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Infiltrado de ‘Megateo’, a un paso de EE.UU.

El alto tribunal avaló la extradición del exagente del CTI Javier Francisco Bermúdez, para que responda por narcotráfico y homicidio.

13 de julio de 2014 - 09:00 p. m.
Javier Francisco Bermúdez fue capturado el 2 de junio de 2012. /Fiscalía
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El infiltrado en el CTI de Víctor Ramón Navarro, alias Megateo, comandante del Epl, el exagente de esa entidad Javier Francisco Bermúdez, se encuentra a un paso de ser extraditado a los Estados Unidos para que responda por los delitos de narcotráfico y homicidio. En un reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, conocido por El Espectador, se avaló su envío a ese país por lo que ahora sólo falta la firma del presidente Juan Manuel Santos para que Bermúdez sea puesto a disposición de la justicia estadounidense. En el documento de 34 páginas, la Corte Suprema hace un detallado recuento de la alianza macabra de Bermúdez y Megateo, el terror del Catatumbo y uno de los hombres más buscados del país.

La Corte sostiene que Bermúdez era “un investigador penal corrupto del CTI, asignado a la sección de Justicia y Paz de esa entidad y a su oficina en Cúcuta”. Como parte de sus deberes, debía manejar la desmovilización de miembros de la guerrilla y de los grupos paramilitares. Por eso tenía acceso a información relacionada con estos procesos y a investigaciones del CTI en Norte de Santander, zona de influencia de Megateo.

En octubre de 2010, como parte de una investigación en contra del Epl, agentes de la DEA y de las autoridades colombianas interceptaron las líneas telefónicas de algunos miembros de esa estructura criminal, entre ellos Megateo. “Durante esas intercepciones los miembros de la organización narcotraficante hablaron del envío de varias toneladas de cocaína de Colombia a Estados Unidos y a otros lugares, y la repatriación de docenas de millones de dólares en ganancias a Colombia”.

En agosto de 2011 las autoridades interceptaron una conversación entre Megateo y otro miembro de esta estructura, Ferney Alberto Montoya. En un momento de la conversación, Bermúdez pasó al teléfono y le advirtió a Megateo que había operaciones en su contra y “que no realizara actividades que tuvieran que ver con narcóticos usando un teléfono celular porque así era como las autoridades le estaban siguiendo la pista”. Además le advirtió “que hiciera sus negocios en persona y le dijo que no enviara números de teléfonos nuevos por medio de mensajes de texto”. Es decir, un agente que debía perseguir a los criminales, en realidad los ayudaba a escapar.

Un mes después, en una serie de conversaciones, Montoya le pidió a Bermúdez —en nombre de Megateo— que obtuviera información sobre un robo a la casa del ‘narco’ Rafael Rangel Jiménez, ya extraditado a Estados Unidos, debido a que Megateo quería los nombres de los sospechosos para que “pudiera darles su merecido por el robo”. Bermúdez respondió que iba a necesitar dinero para sobornar a los agentes colombianos y así obtener información acerca de la investigación.

Un mes después, con la información obtenida en estas interceptaciones telefónicas, las autoridades incautaron un cargamento de 342 kilogramos de cocaína cuyo traslado era coordinado por Montoya, Rangel, un hombre de nombre Luis Fernando Rueda y otros dos miembros de esta estructura. Otras comunicaciones interceptadas posteriormente demostraron que Montoya buscó la ayuda de Bermúdez para asegurar la liberación del embarque, de Rueda y de los otros dos criminales detenidos. El entonces agente del CTI “aceptó viajar al área de la incautación y tratar de obtener información” sobre la incautación y las capturas.

Luego, en febrero de 2012, Bermúdez se reunió con Efraín Pérez y Edubiges Cañizares, quienes “habían indicado que deseaban proporcionar información en contra de Megateo. En su calidad de agente del CTI, Bermúdez tomó fotografías y obtuvo información de Pérez y Cañizares”. Posteriormente, según la Corte, Bermúdez proporcionó a Montoya la información obtenida de estos dos sujetos y sostuvo que ellos “eran una amenaza para Megateo”. En las interceptaciones se pudo establecer que Megateo y Montoya “acordaron matar tanto a Pérez como a Cañizares” para evitar que cooperaran con las autoridades.

Incluso, en una de las llamadas, Megateo le dijo a Montoya que “matara al hijo de Cañizares —si surgía la oportunidad— porque el hijo era miembro del Ejército”. Al final, Pérez y Cañizares fueron asesinados. Aunque el cuerpo del primero nunca fue recuperado, se interceptó una conversación en la que Megateo y Montoya mencionaban el “hecho de que Pérez había sido asesinado”. El crimen de Cañizares, ocurrido en Cúcuta el 25 de febrero de 2012, fue confirmado por conversaciones entre ambos y por las autoridades.

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En marzo de 2012, Megateo, Montoya y otros negociaron la venta de un embarque de 10 toneladas de cocaína con compradores desconocidos. La información de las interceptaciones permitió determinar que el estupefaciente sería entregado en cuotas conforme se realizaban los pagos. “Montoya debía entregar un pago parcial de 1 millón de euros a Megateo. El 24 de marzo de 2012, Montoya y otro miembro de la estructura fueron emboscados y asesinados durante el intento de entrega de este dinero el cual fue extraído del vehículo” en el que se movilizaban.

Después de que Montoya fue asesinado, Bermúdez recuperó el dinero y los teléfonos incautados al narcotraficante. “También le dijo a Megateo que había estado en contacto con la organización narcotraficante que estaba comprando la cocaína y que la organización seguía deseando proseguir con la venta, a pesar del asesinato de Montoya”. Es decir, Bermúdez no era únicamente un informante al servicio de Megateo, sino, incluso, uno de sus mediadores con otras organizaciones criminales.

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En mayo de 2012, Bermúdez le insistió a Megateo en que sus teléfonos “estaban siendo interceptados” y que en el pasado las “operaciones de captura en contra se habían iniciado determinando su ubicación a través de sus teléfonos celulares”. Por eso le advirtió “que dejara de usar todos los teléfonos que había usado con anterioridad”.

El 2 de junio de 2012, Javier Francisco Bermúdez Guerrero fue capturado en el Hotel Marriott de Bogotá a las 12:05 de la madrugada. En su contra pesaba una circular roja de la Interpol por los delitos de conspiración para distribuir cocaína y conspiración para cometer un asesinato, por una corte del Distrito la Florida. Sus propios excompañeros lo reseñaron y lo trasladaron al búnker de la Fiscalía. Ahora se encuentra ad portas de un juicio en Estados Unidos mientras Megateo, su otrora jefe, sigue libre. 

 

jjimenez@elespectador.com
@juansjimenezh

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