Fue por salvarle la vida a un compañero que el soldado profesional Franco Buitrago cayó en un campo minado. Era el 12 de agosto de 2009. Buitrago escuchó que un compañero, que había pisado una mina antipersonal, gritaba que no lo dejaran morir. Buitrago y otros dos uniformados acudieron a su llamado. “No me importaba lo que me pudiera pasar, simplemente, salvar al compañero”. Los tres armaron una camilla. Entonces, sus compañeros salieron corriendo con ella a cuestas. Buitrago no lo hizo por temor a pisar una mina. Soltó la camilla y dio un paso, con tan mala suerte que aquello a lo que le temía se hizo realidad: Buitrago perdió una pierna; su compañero sobrevivió.
Ahora, seis años después, Buitrago escucha de nuevo que sus compañeros lo llaman. Pero esta vez para una misión distinta: para que les ayude a ganar un partido de voleibol. Hoy, Buitrago es el capitán de Disfad, un equipo vallecaucano de voleibol sentado, una variante de este deporte para personas con discapacidad.
Disfad (Discapacitados con Fe y Amor al Deporte) es uno de los doce equipos que van a disputar la III Copa de Voleibol Sentado, que se inicia hoy en Cali. Este equipo, fundado hace cinco años, lo componen uniformados heridos tras caer en campos minados y civiles afectados por accidentes y enfermedades. Aunque no se tiene una cifra exacta, varios de los equipos de la Copa cuentan entre sus integrantes a desmovilizados de varios grupos armados ilegales.
En Disfad no hay ninguno; no obstante, tuvo entre sus filas a un exguerrillero. Se llamaba Luis. Una vez, mientras patrullaba, junto con sus compañeros de armas, Luis pisó una mina, que había sido instalada por la misma guerrilla. Luego se reinsertó a la sociedad y, al igual que otras víctimas de minas antipersonal, fue a dar a Disfad.
Sus compañeros de equipo creían que Luis había perdido su pierna izquierda en una riña entre bandas delincuenciales en Cali. No supieron de su paso por la guerrilla sino cuando murió, asesinado por cruzar una mal llamada frontera invisible.
Pero haber tenido a su lado a un exguerrillero no fue para ellos una vergüenza, sino todo lo contrario: un orgullo. Todavía hoy lo recuerdan con cariño. “Acá somos rivales pero con un balón. No rivales para hacernos daño, sino para meter un punto”, dice Buitrago, apoyado sobre su prótesis.
“Él fue parte del grupo y entró muy bien e hizo muy buena amistad con quienes en otra época fueron su contraparte. El solo hecho de ser colombiano es la base para que vos puedas ser admitido en cualquier escenario. Esa debería ser la consigna”, dice Fernando Aguirre, otro de los fundadores de Disfad.
Aguirre, sin movilidad en las piernas por cuenta de un accidente, agrega que “las minas no diferencian si eres un militar, un civil o un guerrillero. Sin darnos cuenta encuentras en un partido de voleibol personas que estaban al margen de la ley y uniformados. Entonces, lo que antes se dirimía con un arma, hoy se está dirimiendo con un balón”. Para sus integrantes Disfad es eso: una oportunidad para reconciliar, por medio del deporte, a quienes antes eran rivales. Una propuesta de paz ciudadana, mientras en La Habana, Cuba, el Gobierno y las Farc debaten sobre un posible acuerdo que incluya un gran desminado humanitario.
De hecho, en marzo pasado, Disfad fue premiada, junto con otras tres iniciativas, por la Federación Nacional de Personeros. El personero de Cali, Andrés Santamaría, promotor de esta III Copa de Voleibol Sentado, dijo que “tener en una misma cancha a personas que cambiaron las armas por un balón es un gran ejemplo de reconciliación y demuestra que es posible un futuro distinto”.
“Sentado vas ganando” es el lema de Disfad. La frase se puede ver escrita con marcador en los balones con los que los deportistas practican. Los de Disfad empezaron con pie derecho su camino hacia el campeonato: vencieron, en un partido de exhibición, a los muchachos de la Selección Juvenil de Voleibol del Valle del Cauca. Y vienen derrotando, desde hace rato, a la guerra, a la misma que ha dejado marcados a casi 11 mil colombianos, víctimas de las minas.