¿Llega a una Corte polarizada?
En cualquier órgano colegiado que toma decisiones tan importantes debe haber disenso y uno tiene que respetarlo, es fundamental en la democracia. El caso Pretelt generó una crisis que ha manejado muy bien la doctora María Victoria Calle como presidente. En la medida en que la Corte se dedique a emitir decisiones y sentencias, va a salir de esos temas del pasado. Debe dedicarse a su rol: guardar la integridad y la supremacía de la Constitución.
Pero, ¿cómo apartarse de asuntos tan graves como la investigación contra el magistrado Jorge Pretelt?
Lo importante de la Corte son sus decisiones jurisprudenciales y no lo que pase con y entre sus magistrados. La Corte tiene que concentrarse en trabajar, en cumplir el nuevo reglamento; hay que dejar atrás esas rencillas personales que no le hacen bien ni al país ni a la justicia. Es difícil trazar la línea entre lo personal y lo institucional, pero hay que hacerlo.
Llega como ‘primíparo’ este jueves a la Corte, ¿está listo?
Es una gran oportunidad. Es un trabajo duro, ya he estado en reuniones de empalme mirando temas y son apasionantes, muy complejos, de gran impacto para el país: consultas previas, proceso de paz, equilibrio de poderes, etcétera. Estoy feliz de llegar a un lugar donde voy a crecer intelectualmente todos los días.
Hablando de consultas previas, ¿va a declararse impedido en temas que involucren a empresas petroleras y comunidades indígenas?
En los temas en que esté directamente involucrada Ecopetrol tendré que declararme impedido, pero hay muchos en los que no necesariamente lo está.
¿Y si fuera otra petrolera?
Tendría que mirar el caso específico, hay problemáticas muy complejas, pero mi conflicto directo es con Ecopetrol.
¿De qué empresas ha sido asesor?
De los grupos económicos más importantes de Colombia: Ecopetrol, el Grupo Santodomingo (de Valorem y Bavaria), el Grupo Ardila, Colpatria, Avianca.
¿Haber representado a tantas empresas no hará de usted un magistrado ausente, siempre impedido?
Tras aprobar el nuevo reglamento, la escogencia de tutelas de grupos económicos se ha restringido mucho. La Corte ha dado señales de cuáles son las relevantes: las que involucran derechos fundamentales de los grupos más vulnerables. Obviamente, si tengo conflicto de intereses, tendré que declararme impedido.
Hay un temor con su llegada a la Corte: que sea el magistrado de los empresarios.
Las decisiones de la Corte son colectivas. Puede que pierda todas las peleas que dé, espero que no, pero la importancia de estar ahí es mostrar una manera distinta de ver los temas, dar una perspectiva de impacto económico y fiscal sobre el sector privado y las finanzas públicas. La mía es una visión adicional más aterrizada y pragmática, una entre nueve. Y no necesariamente empresarial, también he estado en el sector público. No todas las decisiones se tomarán de acuerdo a lo que yo pienso. Lo único que pretendo es contribuir a mejorar la calidad de las decisiones de la Corte.
Para hacer campaña en el Congreso le ayudó una gran firma de “lobby”, Urdaneta Vélez. ¿Qué va a pasar cuando llegue a la Corte un caso de un cliente de ellos? Tan sólo de la EPS Coomeva llegaron unas 30.000 tutelas el año pasado…
Yo no contraté a Urdaneta Vélez. Tengo una relación de amistad con Martha Abdalah, una de las socias, y ella me ayudó con algunas citas, a hacer contactos. En una campaña uno trata es de sumar respaldos. Si tengo un caso con una empresa que represente esa firma, tendría que declararme impedido. No es fácil conseguir esas citas; la doctora Martha Abdalah y otros amigos me ayudaron para llegar a algunos senadores y contarles quién era yo y por qué quería ser magistrado.
O sea que, para usted, no primó el “lobby”.
No. En todas las elecciones, cualquiera que sea, lo que uno tiene que hacer es campaña: llegarles a todas las personas que tienen la potencialidad de emitir un voto en favor de uno. Son 102 senadores, lo que uno hace es, luego de tratar de reunirse con cada senador, tomar bancada por bancada. Es un trabajo de acercamiento, no es “lobby”. Nadie vota por una persona que no conoce, por más brillante que sea, sin que le haya pedido aunque sea una cita.
¿Cuál es la diferencia entre hacer acercamientos y hacer “lobby”?
El acercamiento es presentarse, que lo conozcan a uno y su trayectoria. En muchos casos ni siquiera se pide el voto. Yo me reuní con el Polo Democrático y los Verdes, sabía que no iban a votar por mí pero lo hice porque los magistrados de la Corte Constitucional, por las decisiones que toman, necesitan tener legitimidad en el origen, ser ‘bendecidos’ por un órgano político, en este caso, por el Congreso de la República. No es un método perfecto pero tampoco hay uno mejor.
Usted ha hablado de recuperar la credibilidad de la Corte. Pero se hace difícil creerle cuando contrató modelos para distribuir su hoja de vida en el Congreso…
Hay un poco de maniqueísmo en ese tema. Ir senador por senador es un trabajo que no se puede hacer solo, por eso contraté a dos niñas muy bien presentadas, inteligentes, muy leales, muy trabajadoras, y resultó que una de ellas era chica Águila. Que fueran o no modelos era accesorio. Esto fue utilizado de manera negativa, sobre todo en redes sociales, pero las personas que contraté para ayudarme a conseguir citas, repartir hojas de vida y confirmar invitaciones son muy competentes. El gran problema de los abogados es que nadie nos conoce en el medio político; estas son estrategias para darnos a conocer en un mundo donde no existimos.
¿Usted sabía de antemano que ella era chica Águila?
Supe por redes sociales, cuando ya la había contratado. Honestamente a mí me dio pena preguntar, cuando uno entrevista a alguien no le pregunta si es o fue chica Águila. La contraté por sus competencias en relaciones públicas. Son actividades secretariales y de relacionamiento pero fundamentales en una campaña. Se necesita a alguien que conozca cómo es el Senado, quiénes son los 102 senadores, sus asistentes, cómo se comportan las bancadas.
¿De dónde salieron ellas?
Unos exmagistrados de la Corte Constitucional me sugirieron a varias personas y escogí a dos.
Cuáles exmagistrados?
Personas que han hecho ese tipo de campañas. Guardo la reserva del sumario con sus nombres.
Ese tema de las chicas Águila fue muy mal visto por gente cercana a la Corte. ¿Es consciente de eso?
No, no lo soy. Esta es una práctica común, a mí me recordaban que el exministro Carlos Medellín, por ejemplo, había contratado a unas mujeres muy bonitas para hacer un trabajo similar. Si una mujer es competente, leal, trabajadora y además es bonita, pues muy bueno. Lo más importante era su conocimiento de cómo funciona el Congreso; es una información muy valiosa dado el poco tiempo que uno tiene para la campaña. Sobre todo porque nos coincidió con las elecciones locales y regionales, los senadores andaban con sus candidatos en campaña.
¿Algún senador le hizo alguna petición?
Yo estaba un poco prevenido de que me fueran a pedir que votara de tal manera, o que seleccionara cierta tutela. No tuve ninguna insinuación, lo cual me deja muy tranquilo y habla muy bien del Senado. Lo que sí tuve fue preguntas de cómo pensaba sobre ciertos temas. En el Centro Democrático, por ejemplo, nos hicieron a los tres candidatos un preparatorio de derecho constitucional, preguntas muy profundas y pertinentes de ciertos temas en los que nos tuvimos que declarar impedidos como el plebiscito o la paz. Me tranquiliza de esta elección que hubo un debate muy profundo de nuestras posiciones, que en esencia eran similares. Por ejemplo de la paz, que era fundamental. Los tres candidatos éramos afines al proceso de paz, ya que fuimos ternados por el señor presidente.
