Camilo Herrera Triana siempre quiso ser médico psiquiatra y con los años logró convertirse en un prestigioso profesional a punta de papeles falsos. Hoy está detenido en la cárcel Modelo porque durante 10 años emitió conceptos especializados en 1.909 casos. Y eso que apenas cursó dos semestres de medicina en la Universidad Nacional, de donde lo sacaron por bajo rendimiento. Sin embargo, la disciplina para estudiar protocolos forenses por su cuenta le sirvió para timar varias instituciones, acreditando sólo dos diplomas adulterados.
Herrera Triana se graduó como bachiller del colegio Miguel Antonio Caro en 1978. En su hoja de vida dijo ser médico cirujano, graduado de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas y especialista en psiquiatría de la Nacional. Su cuento fue tan bien estructurado, que dijo haber hecho prácticas médico-quirúrgicas en el Hospital San Rafael (1984) y un internado en el Hospital San Pedro Claver y en la prestigiosa Clínica Shaio (1985). De su rural sostuvo que lo hizo en el Hospital San Juan de Dios en Zipaquirá (1986). Para engrosar su hoja de vida acreditó haber asistido a casi 90 seminarios y congresos.
Así consta en un informe de 43 páginas de la oficina de Control Interno de Medicina Legal, fechado el pasado 13 de febrero, en el que le imponen una sanción de 20 años de inhabilidad por su fraude al Estado. Su habilidad lo llevó a conseguir trabajo, según él, como médico en la Clínica Country entre 1987 y 1988, médico psiquiatra en el ICBF (1990), médico geriatra en el centro médico Aimes entre 1998 y 2001, psiquiatra del Centro de Rehabilitación Integral de Boyacá (2002), el Hospital San Rafael de Tunja (1999), Centro Bienestar del Anciano San Pedro Claver (1999) y, finalmente, en Medicina Legal. Un recorrido que, en el papel, superaba al de muchos expertos.
Pero su hoja de vida deja ver que Medicina Legal no fue la única entidad que sucumbió. Entre su experiencia laboral acreditó haber sido “decano de la Facultad de Gerontología” de la Universidad de San Buenaventura. Su oficina de recursos humanos le dijo a El Espectador que si bien Herrera había trabajado para la universidad entre 1995 y 1997, lo hizo en calidad de docente. Como decano, además, no podría haberlo hecho, pues gerontología es un programa de pregrado adscrito a la Facultad de Educación. Al Inpec, donde trabajó como contratista entre 2000 y 2003, también lo engañó.
Él creyó que los años al servicio de Medicina Legal ya lo avalaban para seguir laborando en otras instituciones. Por eso ofreció sus servicios a la empresa de Transporte Ambulatorio Médico (TAM) y trabajó entre mayo y diciembre del año pasado como médico en la atención prehospitalaria. A finales del año pasado se empezó a derrumbar toda su mentira. TAM fue la primera entidad en casi dos décadas en verificar sus certificados educativos, encontrando irregularidades y alertó a Medicina Legal de sus hallazgos.
Con la duda sembrada, Medicina Legal envió el 30 de enero pasado una comisión a la Juan N. Corpas para corroborar si Herrera era médico graduado de esta institución. La respuesta causó sorpresa: el diploma número 1217, supuestamente de su pregrado, estaba a nombre de Hernán Ballén Parraga, quien se había graduado de esta institución el 16 de diciembre de 1989. Herrera Triana ni siquiera era médico.
Con este dato siguieron las pesquisas y llegaron a la Universidad Nacional para verificar la autenticidad del diploma 34269, con el que Herrera había acreditado su especialización en psiquiatría. Encontraron que dicho registro de diploma existía, pero a nombre de Germán Enrique Molano Vargas. El pasado 2 de febrero se conoció cómo Herrera pudo acceder a los diplomas que adulteró y presentó en Medicina Legal. Ese día el médico Hernán Ballén Parraga rindió versión ante la oficina de control disciplinario interno del instituto forense y relató que conoció al procesado en el ejercicio profesional de la medicina en 1997, cuando se le presentó como psiquiatra y le ofreció un cargo como docente en la Universidad San Buenaventura.
Ballén, interesado en el cargo, le entregó copia de sus documentos, entre ellos el de su diploma como médico. Algo similar ocurrió en el caso del psiquiatra Molano Vargas. Al comparar los diplomas originales con los que entregó Herrera Triana, se pudo encontrar que lo único que había cambiado era el nombre. Durante la investigación, la Secretaría de Salud de Bogotá encontró que no existía ningún registro médico a nombre de Camilo Herrera Triana. Había quedado al descubierto.