El despojo de tierras se ha vuelto un tema de importancia en el marco de las acciones de los grupos armados durante las últimas décadas y se han publicado varias estimaciones sobre el número de hectáreas perdidas: 4, 5, 6 y hasta 10 millones durante las últimas décadas. ¿Pero sabemos cómo han sido despojados, sabemos desde hace cuándo se están dando estos procesos, que tienen, en una región como la Costa Caribe, raíces históricas de latifundios y luchas campesinas por la tierra?
Entre muchas otras formas, el despojo se relaciona con ocupación violenta mediante el uso de las armas; con compraventas forzadas y a menos precio; con la falsificación de títulos, el embargo y remate de propiedades abandonadas y con la revocación de títulos de parcelas de reforma agraria. Es decir, con procesos violentos, leguleyos y en buena parte invisibles… Por ello es tan importante conocer las múltiples memorias del despojo que cuentan sus víctimas principales, hombres y mujeres campesinas que ahora engrosan las filas de la población desplazada.
La reflexión del campesino citado abarca no sólo la constancia histórica del fenómeno, sino otro elemento para las víctimas, pues encubre un sentimiento de futuro incierto, edificado sobre la negación de la memoria. Poco o nada ha sucedido, excepto que el campesinado ha continuado perdiendo la tierra. Y la violencia sigue, como muestra el reciente asesinato de Rogelio Martínez, dirigente de una asociación de víctimas que reclamaba la restitución de la finca La Alemania, en San Onofre, despojada por paramilitares del bloque Héroes de Montes de María a finales de los años noventa.
En este contexto las mujeres campesinas sufren una doble desventaja. Tradicionalmente, sus derechos a la tierra han sido poco valorados. Además, la informalidad de la tenencia de la tierra las afecta de manera protuberante, cuando se trata de acciones de restitución. Un caso conocido es el de la líder cordobesa María Zabala. Después de perder sus tierras, ahora como nueva adjudicataria, es la deuda la que amenaza a despojarla de su parcela.
El pasado también ha conocido épocas de esperanzas, de luchas no-violentas por la tierra, o recuperaciones como se llamaba en otros años. El movimiento campesino de aquel entonces ha sufrido tremendos estragos por la violencia. Las tierras una vez ganadas, ahora aparecen perdidas. El rescate de la memoria colectiva del movimiento campesino muestra que éste no ha sido aniquilado, sino transformado en múltiples expresiones organizativas a nivel local. Todos estos temas se abordan en el Informe sobre Tierras y Conflicto del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, que será presentado en la III Semana por la Memoria (septiembre 20-30 de 2010).
* Investigadora del Grupo de Memoria Histórica de la CNRR y coordinadora del informe sobre tierras.