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Historia de una ‘chuzada’

En total 161 llamadas al magistrado Iván Velásquez fueron grabadas por la plataforma Esperanza de la Fiscalía.

23 de septiembre de 2009 - 06:10 p. m.
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Iván Reinaldo Casas Ruiz, un comerciante de 47 años de Supatá, Cundinamarca, quien denunció ser extorsionado por las Farc, constituye la piedra angular de la investigación de la Fiscalía para establecer cómo el magistrado auxiliar de la Corte Suprema Iván Velásquez Gómez terminó ‘chuzado’ por esa entidad. Lo grave del asunto es que en apariencia una investigación sencilla derivó en la violación de 161 llamadas grabadas al magistrado entre el 5 y el 14 de agosto.

Todo comenzó el 27 de mayo de 2009. Ese día, en una fiscalía de Paloquemao en Bogotá, el comerciante Casas denunció que el 4 de mayo recibió una primera llamada a su celular de un hombre que se identificó como Jorge El Boyaco , miembro del frente 42 de las Farc, quien le dijo que sabía que tenía negocios de ganado y una ferretería y que necesitaba una contribución voluntaria de $5 millones. “Después de decirle que no tenía ese dinero, bajó el monto a $2 millones”, contó.

Supuestamente Casas accedió a la extorsión y se convino que debía comprarle tarjetas prepago de celular y unos medicamentos, pero luego El Boyaco le pidió que le enviara $1’300.000 a través de un servicio de mensajería. No obstante, no se pudo hacer el envío porque el comerciante tuvo un percance familiar. Entonces, según él, recibió otra llamada y a los pocos días se pactó que se debía hacer el desembolso en el Hospital de Kennedy, pero se frustró porque el extorsionista se escurrió como el agua.

El comerciante también relató que, al tiempo que El Boyaco seguía llamándolo, se presentó en su negocio el 22 de junio un administrador de unas canchas de tejo en Facatativá que le dijo que él sabía quién lo estaba extorsionando, “que no me afanara porque se trata de un paisano llamado Manuel Triana”. El asunto paró ahí y el 1º de julio, contó Casas, a su residencia llegó un sobre con un paz y salvo de la supuesta organización con un escudo de Colombia y firmado por Jorge Boyaco. Sin embargo, poco después arribó a su negocio un misterioso hombre que se identificó como Felipe Herrera, quien fue el que dio el número celular del magistrado Iván Velásquez.

De acuerdo con el comerciante Casas, Herrera le dijo que estaba dispuesto a prestarle la colaboración para que se capturara a los extorsionistas, a quienes identificó con nombre y apellido: Manuel Ubencio Triana y Merardo Gómez, quienes supuestamente se habían hecho pasar como miembros de las Farc. Herrera le dijo que conoció esta información porque su hermano Álvaro Herrera también hacía parte de la supuesta banda. En ese contexto fue que Felipe Herrera le dio dos números celulares al comerciante, el primero supuestamente de Manuel Triana y el segundo de su hermano Álvaro.

Pero lo más extraño de esta colaboración es que el número que dijo que le pertenecía a Álvaro era en realidad el del magistrado Iván Velásquez. Estas anomalías son las que tienen a los investigadores de la Fiscalía rastreando al denunciante y al sujeto que se identificó como Felipe Herrera. Curiosamente, según Casas, Herrera le comentó que “llegaría hasta donde fuera necesario para la captura de estas personas”. El comerciante además asoció esta extorsión con dos familiares que fueron asesinados brutalmente en su negocio de chatarrería en el barrio Perdomo en Bogotá.

Como consecuencia de esta denuncia, ratificada el 30 de julio, el fiscal Manuel Ricardo Fernández ordenó interceptar los teléfonos que aportó el comerciante Casas y que supuestamente corresponderían a Manuel Triana y a Álvaro Herrera. Sin embargo, un informe del 14 de agosto, elaborado por un analista del CTI, encargado del monitoreo a los teléfonos, le pidió al fiscal cancelar la interceptación al constatar que esos teléfonos no correspondían ni a Triana ni a Herrera, y no arrojaban datos pertinentes a la investigación.

Sin poder identificar a los usuarios de los números interceptados, en el informe aparece que una de esas líneas, que después se descubriría era la del magistrado Velásquez, le pertenece “a un alias Iván”, al que le grabaron 161 llamadas, 70 de las cuales no superan los 20 segundos y las restantes son conversaciones “de índole familiar y laboral”. La otra ‘chuzada’ fue una mujer llamada Alexandra. Sin duda, hay partes de esta historia que no cuadran. ¿Quién es Felipe Herrera? ¿Por qué se prestó tan diligentemente a ayudar al comerciante Casas? ¿Por qué después de casi tres meses de recibir la llamada de El Boyaco nunca se concretó la extorsión?

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Son los vacíos que no cuadran para los investigadores. El CTI dice que pronto descubrió el entuerto y dejó de interceptar. Además, sólo el viernes pasado se descubrió que alias Iván era en realidad el eje estelar de la comisión de investigación de la parapolítica en la Corte Suprema de Justicia. ¿Casualidad? ¿Equivocación involuntaria? Sería el colmo de las coincidencias que el hombre más ‘chuzado’ de Colombia hubiese sido ‘chuzado’ nuevamente por error.

Vea el Facsímil del registro de llamadas que le fueron interceptadas a Velásquez haciendo clic AQUÍ.

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