Entonces llega a la Corte un aliado de la paz de Santos.
Creo que sí. La paz es un derecho y un deber, como lo señala la Constitución. La Corte tendrá que revisar acuerdos que se firmen en La Habana y uno siempre va a preferir la paz a la guerra, pero obviamente hay que ver en qué condiciones se firman esos acuerdos. La Corte tiene instrumentos y precedentes importantes para revisarlos, como sentencias del Marco Jurídico Para la Paz, bloque de constitucionalidad y la doctrina del margen de apreciación: la discrecionalidad que tiene el Estado para implementar en el país estándares internacionales. La paz es muy importante para el país y para la Corte, pero eso no quiere decir que ésta la vaya a aprobar como si fuera un cheque en blanco.
Usted está a favor de reglamentar el “lobby”. ¿Cómo funcionaría en el caso de las altas cortes?
Es fundamental reglamentarlo. Por ejemplo, deberían estar proscritas las reuniones con abogados litigantes que tengan procesos en las altas cortes.
O sea, un Víctor Pacheco nunca tendría lugar en los pasillos de la Corte Constitucional.
Ni Víctor Pacheco ni ningún litigante con casos ante la Corte. Cuando dije que un tinto no se le negaba a nadie, frase que me costó mucho sobre todo en redes sociales, me refería a decisiones de constitucionalidad que tienen que ver con el sector público. Vía algún mecanismo transparente uno debería poder reunirse con un ministro o un senador, según el caso, en virtud del principio de colaboración armónica entre las ramas del poder público. La Corte no puede vivir en una torre de marfil cuando sus decisiones tienen un impacto tan grande.
Pero, ¿cómo se diferenciaría del mecanismo que ya existe, con el que se les argumentó a entidades y organismos?
Ese mecanismo ya existe y es bueno. Yo hablo de un desarrollo de ese mecanismo, es mucho mejor una explicación cara a cara, con un gráfico, con un Power Point que le ayude a uno a entender el escrito en casos de constitucionalidad, no en acciones de revisión de tutela. Sobre todo en temas en que los abogados no tenemos conocimientos técnicos. Es, en cierta forma, educar a los magistrados.
¿Acaso la Corte está desconectada de la realidad?
No, no está desconectada, pero creo que para mejorar las decisiones de la Corte uno debería acercarse más para entender los hechos y el impacto de sus decisiones.
Su frase fue: “Un tinto no se le niega a un congresista”. ¿Estará su despacho de puertas abiertas para los congresistas?
Siempre he sido y seré un hombre de puertas abiertas con servidores públicos, no con litigantes. El proyecto de ley estatutaria de la administración de justicia que se discute en la Cámara (de Representantes) tiene normas interesantes al respecto. Por ejemplo, es falta disciplinaria que un abogado se reúna con un juez que le lleva un caso. A los magistrados les ponen la obligación de revelar mensualmente con quiénes se reúnen. Todos estos temas, sin afectar la vida privada de los magistrados de altas cortes, se resuelven con transparencia.
¿Alguna vez un fallo de la Corte Constitucional, con implicaciones económicas, lo ha inquietado?
Me remitiría a un tema antiguo: las decisiones sobre el Upac. Fueron en su momento respetables pero tuvieron impacto importante sobre el mercado de la vivienda hipotecaria. Esas decisiones pueden dar al traste con una política gubernamental, por eso es muy importante que la Corte entienda el impacto que puede tener una decisión sobre la vida económica del país. Puede que por favorecer a unos deudores uno termine generando unos incentivos perversos para la financiación de vivienda en el país. Es sólo un ejemplo.
¿Cómo interpretó el fallo de las megapensiones?
Creo que es un fallo muy importante para generar los incentivos apropiados y que en materia pensional haya tratamiento equitativo entre quienes cotizan y quienes no. No quisiera pronunciarme más porque seguro van a seguir llegando tutelas relacionadas y no quisiera declararme impedido.
