En abril de este año un prestigioso bufete de abogados con sede en la Florida, solicitó una cita formal con los directivos de Kroll, una agencia especializada en inteligencia e investigaciones, servicios de consultoría financiera y verificación de antecedentes, con oficinas operando en varias capitales de América Latina. La reunión se desarrolló en la sede de Kroll en Miami y el motivo de la misma fue conocido de inmediato por los representantes de la agencia: hacer una investigación sobre David Murcia y su empresa DMG. La petición provenía del mismo Murcia y el objetivo era claro: averiguar si estaba en la mira de la justicia norteamericana o si sus firmas despertaban alguna sospecha en el extranjero.
Los directivos de Kroll fueron enterados entonces de que Murcia era un joven empresario colombiano que vivía en Panamá y que tenía varias empresas en Colombia con ramificaciones en otros países. La reunión concluyó con la promesa de Kroll de evaluar este caso y de ofrecerles una respuesta. Luego de un minucioso análisis de riesgo, la sede de la firma en Bogotá alertó a sus asociados en Miami que existían muchas dudas sobre las actividades de Murcia y el origen de su dinero. Así las cosas, la respuesta que recibieron los abogados de Murcia fue contundente: no aceptaban hacer el trabajo para su cliente.
“Pudo haber sido una gran jugada de David Murcia tratar de conseguir el sello de Kroll para luego mostrarlo a sus socios y a sus clientes más importantes. Eso le daría un aval muy grande para moverse a sus anchas”, le dijo a El Espectador una fuente que conoció de cerca este caso. Dicho de otro modo, lo que buscaba Murcia era blindarse de eventuales investigaciones exponiendo el prestigio de una empresa internacional que tiene relaciones muy cercanas con el Departamento de Estado de Estados Unidos. Se calcula que por este tipo de asesorías Murcia habría pagado unos US$300 mil, cifra que estaba dispuesto a desembolsar con tal de tener el sello de Kroll expuesto en su oficina.
La firma de abogados contratada no volvió a aparecer ni por Miami ni por Bogotá, pero es obvio que los alcances de Murcia iban más allá de las fronteras y se atrevió a tocar las puertas de una de las más influyentes agencias de inteligencia del mundo. Tal vez por esa razón los investigadores colombianos encargados de rastrear electrónicamente a Murcia y a sus socios no se sorprendieron cuando empezaron a oír conversaciones entre Daniel Ángel y un contacto en México. Para los investigadores era claro que los nexos internacionales de DMG les darían la clave para desenredar la organización. Y ya han rastreado sus operaciones en Panamá, Chile, España, Ecuador y Venezuela.
Con la ayuda de organismos de seguridad mexicanos lograron detectar que el hombre con quien hablaba Ángel era un presunto narcotraficante, un indicio clave pero aún insuficiente para llevar el caso ante los jueces. Los investigadores se concentraron en Daniel Ángel y el rastreo telefónico arrojó más indicios. Casi siempre, dijeron fuentes cercanas al caso, Ángel y su contacto se referían a temas económicos. “No hicimos seguimiento ni consultamos fuentes humanas. La investigación se basó en inteligencia electrónica. Las charlas de Ángel con el supuesto narco son para nosotros una demostración de que habría algún nexo con organizaciones criminales”, añadió otro de los investigadores.
Pero la prueba detrás de la que estaban llegó cuando Ángel y su interlocutor mexicano se refieren a un envío de dinero desde México a Colombia. “Ese día cantamos victoria. Ángel le dice que se necesita una plata con carácter urgente y él responde que la transacción se hará en los próximos días. La cifra total aún no la tenemos, pero de acuerdo con las cuentas y los cálculos que hemos hecho se aproxima a US$8 millones. Estamos esperando la respuesta de Ángel y de Murcia, pero ya sabemos quién es el narcotraficante mexicano y para quién trabajaba. Está plenamente identificado”. Ésta y otras grabaciones figuran en los expedientes que están en manos de las autoridades.