El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

“Me han tildado de ser una mujer sangrienta”

‘Karina’ niega ser la autora del asesinato de Alberto Uribe Sierra. Pasadas las primeras 24 horas de su entrega, El Espectador revela más detalles de la desmovilización de esta guerrillera.

19 de mayo de 2008 - 05:44 p. m.
PUBLICIDAD

Nelly Ávila Moreno, alias Karina, se consolidó en los últimos años como el arma secreta de las Farc para sembrar el terror en el sur de Antioquia y el oriente de Caldas. Para el gobierno Uribe se volvió en un verdadero reto su captura. Hace menos de un año dio a conocer las recompensas que ofrecía por ciertas cabecillas de la organización guerrillera y Karina figuraba en el nivel dos de importancia, después de hombres como Manuel Marulanda y el Mono Jojoy, y en el mismo renglón de otros miembros del secretariado como Raúl Reyes e Iván Márquez. Dar información que condujera a su captura podía significar $1.500 millones en el bolsillo.

Cuando el miembro del secretariado Iván Ríos fue asesinado por Pedro Pablo Montoya, alias Rojas, el hombre que ella había cedido de su propio anillo de seguridad para escoltar al comandante del Bloque Noroccidental, Karina se llenó de miedo. “Claro que pensé que lo mismo me podía pasar a mí. Uno tiene mucho combatiente al lado, algunos piensan en la situación económica, y como se daba tanto dinero por la vida mía…”, expresó ayer, frente a periodistas de todo el país, hombres de la Fuerza Pública y agentes del DAS.

Luego del cerco que comenzó a tejerse hace cinco años, cuando el Presidente instó a la Fuerza Pública a capturarla, hace dos años la líder del frente 47 había desaparecido del mapa. Los organismos de seguridad creían que estaba en el Tolima, por una decisión del bloque de bajarle su perfil. En cierta forma, ella misma ratificó la información. Contó que la mandaron a un frente que opera en Caquetá, que desde entonces no se comunica ni con el frente, ni con el bloque ni con el secretariado. “No tenía comunicación ni siquiera con los jefes de prensa”.

Karina tiene un largo prontuario por el cual responder ante las autoridades. Según el Ejército, dirigió la masacre de La Chinita, un barrio de Apartadó (Urabá antioqueño) al que hombres armados llegaron en la madrugada del 23 de enero de 1994 y masacraron a 34 hombres y una mujer. Aunque el grupo de esta guerrillera operaba en el suroriente de Antioquia y en Caldas, donde ella era considerada la ‘reina’ del secuestro y la extorsión; Karina comenzó en el frente 57. Lo que explica también por qué las Fuerzas Militares la acusan de haber participado en otras incursiones, como la de Bagadó (Chocó), en 1997, donde 17 soldados fueron secuestrados y 10 más asesinados.

No obstante, a pesar de la fama de sanguinaria que la precedía —edificada con relatos de los mismos desmovilizados de su frente—, y sin ningún rubor; Karina manifestó que la acusan de hechos de los que no ha sido autora material ni intelectual. Entre ellos, el del asesinato de Alberto Uribe Sierra, padre del presidente Uribe. “Me han tildado a diario de ser una mujer sangrienta”, expresó con serenidad, como si quisiera dejar la sensación de que es todo lo contrario.

El Espectador consultó fuentes militares en Antioquia, quienes aseguraron que por la trayectoria que habían estudiado de ella no creían posible que estuviera involucrada con el asesinato de Uribe Sierra. Lo que no disminuye su carácter violento. Karina tendrá que responder por seis procesos por rebelión, secuestro, desplazamiento, homicidio y daño en bien ajeno. Será la justicia y el Gobierno los que deberán probarle a la mítica ex comandante del frente 47 de las Farc que, contrario a lo que ella dice, es mucho más sanguinaria de lo que hasta ahora se sabe.

Los helicópteros que sacaron a ‘Karina’

A las 5:15 p.m. llegó a la base de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) en Rionegro la orden de “ir a evacuar una carga valiosa”. Veinte minutos más tarde, aterrizaron en área rural de Sonsón dos helicópteros. En uno iba el comandante de la IV Brigada, el director del comando aéreo de combate número cinco, oficiales del Ejército y una pareja de tiradores de precisión. Ellos escoltaban a la segunda aeronave, encargada de recoger a Karina y en la que viajaba su hija, requisito pedido por ella a la hora de rendirse.

El clima no favoreció la operación. Llovía y había muchas nubes. “Nosotros pensamos que podía ser una emboscada. Nuestra única garantía era que íbamos con la hija”, contó a El Espectador Thanatos, el oficial de la FAC que piloteó la nave en la que sacaron a Karina y a su compañero sentimental alias Michín . “Fue el único momento que tuvieron para hablar madre e hija. Se notaba que no se veían hacía mucho tiempo”.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias