En el norte de Bogotá, Javier Espinosa fue robado y apuñaleado. A los pocos minutos y cerca del lugar de los hechos, fue detenido Federico Ordoñez*, con un cuchillo plateado y un billete de dos mil pesos manchado de sangre.
Posteriormente un estudio genético arrojó el resultado que era una proporción de 1582 millones de veces más probable que fuera de sangre de la víctima que de cualquier otra persona elegida al azar.
Antes de obtener el resultado de los estudios, Federico fue dejado en libertad por falta de pruebas, pero luego la Fiscalía ordenó su detención. Ante un juez, Ordoñez aceptó los cargos de homicidio agravado en concurso con hurto calificado agravado. Fue condenado, entonces, a 18 años de prisión.
Su apoderado decidió apelar la sentencia, argumentando que Federico había actuado "llevado por el temor y la inconsistencia", argumentando que era inocente y que tenía derecho a retractarse.
Para comprobar esto, Federico indicó que el verdadero autor de los hechos había sido una tercera persona, y que esto lo podían confirmar dos testigos que habían presentado una denuncia penal ante la Fiscalía en marzo de 2006. En esa misma denuncia afirmaron que la única intensión de Ordoñez fue la de "auxiliar a la víctima".
Ante la Fiscalía presentaron una historia del asesinato diferente. Indicaron que los cuatro, Federico, los dos que denunciaron y el supuesto verdadero asesino, salieron de la casa de uno de ellos hacia la vivienda del último; cuando cerraban la puerta, éste se adelantó. Al llegar a la esquina, todos se dieron cuenta que estaba apuñalando a un joven con una navaja.
Federico, "al darse cuenta de lo que sucedía, quiso auxiliar a la víctima, como interponiéndose entre los dos. Después salieron corriendo, pero a la distancia de una cuadra pudieron observar que una patrulla de la policía había capturado" Federico y el presunto verdadero asesino. "La patrulla siguió su recorrido en su compañía y minutos más tarde, a raíz de un llamado que le hicieron por radio, se digirió al sitio de los hechos, donde recogieron el herido, dejándolos a ellos en esa dirección. Tan pronto la patrulla se ausentó, emprendieron de nuevo carrera, pero en la huída fue capturado Federico, quien fue dejado en libertad en las horas de la tarde", indica la versión ante la Fiscalía.
Los que hicieron la denuncia afirmaron que Federico aceptó los cargos por que su abogado lo asesoró mal, indicándole que si actuaba a su manera, recibiría rebajas y beneficios, además porque tenía por su vida porque la familia del "verdadero autor del homicidio" es muy peligrosa.
Pero la Corte Suprema de Justicia decidió que las pruebas aportadas en un principio, es decir el billete, el testimonio de un vigilante de la zona y que Federico haya aceptado los cargos en primera instancia, son suficientes para encontrar culpable a Ordoñez.
"El simple ejercicio de contraponer a las pruebas que sirvieron de sustento a la decisión de condena, afirmaciones de personas que relatan una verdad histórica distinta, en procura de minar sus conclusiones, resulta inane en sede de revisión, porque la declaración de justicia que contiene la cosa juzgada se halla revestida de las caracterizaciones de definitividad e intangibilidad, que la tornan inmodificable, y porque la revisión no es, como ya se dejó dicho, un espacio procesal establecido para reintentar debates probatorios ya superados", puntualizó el Alto Tribunal.