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Los juegos de poder en el DAS

Los casi siete años de vía crucis que ha venido padeciendo el organismo tienen como denominador común el fantasma del paramilitarismo que se tomó la entidad y del que no ha podido sacudirse para espantar ese karma.

28 de febrero de 2009 - 05:00 p. m.
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“En los últimos tiempos en el DAS funcionaban varios DAS”. Así describe un alto ex funcionario de la institución los juegos de poder que determinaban las decisiones estratégicas de la política de inteligencia de la entidad. Adentro, con el ojo vigilante de la Presidencia de la República, mandaba Jorge Noguera. Afuera, paralelamente, sin el mismo control, un grupo de ex militares y civiles entraba y salía del organismo impartiendo órdenes. En la trasescena los ilegales esperaban su turno para adueñarse del poder absoluto.

A los seis meses del Gobierno Uribe, cuando Colombia empezaba a constatar los primeros éxitos de la política de seguridad democrática, el bombazo contra el exclusivo Club El Nogal, en Bogotá, el 7 de febrero de 2003, sacudió los cimientos de la policía secreta y la cúpula se percató de que estaba en pañales en términos de armamento y tecnología para enfrentar al terrorismo. “Noguera, como jefe, y Giancarlo Auque, como director de Inteligencia, coordinaron la compra de sofisticados equipos para perfeccionar la labor del DAS y empezaron a elegir ‘blancos’ para contrarrestar la embestida de las Farc”, contó un ex detective.

Con grabadoras y cámaras miniatura, utilización de oficinas satélite y una flotilla de taxis a su servicio en las principales ciudades de Colombia, los sabuesos del DAS empezaron a rastrear a cuanto escenario y personalidades les pareciera significativo para resolver el rompecabezas del siniestro atentado que dejó a 36 personas muertas y a casi 200 más heridas. A su vez, en las seccionales de la entidad se fortaleció el trabajo de interceptación de comunicaciones y seguimientos. La alarma fue tan mayúscula que la inteligencia trascendió las fronteras patrias.

El vil ataque a El Nogal se aclaró muy rápido y el éxito lo cobró por ventanilla Jorge Noguera y su equipo de investigadores del DAS. En abril ya estaban capturados los autores materiales del crimen y se probó el nexo con las Farc. A la sombra, el positivo era también un triunfo de los asesores externos que poco frecuentaban la sede del DAS, pero que daban órdenes a diestra y siniestra. Muchas de ésas salían del piso 27 de Residencias Tequendama, epicentro de actividades del industrial Pedro Juan Moreno Villa, ex secretario de Gobierno de Álvaro Uribe en sus tiempos de gobernador de Antioquia.

A pesar del éxito para descifrar el misterio del atentado a El Nogal, el DAS entendió que la amenaza tenía insospechados tentáculos. Por eso decidió desplegar una operación de inteligencia nacional para detectar los nexos de las Farc. “Se infiltraron y ‘chuzaron’ sindicatos, opositores políticos, periodistas, ONG, e incluso se ordenó penetrar —y se logró— el Palacio de Miraflores, en Caracas, porque en medio de la paranoia del terrorismo, las sospechas venían de todas partes”, reveló un poderoso ex funcionario que además relató que dos agentes, fungiendo de portero y mesero, aportaron detalles de todo cuanto pasaba en Venezuela.

Sin embargo, más allá de Jorge Noguera y su séquito de colaboradores y de los asesores externos, entre quienes se contaban los cuestionados generales (r) Rito Alejo del Río, Iván Ramírez Quintero (ambos en prisión) y Rafael Hernández, la mafia del paramilitarismo iba copando sus propios espacios en el organismo de inteligencia. En octubre de 2003, en la denominada ‘Operación Ciclón’, el DAS iba a allanar bienes en Santa Marta del narcotraficante Hernán Giraldo Serna, pero el operativo se frustró por orden de Noguera. Desde entonces, según la Fiscalía, “Noguera puso al DAS al servicio de los paramilitares”.

El primer escándalo vino en enero de 2005 por cuenta del director de Informática, Rafael García, quien fue denunciado por Jorge Noguera de borrar antecedentes de paramilitares y ‘narcos’. El asunto pasó de largo, García no dijo nada, pero cuando la Fiscalía lo acusó en septiembre se fue lanza en ristre contra su ex jefe y puso a temblar al DAS. Paradójicamente, Noguera salió un mes después por otro episodio bochornoso: una pelea con el subdirector José Miguel Narváez, a raíz de una grave denuncia: alguien estaba montando una central de inteligencia paralela al servicio del narcoparamilitar Carlos Mario Jiménez, alias Macaco.

Asumió Andrés Peñate, ajeno a todo el desorden, pero llegó a heredar el escándalo que habían formado Noguera y sus segundos, y el cuerpo de asesores externos, entre quienes también estuvo antes de llegar al DAS el alicaído ex subdirector José Miguel Narváez, de la misma cuerda de Pedro Juan Moreno y Rito Alejo del Río. Con un agravante para el DAS paralelo: en febrero de 2006, mientras hacía campaña al Senado de la República, el polémico Pedro Juan Moreno murió en un sospechoso accidente aéreo y dejó acéfalo este conciliábulo de allegados al organismo que hizo del DAS un apéndice de militares retirados.

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A partir de entonces, el DAS se hizo trizas por cuenta de las delaciones de Rafael García y el consecuente escándalo de la parapolítica. La sumatoria de revelaciones aún da de qué hablar. Apalancados en un presunto fraude electoral, la penetración del paramilitarismo a través de Jorge 40 para repartir los escaños al Congreso, las Asambleas y los Concejos en un vasto sector de la Costa Atlántica; la maquiavélica campaña de exterminio de sindicalistas con listas filtradas desde el organismo de inteligencia; los falsos positivos ideados por Emilio Vence Zabaleta para quedar bien con el Gobierno; una sucesión de despropósitos que dejó al DAS en el peor de sus momentos.

Noguera terminó en la cárcel, la parapolítica hizo de García su testigo estelar y Andrés Peñate logró revivir al muerto. El DAS recobró su protagonismo, y en la misma línea de ex militares expertos en inteligencia, a los cuadros directivos del organismo llegaron, entre otros, Fernando Tabárez, ex oficial de la Armada y su colega Jorge Alberto Lagos. Los dos peritos en la poligrafía y el seguimiento de objetivos, pero más cercanos a las Fuerzas Militares que al propio DAS y, por extensión, al Gobierno. De alguna manera, la Policía Nacional, más curtida en estos asuntos, estaba por fuera del juego. Tenía sus propias redes para apoyar al Estado en sus labores de seguridad nacional.

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Se había interrumpido la secuencia con algunos intervalos. Desde los combativos tiempos del general (r) Miguel Maza Márquez en la segunda mitad de los años 80, con un espacio de civiles al mando entre 1991 y 1996, la Policía estaba al frente del DAS. Primero el general Luis Enrique Montenegro en la etapa final del gobierno Samper y después el coronel Germán Jaramillo en los tiempos del presidente Pastrana. De la noche a la mañana se había roto una tradición. Los militares eran expertos en inteligencia humana, pero desde el escándalo del proceso 8.000 la Policía reinaba en asuntos de inteligencia técnica. Tarde o temprano el asunto iba a saldarse en beneficio del Estado.

Andrés Peñate tranquilizó las aguas, pero dejó el cargo en agosto de 2007, argumentando que no le alcanzaba el sueldo. Asumió la dirección María del Pilar Hurtado. Durante su administración siguió implementando pruebas de polígrafo y depurando a la institución, aunque fue vista más como administradora que como experta en inteligencia. En abril de 2008 tuvo su primer traspié. Se le llamó el escándalo de Job y, en esencia, se trató de la polémica reunión en la Casa de Nariño entre emisarios del jefe paramilitar Don Berna y funcionarios de Palacio, episodio calificado por la Corte Suprema como un complot en su contra.

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A ese encuentro asistió la subdirectora de análisis del DAS, Marta Leal, quien hoy está en el ojo del huracán porque, según la Procuraduría, elaboró un informe falso de dicha reunión el mismo día que la revista Semana destapó el escándalo haciéndolo pasar como si se hubiese hecho al día siguiente de la controvertida cita. María del Pilar Hurtado también está investigada disciplinariamente por los mismos hechos. Pero su salida del DAS en octubre pasado tuvo otro origen: los seguimientos ilegales ordenados por el DAS al senador Gustavo Petro y a miembros del Polo Democrático. La propia Corte Suprema advertía entonces que el DAS los acosaba.

