Casi tres años después de haberle quitado la vida a un ciudadano norteamericano en Tokio, Japón, la justicia colombiana está a punto de condenar a Ricardo Andrés Gutiérrez Romano, hijo de un ex embajador colombiano en ese país, a una pena cercana a los 20 años de prisión, luego de que confesara ser el responsable del homicidio. Todo ocurrió el 12 de abril de 2006 cuando apareció muerto en un baño público del parque Yoyogui el estadounidense Roberto McNeill, quien dictaba clases de inglés en la capital nipona y al parecer tenía vínculos con organizaciones dedicadas al tráfico de estupefacientes.
El cuerpo del docente, que fue encontrado por las autoridades a la una de la tarde, presentaba tres heridas mortales ocasionadas con arma blanca. De inmediato la policía japonesa inició una investigación y se ordenó un allanamiento a la casa de McNeill. Allí fueron encontrados rastros de hachís y otros estupefacientes. Paralelamente, pruebas de laboratorio detallaron que en la sangre de la víctima fueron hallados restos de cocaína.
La escena del crimen también dejó en evidencia rastros de ADN diferentes a los del norteamericano y llevó a los investigadores al nombre de un colombiano: Ricardo Andrés Gutiérrez, un hombre de 34 años, residenciado en Japón e hijo del ex embajador de Colombia en ese país Carlos Ricardo Gutiérrez y de Margarita Romano. La policía nipona estableció que en marzo de 2006 Gutiérrez les había anunciado a sus amigos la intención de asesinar a McNeill, al parecer por un asunto no resuelto relacionado con el tráfico de drogas.
Antes de que las autoridades japonesas pudieran capturarlo, Gutiérrez huyó de Japón hacia Estados Unidos. Allí permaneció un tiempo y posteriormente regresó a Colombia. No obstante, agobiado por las indagaciones por el homicidio del norteamericano, en septiembre de 2007 concedió poder a un abogado para que se pusiera al frente de su caso y decidió entregarse a la justicia el 8 de mayo de 2008 en Bogotá.
En virtud del principio de extraterritorialidad, el gobierno de Japón aceptó que Ricardo Andrés Gutiérrez Romano pudiera ser procesado y condenado en Colombia. Una vez las autoridades japonesas terminaron el trabajo de investigación, remitieron sus pesquisas, a través de la Cancillería colombiana, a la Fiscalía General de la Nación, que asignó el proceso a un fiscal delegado. Pero como Gutiérrez decidió presentarse voluntariamente ante las autoridades y aceptó el delito de homicidio, razón por la cual fueron innecesarios el juicio y los testigos que tenían los investigadores japoneses para probar su responsabilidad en el asesinato de McNeill.
En la actualidad el hijo del ex diplomático goza del beneficio de detención domiciliaria y se espera que en los próximos días un juez especializado de la capital profiera una condena en su contra que podría representar cerca de 20 años de prisión. Y aunque desde el principio el gobierno estadounidense ha seguido en detalle las incidencias de este proceso, aún no ha formalizado su intención de pedir en extradición a Gutiérrez por el homicidio de Roberto McNeill. Fuentes consultadas por El Espectador no descartan, sin embargo, que esa pueda ser la suerte definitiva del colombiano.
Así pues, el novelón judicial que durante tres años han seguido con expectativa medios japoneses está a punto de resolverse en Colombia.