En una avalancha de mentiras y contradicciones incurrió Jesús Alberto Martínez Durán dentro de sus declaraciones para esclarecerla muerte de Luis Andrés Colmenares Escobar. Con su actuar, según la juez 46 de conocimiento de Bogotá, se afectó gravemente la administración de justicia y el derecho de las víctimas a la verdad.
Pese a admitir en cinco oportunidades ante diferentes fiscales que él había sido testigo directo de la golpiza que recibió Colmenares Escobar en la madrugada del 31 de octubre de 2010, e incluso insistir en que había sido una de las personas que lo había golpeado y posteriormente ayudado a subir su cuerpo “no sé si con vida o no”, y decirle a Carlos Cárdenas que lo llevara a un centro médico, Martínez Durán presentó una retractación de sus señalamientos y aseguró que había recibido dinero para dar sus declaraciones.
El procesado aseguró que el abogado Alonso Palomino lo contactó en la ciudad de Barranquilla para que declarara en esta investigación a cambio de una compensación económica. Martínez Durán aseguró que le dijeron que era necesario que involucrara a Cárdenas con los hechos, así como a un joven identificado como Daniel Giraldo y a la abogada Aidé Acevedo.
Fue ahí que se le entregó una especie de libreto con el fin de que se memorizara los hechos que iba a declarar ante la Fiscalía. En su aceptación reconoció que el documento decía que tenía que asegurar que él estaba pasando por el parque El Virrrey cuando vio a un grupo de jóvenes golpear a una persona que portaba una chaqueta roja y que estaba en estado de indefensión, que el cuerpo del joven malherido había sido subido a una camioneta de color negro y que luego habían arrojado el cuerpo al canal de aguas que cruza el lugar.
Según la información que le dio el abogado a Martínez, el libreto fue entregado por el fiscal 11 de la Unidad de Vida, Antonio Luis González –quien en esos momentos tenía a su cargo una de las investigaciones- con el fin de que se involucrara “como fuera” a Carlos Cárdenas en estos hechos, ya que se tenían indicios de su participación pero debía ser vinculado de manera formal. Además se tenían que señalar, bajo la gravedad de juramento, a otras personas cuyas fotografías le fueron puestas de presente.
En esa oportunidad se le pasó un álbum fotográfico en el cual aparecía el rostro de Aidé Acevedo. En ese momento se le aseguró que tenía que memorizar todos los detalles y cuando fuera el caso señalarla a ella en un proceso de identificación. Al otro día viajó a la ciudad de Bogotá y se quedó en un hotel ubicado en el sector de Patio Bonito. Hasta allá llegaron los investigadores y el fiscal que le tomaron la declaración. “El doctor Palomino conocía al fiscal González, pero no participó en esa diligencia”.
Al otro día la declaración se la tomó la fiscal cuarta delegada ante la Corte, Martha Lucía Zamora Ávila. Allí vinculó a Carlos Cárdenas, Laura Moreno y Daniel Giraldo (al que mencionaba como el joven con el disfraz de bebé) de haber participado en la golpiza. Debido a esta declaración se le abrió una investigación formal a los dos jóvenes, e incluso su testimonio fue parte del escrito de acusación contra Cárdenas Gómez.
Igualmente dio los números de matrícula de la camioneta negra que presuntamente estaba en el lugar de los hechos, así como un automóvil que llegó poco después al sector a recoger a algunos de los agresores. Sin embargo, se pudo establecer en ese momento que las matriculas no coincidían con las descripciones dadas, así mismo los dueños de los vehículos aseguraron que no habían estado en el parque ese día y presentaron todas las constancias para demostrar su dicho, algo que Martínez Durán no pudo hacer.
Las contradicciones
Sin embargo, con el tiempo las contradicciones se hicieron más evidentes y comunes en sus declaraciones. Martínez pasó de testigo a actor, y de un simple mirón a amigo de Cárdenas y su grupo de compañeros. Fue tanta su cercanía que incluso pudo tomar una foto con su celular de la camioneta a la distancia y luego ayudar a los presentes a subir el cuerpo de Colmenares Escobar al baúl del mismo y luego acompañarlos a dar una vuelta por el lugar en el mismo vehículo.
“Siempre entregó una información fraccionada”, precisó la jueza al citar la investigación de la Fiscalía, quien no contó con una colaboración clara y precisa del hombre de 40 años quien pese a asegurar que tenía todas las pruebas para comprobar su versión, luego dijo que se las habían robado y que debido a las amenazas en contra de su integridad personal y la de su familia prefirió ocultar detalles, nombres y fotografías.
Un hombre, conocido como ‘Arturo’ habría sido acribillado en el hecho y junto a él se habían perdido la memoria USB que contenía las fotografías así como otras pruebas. Los testimonios permitieron inferir que pese a que dicha persona si existía al parecer hacia parte a una banda dedicada a la extorsión y al huerto en el norte de la capital de la República, nunca se pudo inferir que este en efecto portara consigo todos los datos que le adjudicaba Martínez Durán, quien hasta ese momento no contaba con una prueba clara.
Incluso llegó a decir que una de las personas a las que le había dado a guardas las fotografías había sido asesinado en confusos hechos registrados en un bar de la capital de la República, en el cual hombres fuertemente armados le dispararon a todos los asistentes. “Pese a que en ese momento no había colaborado de manera efectiva con la investigación” se le otorgó la protección que estaba solicitando puesto que su vida corría riesgo, así como la colaboración que iba a entregar para esclarecer los hechos dentro del considerado mayor juicio de connotación nacional.
Pese a esto, se ratificaba siempre en los números de la camioneta negra que había llegado al sector, así como en el hecho de que Daniel Giraldo le había propinado un puntapié a Colmenares Escobar. Al hacer una inspección a los vehículos mencionados los investigadores nunca pudo hallar una prueba que permitiera ubicar la presencia de sangre o algún tipo de rastro, y mucho menos que el carro hubiera sido lavado para borrar toda la evidencia.
Cada día que pasaba la declaración de Martínez Durán entraba en un manto de duda para los investigadores. Él seguía asegurando que había estado ahí y hacia constantes señalamientos a las personas que habrían participado en la golpiza. Incluso mencionó a dos hombres “con pinta de escoltas” que tenían relación con la familia de Laura Moreno.
Poco después aseguró que un hombre de tez negra que había estado en el parque era amigo de la abogada Aidé Acevedo, quien lo habría amenazado y presionado para que no contará toda la vedad. “Poco tiempo después su versión”. Igualmente, pese a identificar a Daniel Giraldo “los testimonios recolectados en la investigación permitieron establecer que él no estaba en la zona en ese momento sino en un bar en el occidente de la ciudad”.
El ahora condenado aseguró que tenía dos videos que mostraban el momento en que Colmenares era golpeado y dos recibos para sustentar su versión, dichos registros también desaparecieron. En ese momento el testigo aseguró que temía por su vida y dijo que no podía seguir ayudando a la Fiscalía. Ante esto recibió protección del Gobierno, quien le dio una casa para que viviera con su familia y seguridad para que no le pasara nada malo.
En junio de 2013 el testigo se retractó de su dicho y manifestó que no le constaba nada de lo que había dicho. En la audiencia celebrada este lunes –en la que fue condenado a siete años de prisión- Martínez Durán se mostró consternado y arrepentido de su actuar. Según su defensa, él ahora si está ayudando a esclarecer los hechos que rodearon lo que se ha denominado la compra de falsos testigos dentro del caso Colmenares.