Un vehemente llamado de atención a los médicos para que sean más acuciosos a la hora de valorar a sus pacientes, ordenar los exámenes correspondientes y sortear las urgencias, hizo la Corte Suprema de Justicia al resolver el caso de la doctora Josefina Rueda Gómez, quien por no cumplir a cabalidad con los protocolos médicos tendrá que enfrentar una condena de 18 meses por homicidio culposo. Un expediente que evidencia lo que ya es un lugar común en Colombia: que la negligencia de algunos médicos sigue costando vidas.
Por no ordenar a tiempo una tomografía a Julio Rodríguez Ortega, la profesional de la salud fue responsabilizada por su muerte, que se registró el 21 de abril de 2002 en el Hospital de Bosa, luego de 16 horas de haber ingresado al centro asistencial. Para los magistrados, hubo negligencia a la hora de atender al paciente, a pesar de que éste llegó a tiempo para que le salvaran la vida. Los juristas hallaron hechos puntuales que se convirtieron en evidencia del compromiso de la condenada en cuanto a la suerte que corrió Rodríguez Ortega.
Por un lado, cuando terminó su turno laboral no fue con el médico que la reemplazaría hasta el sitio donde se encontraba el paciente para dejarlo en sus manos y enterarlo de sus condiciones de salud. Antes de salir de trabajar, tampoco se percató de las anotaciones de enfermería donde estaba registrado el deterioro de la salud del enfermo. Finalmente, no llenó bien la historia clínica durante su atención. Estas omisiones confirmaron que Josefina Rueda Gómez debe cumplir su pena.
Esta historia adquiere relevancia, sobre todo, porque se repite en Colombia con más frecuencia de la que se quisiera. Según Alicia Taffur, de la Asociación de Pacientes del Instituto Nacional de Cancerología, “el sistema de salud tiene debilidades y una de ellas es el poco tiempo que se le da al médico para ejercer su carrera con libertad. Eso hace que se vean obligados a minimizar costos no realizando los exámenes pertinentes y a minimizar el tiempo de atención. En algunos casos, esto los ha llevado a que muchos terminen actuando con mediocridad, porque es lo que les imponen, debido a que para algunos la salud es un negocio”.
El caso en cuestión
El hecho por el cual la doctora Rueda Gómez fue condenada ocurrió el 21 de abril de 2002 a la medianoche, cuando Julio Rodríguez Ortega llegó herido al hospital de Bosa. Estaba ebrio, pero consciente. Por sus propios medios buscó atención en el centro de salud, ya que momentos antes lo habían apuñalado en una riña. Tenía dos heridas en el antebrazo izquierdo, una en el tórax y otra en el lado izquierdo de la cabeza. Rueda Gómez estaba de turno.
La médica ordenó un examen de rayos X en el tórax, para descartar cualquier lesión grave en esta zona del cuerpo. Luego le suturó las heridas y le formuló un antibiótico. Sin embargo, no se percató de que lo que parecía una leve cortada en la cabeza, ocultaba detrás una lesión cerebral que resultó mortal. A Rodríguez Ortega lo dejaron en observación y la doctora Rueda se retiró a las 7:00 de la mañana, al terminar su turno. A las 3:50 de la tarde, el paciente murió. Una puñalada le había llegado al cerebro y le causó una laceración en el lóbulo temporal.
Así las cosas, la Fiscalía 19 seccional de Bogotá acusó a la médica el 21 de febrero de 2006. El Juzgado 46 Penal del Circuito la condenó en primera instancia el 15 de marzo de 2010 a 18 meses de prisión, una multa de 30 salarios mínimos y el pago de 503 salarios mínimos mensuales como reparación a la familia de la víctima. La decisión la confirmó el Tribunal Superior de Bogotá el año pasado y recientemente la Corte Suprema ratificó la culpabilidad de la profesional por no haber aplicado los protocolos necesarios y por no haberlo sometido a evaluación neurológica completa.
Amenazas para todos
Las armas blancas, que incluyen todo tipo de cuchillos o armas cortopunzantes, son una de las mayores causas de muertes violentas en el país. El año pasado en Bogotá, según datos de la Secretaría de Gobierno del Distrito, 580 personas fallecieron a causa de este tipo de objetos y 1.984 fueron lesionadas. En los últimos años, según información de Medicina Legal, por lo menos el 20% de los homicidios a mujeres se han perpetrado con armas blancas. Asimismo, se han incrementado las muertes en el país ocasionadas por armas blancas, superando las 2.500 víctimas por año, que representan cerca del 15% del total de muertes violentas.
Un aspecto alarmante de este tipo de armas es lo fácil que se obtienen y se manipulan. No en vano lo ha advertido el padre Alirio López, coordinador del programa ‘Vida Sagrada y Desarme’ de la Alcaldía de Bogotá: “Portar un arma blanca es lo mismo que cargar un bolígrafo o un cuaderno”. Como si fuera poco, en la capital del país más del 33% de los hurtos que se cometen, se hacen con cuchillos, navajas o similares. En Medellín, Cali y otras ciudades el panorama no difiere mucho.