes.

09 de enero de 2012 - 05:20 p. m.
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El año del asesinato de Margarita coincide con la muerte del presunto autor intelectual, alias Giovanni, uno de los integrantes de la llamada banda de ‘Los Urabeños’, a manos de la Policía.

¿Siente usted que con ese hecho se hizo justicia en el asesinato de su hija?

No, para nada, no sé si este señor tenga algo que ver con la muerte de mi muchacha. De pronto sí se siente que algo se está haciendo contra esa banda, porque fueron ellos y avalo todas las maniobras que están haciendo en este momento el Gobierno, el Ejército y la Policía para cogerlos. Que los cojan y se haga justicia, es lo que espero… Quiero morir cuanto antes, porque quiero estar con ella… Pero moriré tranquila el día que se haga justicia y no quede en la impunidad.

¿Por qué tiene la seguridad que fueron ellos?

Se supone que estaban en la zona donde ellos delinquen, no lo sabía ni mis muchachos tampoco. ¿Cómo saber uno a dónde puede ir en este país? ¿Cómo saber que al llegar a unas playas a descansar y decir estoy tranquilo, porque aquí no pasa nada y resulta que pasa todo lo contrario, que son tierras vedadas, donde mandan ellos.

El abogado Guillermo Puyana dice que el asesinato de Margarita y de Mateo fue deliberado, que ellos tomaron la decisión de asesinarlos, a pesar de que al principio se dijo que podía tratarse de un error, que los habían confundido…

Claro, fue premeditado según la investigación. No me he querido meter tanto en eso, porque cada vez que me nombran esta situación es muy doloroso para mí. Algunas veces he ido a la Fiscalía porque todavía hay algunas cosas que tenía mi muchacha y quiero que me entreguen todo, así esté vuelto nada, quiero que me entreguen todo.

¿No le han entregado todo?

No, todavía no. Hace una semana fui y me entregaron una mochila que ella cargaba y ahí tenía su pantaloneta, la pantaloneta de Mateo, la camiseta, lo de ella. Pero el celular, sus documentos, un reloj de Mateo, el celular de Mateo, otras cosas que quiero tener, no ha sido posible que me las entreguen.

¿Por qué razón?

Dicen que son evidencias, pero me dijeron que eso ya fue visto y manipulado. Aquí en Bogotá me dicen que están en Montería, pero uno averigua y me dicen que están en Bogotá, en realidad no sé. Al fin logré que me entregaran la mochila que siempre cargaba, siempre, para donde quiera que iba, iba con esa mochila. En ese momento pude hablar y me pude enterar de que obviamente sí, que eso lo planearon, dicen que suponían que ellos eran de inteligencia de la Policía, del DAS, de alguna entidad del Estado, que los estaban siguiendo, incluso, de las otras bandas los mandaron a vigilar porque tomaban fotos, porque filmaban, porque recorrieron toda la zona, caminaron mucho y ese día en que ellos iban a regresar al parecer se reunieron y decidieron matarlos.

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¿Sabe si ya se pagaron las recompensas que fueron ofrecidas?

Eso lo hemos luchado. Creo que desde el primer día en el que el señor presidente lo dijo en la Universidad de los Andes, que daba $500 millones a quien diera información de esta gente, la Policía otro tanto, no sé quién más ofreció. La familia de Mateo y yo hemos ido a tocar puertas, estuvimos con el viceministro de Justicia, porque no nos pudo atender en su momento el doctor Vargas Lleras, quien era el ministro. Hablamos con él, le dijimos que necesitábamos que pagaran la recompensa porque la gente habla y si se cogieron a dos es porque la gente habló y aquí toca así, hable y pague, de otra manera no se puede. Nos dijo que era competencia de la Fiscalía y logramos una cita con la doctora Viviane, ella nos dijo que tampoco era de su competencia, pero que iba a hacer todo lo posible. Y me pregunto, ¿quién es competente entonces? Que la Policía, entonces hablemos con el ministro de Defensa, pero entonces pasó algo en alguna parte del país y a él le tocó irse y no pudimos hablar. Hemos tocado mil puertas…

¿Quiere decir esto que no se han pagado las recompensas?

Hasta el momento, que sepa, no, y es lo que nosotros estamos tratando de lograr que se haga, porque la gente quiere hablar.

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¿Cree que ha faltado voluntad del Gobierno en este tema?

Diría que sí para lo de las recompensas. Ahora ofrecieron $1.000 millones por el señor este Gavilán, pero si no han pagado los $500 millones primeros, qué podemos esperar.

¿Cómo ha sido este año sin Margarita?

Todos los días me levanto y me pregunto: ¿por qué? ¿Qué hicieron? ¿Qué pasó? Le digo a ella que en sueños me diga qué pasó. Nosotros éramos una familia muy alegre, muy unida, en las malas estamos todos, en las buenas estamos todos. Por decirlo de alguna manera, era casi que el payaso de la familia, en las reuniones los hacía reír mucho, Margarita era feliz porque era así. Los fines de año nos reuníamos siempre y nos íbamos a cualquier parte de este país y entre todos, 40 personas, pagábamos una finca y pasábamos fin de año allá. Todo era felicidad, todo era calma, tranquilidad.