Desde entonces la historia se conoce y se buscan culpables. El 22 de enero se posesionó Felipe Muñoz como director del DAS y al ajustar su primer mes hizo metástasis la crisis. Todo el mundo estaba ‘chuzado’. Los políticos de la oposición, periodistas, el propio Gobierno, magistrados de la Corte y quién sabe cuántos más. ¿Desde dónde se hacía? ¿Qué controles se hicieron? En medio del despelote en que se convirtió el DAS nadie da razón. Todos sacaban información y desde las casas paralelas, las oficinas fachada de abogados o las camionetas deambulantes salían los reportes sin saber los destinatarios.

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El jefe de contrainteligencia, Jorge Lagos, se convirtió en un personaje temido y odiado porque decidía la suerte de los agentes y se sabía más cercano al Gobierno que al DAS. Del jefe de Inteligencia, Fernando Tabárez, se decía que le reportaba más a la Armada que a Pilar Hurtado. Los ruidos del poder en la época de los asesores ex militares criticaban e intrigaban sin contemplaciones. Los ilegales trataban de penetrar al organismo al tiempo que huían del acoso del Estado. Unos y otros ‘chuzaban’. Hasta que explotó el último escándalo. Hoy todos se preguntan quién lo provocó y con qué propósitos. Lo único cierto es que devolvió al DAS a sus orígenes.

El pasado jueves 26 de enero el presidente Álvaro Uribe anunció que el DAS perdió la autonomía de rastrear las conversaciones telefónicas en desarrollo de cualquier proceso judicial y puso a la Policía a corroborar la autenticidad de los procedimientos. En otras palabras, les entregó la responsabilidad al DAS y a la Policía de controlarse mutuamente. Como en los tiempos de Maza Márquez o en la era Jaramillo. ¿Ganó el país y se salvó el DAS? En una semana vuelve el Congreso a ejercer control político, el periodismo no va a descansar un segundo. La crisis del DAS es la crisis del país. La Fiscalía tiene la palabra.

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Los escándalos del DAS: cae Jorge Noguera

Seis días antes de que se cumplieran los 52 años del DAS, uno de los escándalos más grandes que empezaba a desdibujar la imagen del organismo de inteligencia del Estado se consolidó con la salida de su director, Jorge Aurelio Noguera Cotes.

Ocurrió el 25 de octubre de 2005, luego de los enfrentamientos que sostuvieron Noguera Cotes y José Miguel Narváez, el subdirector de la institución. En ellos se reveló que el DAS había sido infiltrado por los paramilitares.

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La pelea entre las dos cabezas de la institución, que hoy tiene preso a Jorge Noguera, inició cuando un ex detective recurrió al subdirector para decirle que él había comprado un expediente que le fue entregado al narcotraficante alias Jabón.

Con ese relato y otros que contó Rafael García, ex jefe de informática del DAS, se conoció una parte de cómo el organismo de inteligencia, por orden de su director, estaba al servicio del narcotráfico y los paramilitares.

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Los escándalos del DAS: se va  María del Pilar

 Tres años después de haberse conocido que el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) estaba al servicio de las mafias y los ‘paras’, otro escándalo generaba una nueva salida de su cabeza.

El 23 de octubre de 2008 la directora del organismo de inteligencia estatal, María del Pilar Hurtado, presentó su renuncia ante el presidente Álvaro Uribe, luego de reconocer que el director de Asuntos de Inteligencia Política y Social del DAS, Jaime Ovalle, estaba realizando labores de seguimiento e interceptaciones de las llamadas del senador Gustavo Petro y otros dirigentes de partidos opositores al Gobierno Nacional.

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Cuatro meses después de su salida, y por una nueva actuación ilegal del DAS, María Hurtado manifestó, a través de un comunicado de prensa, que estaba dispuesta a que se abriera una investigación en su contra por sus actuaciones cuando ejerció la dirección del organismo de inteligencia.

Los escándalos del DAS: la era Muñoz

El pasado sábado 21 de febrero un nuevo episodio ilegal envolvía a la institución al servicio del Ejecutivo. La revista Semana reveló que magistrados, políticos y periodistas estaban siendo ‘chuzados’ por el DAS.

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Este reciente hecho generó un enorme ruido en los medios de comunicación, reuniones de alto nivel y el anuncio de denuncia de la Corte Suprema de Justicia ante la ONU y la OEA del caso.

El asunto, sin que haya concluido aún, derivó en que el presidente Álvaro Uribe indicó que el organismo de seguridad pasará a ser una dependencia más de la Policía Nacional, también cuestionada por interceptaciones y que trajo consigo la baja de varios generales.

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