¿Le quitaría funciones nominales a la Corte?
En general, no es bueno que las cortes tengan funciones electorales. Podrían vivir sin esas funciones, no es su rol sustancial, lo que pasa es que no es decisión de la Corte ni de sus magistrados sino del constituyente.
¿Cuáles son esos derechos fundamentales que más necesitan protección en Colombia hoy?
Diría que los de las comunidades más vulnerables y más discriminadas, sobre todo las minorías.
¿Los taurófilos son minoría?
(Risas) Creería que sí. Lo importante es respetar las decisiones que ha tomado la Corte en esa materia. No quiero decir más porque es un tema que está en mi despacho. Pero cuando hablo de minorías me refiero a grupos tradicionalmente marginados por género, por edad, por condición social, por motivos raciales y culturales.
¿Mantiene su postura de que la Corte no debe formular políticas públicas?
Lo sostengo: la Corte tiene es que fallar. Las políticas públicas les corresponden al Legislador y al Ejecutivo. Ahora, cuando el Legislador o el Ejecutivo omiten formular políticas públicas y un caso llega a la Corte, sí le corresponde fallar en esos temas, le toca ‘jalarles las orejas’ a los demás órganos. El Congreso y el Ejecutivo tienen muchos más instrumentos y conocimientos para formularlas que la Corte con nueve magistrados, pero si fallan, la Corte no se puede cruzar de manos.
Usted no es constitucionalista. ¿Ya no es necesario serlo para llegar a la Corte Constitucional?
Me criticaron mucho por, supuestamente, no saber derecho constitucional. Pero la misma Constitución quiere que todos los magistrados no sean constitucionalistas. Lo que quiso el constituyente fue que con los distintos puntos de vista se contribuya a que la calidad de las decisiones sea la mejor. Además, desde la Constitución del 91 todo el derecho se volvió constitucional.
El ministro de Salud dijo una vez que la Corte quiere que todos coman langosta. ¿Cómo mediar entre el impacto económico y derechos fundamentales?
Hay un artículo muy bueno de Rodrigo Uprimny , titulado “Kant y la salud”, sobre la tutela concedida a Camila Abuabara. En él se refiere al imperativo categórico de Kant (que toda conducta pueda volverse regla universal). Sería ideal que todos comiéramos langosta, pero infortunadamente los recursos son escasos. Si uno les da langosta a los primeros puede que deje sin comida a los últimos, que podrían ser los más pobres.
¿Hay alguno de los grandes fallos de la Corte (aborto, comunidad LGTBI) en los que usted se declare en completo desacuerdo?
No, afortunadamente con ninguno. Algunos no los comparto en su integridad, pero los respeto. Además ya son casos que han hecho tránsito a cosa juzgada, mi labor es seguir las líneas jurisprudenciales en esa materia.
¿Cree que verá a alguna de las mujeres de su terna, Catalina Botero o Magdalena Correa, en la Corte?
Ambas pueden llegar a la Corte. Es que llegar es muy difícil, ser ternado no es fácil, pasar por el Congreso es complicado, y creo que ambas aprendieron de sus pérdidas: es toda una empresa, hay que contratar gente, alquilar un salón en el Hotel Ópera, dejar de trabajar y dedicarse de lleno a eso. Uno siempre debe aprender de sus derrotas.
En campaña, ¿sintió que era el favorito?
Uno debe ser un optimista moderado. Mi satisfacción es haber logrado un gran consenso entre las bancadas más representativas: las de la Unidad Nacional y el Centro Democrático. Hasta logré convencer al expresidente Uribe de que votara por mí.
¿La cuarta es la vencida?
La cuarta es la vencida. Finalmente logré llegar a donde quería llegar. Ahora empieza lo más difícil, pero también lo más apasionante: crecer intelectualmente todos los días.