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Hasta ese día… hace un año…

Estaba muy bien en la casa de mi hermano en un almuerzo, suena el celular, veo que es Margarita, yo le digo a ella Deinas. Pero era un señor que me preguntó: ¿usted es la mamá de Mateo?, seguramente el celular lo encontraron fue en la mano de Mateo. Le dije, sí, sí, sí, ¿qué pasó? ¿Dejaron el celular botado? ¿Dónde están? El señor me dice, no, no señora y me pregunta que qué estaban haciendo estos dos muchachos allá. Y le dije, ¿quién es usted, por qué me pregunta?, ¿qué les pasó? ¿Por qué usted me habla del celular? El señor me dice: no, fue que los ultimaron. Yo dije, ¿ultimaron? ¿Qué es eso?, o sea esa palabra… No señora, los ultimaron a los dos, los asesinaron, me dijo. Era una locura, mi mente se fue a otro sitio, me vinieron todos los recuerdos de ella, y l día siguiente viajé a Montería. No me dejaron verla, obviamente. Después pasaron ocho días y uno todavía está sin entender, sin saber por qué lloraba tanto. No aceptaba, pero pasa el tiempo y es más duro, el tiempo no ayuda…

¿Se ha profundizado más el dolor?

Más y más, porque era yo sola con ella.

¿Y el papá de Margarita?

Es un tema que no quisiera tocar. Fui su papá y su mamá, ella lo quería mucho, obviamente era su papá, pero nada más. He hablado con muchas mamás. Ha sido terrible no sentirla a mi lado, no hacerle el desayuno, no hablarle de la universidad. Mi trabajo es lo único que me ayuda.

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¿En qué trabaja?

Soy consultora de Naciones Unidas, trabajo con el Departamento Nacional de Planeación, con regalías, en un convenio. Entonces me lleno de trabajo y siempre he sido trabajadora, porque para darle el estudio a Margarita en la Universidad de los Andes me ha tocado muy, muy, pero muy duro, entonces me ascienden precisamente porque siempre me ha gustado trabajar bastante. No tomé semana de duelo ni nada, quería ocupar mi mente.

¿Habla con frecuencia con los papás de Mateo?

Hemos tenido mucha comunicación a Dios gracias, no los conocía hasta ese día que nos vimos en la funeraria. Una familia maravillosa, el apoyo que he tenido de esa gente ha sido impresionante, todo el tiempo pendientes. Con la mamá cada vez que podemos nos encontramos, hay momentos en los que ni siquiera podemos hablar por celular, sino que nos mandamos mensajes, dándonos cada una fuerza y voy a su casa o ella va a la mía, hablamos de ellos, recordamos cosas. Eso también es una ayuda, estamos muy juntos, muy juntos en esto.

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Me decía que ha hablado con muchas madres…

No hablo solo por mí. Consuelo Gómez, mamá de Margarita Gómez, ni hablo por Tatiana Matamala, mamá de Mateo Matamala. He conocido mamás que han perdido a sus hijos, estudiantes de la Nacional, de la Pedagógica, de la Javeriana… Hablo por ellas también. Tiene que hacerse justicia en nombre de todas esas mamás y no es que a uno se le vaya a quitar el dolor, pero sí mejora con la justicia.

¿Dónde las ha conocido?

En grupos, porque uno va a grupos a hablar con ellas. Las compañeras de la universidad de Margarita me han estado acompañando demasiado, ellas también conocen mamás así, me las mandan a mi casa para que hablen conmigo. Son casos aberrantes, que no puedo creer que pasen 15 años y todavía no existan responsables de esto y que la mamá todavía llora a su hija después de este tiempo. Esto no puede pasar en este país, no puede pasar.

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‘Todos los días me aferro a Dios’

Lo normal es que los padres entierren a sus hijos, pero cuando ocurre lo contrario el dolor por la muerte de ese ser querido es aún más profundo.

Es en medio de esa devastadora aflicción que Consuelo Gómez se ha entregado a la fe para hallar tranquilidad.

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“Todos los santos días me he aferrado a Dios. Yo no soy de misas ni de curas ni de iglesias, no, no, pero creo en él, que hay un ser superior y lo llamamos Dios, creo en él, en tener fe. Hay días que yo siento como una paz, como una tranquilidad, y entonces yo digo: ‘ay, ¿será que me olvidé de Margarita?’. No puede ser, pero es una paz, una tranquilidad, todo está normal, como que la recuerdo en sus momentos bonitos, y es Dios, quién más, nadie más me puede dar eso, y ella, obviamente ella. Yo llevé sus restos, no sus restos, sus cenizas a Cucunubá”.

“Estas navidades fueron lo peor”

¿Estuvo visitando sus cenizas estos días?

Fui ayer. Mi mamá está muy enferma, tengo que estar pendiente de ella, pero me escapé un momento y me fui para allá. Me subo a la montaña donde sembré dos árboles, dos pinos, que yo dije: “Éste es Mateo y ésta Margarita”, los rodeé de margaritas, un árbol que le gustaba a ella, el roble, y otro árbol que le llevaron los amigos de la universidad. Un sitio ahí en plena montaña que toca abonar mucho para que puedan crecer, y allá los tengo y allá voy y hablo con ella y siempre aparece una libélula y siento que es ella que me está escuchando, y me rodea, y una mariposa amarilla. Siempre me están apareciendo ahí, y yo llamo a Tatiana y le digo: “Tatiana, hoy hablé con los chicos, están bien”, y eso me da mucha tranquilidad, pero el dolor nunca se va, la tristeza no se va, la risa ya no la tengo, mi familia sufre de verme así. Estas navidades y este Año Nuevo fueron lo peor, lo peor. Yo no pude, yo me encerré en mi cuarto. No podía estar con ellos porque no es justo que ellos sufran todo esto.

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