“En ese tiempo toda la sociedad tuvo miedo; al otro día las personas se quedaron encerradas en sus casas, no salieron a manifestarse, no salieron a nada porque tenían miedo. Pero ahora es muy diferente. A nosotros nos desaparecieron a nuestros hijos y no nos hemos quedado en casa. Hemos salido y hemos dicho que vamos a salir a las calles el tiempo que sea. Damos la vida por nuestros hijos. Si seguimos callados teniendo miedo, pues el gobierno va a hacer lo que quiere”. Así respondió Cristina Bautista, madre de Benjamín Bautista, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, a la pregunta sobre cómo hacer para que lo sucedido con su hijo no quede en la impunidad, como ocurrió con la matanza de Tlatelolco.
Una masacre perpetrada por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, el 2 de octubre de 1968. Valga recordar que los 43 normalistas fueron desaparecidos, precisamente, cuando regresaban de una manifestación en conmemoración de esa masacre. Para Bautista la principal diferencia entre Tlatelolco y Ayotzinapa es que los mexicanos ya no tienen miedo. “El 26 de septiembre de este año lloré de alegría porque veía a las amas de casa que me decían ‘acá estamos, no están sólos’, vi mujeres embarazadas, mujeres con sus hijos, abuelitas, abuelitos, todo el mundo se levantó. México se ha dado cuenta lo que hace el gobierno; México ya no tiene miedo”.
Bautista se encuentra en Colombia, junto con Bernabé Abraján, padre de Adán Abraján, para participar en un evento convocado por la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios (ACEU), para denunciar los casos de desaparición forzada que han involucrado a universitarios de todo el país. Y es que como Abraján lo dice, “no sólo en Guerrero hay desapariciones sino en todos los Estados, en todos los países”.
La mejor muestra de ello son, precisamente, todas las historias alrededor de la búsqueda de los 43 normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos el 26 de septiembre de 2014. A ellos, por ejemplo, los busca el Equipo Argentino de Antropología Forense, un grupo de expertos que se creó en 1984, con el objetivo de encontrar a los desaparecidos por la dictadura, entre 1976 y 1983, muchos de los cuales no han aparecido.
Su caso, igualmente, es analizado por un grupo de expertos nombrado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y cuyos miembros carga, cada cual, con su propia historia. Como la exfiscal colombiana Ángela María Buitrago, quien durante años investigó lo sucedido en el Palacio de Justicia, entre el 6 y 7 de noviembre de 1985, un hecho que no ha sido esclarecido tras 30 años de ocurrido.
O como la exfiscal guatemalteca Claudia Paz y Paz, quien adelantó las investigaciones por violaciones contra los derechos humanos en Guatemala durante la dictadura de Efraín Ríos Montt. O como el médico español Carlos Beristain, quien coordinó la realización del informe “Guatemala: nunca más”, sobre estas mismas violaciones. Son muchas las historias, pero fue a Abraján y a Bautista a quienes les tocó convertirse en el rostro de una tragedia de todo el continente.
“Es difícil para nosotros. Mi nieto, José Ángel, ha tenido problemas en la escuela. Un día que fue su cumpleaños, a unos compañeros que han ido a visitarnos les dijo que quería una piñata de un policía y le dijeron que por qué quería la de Policía y les dijo que porque quería desquitarse de lo que le hicieron a su papá”, dice Abraján.
“El secretario de Gobierno, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo, en su momento, ‘ya basta de culpar al gobierno federal’. ¿Por qué no dice Osorio Chong ‘ya basta de tanta impunidad, ya basta de tantos desaparecidos, de tanto criminalizar a los estudiantes? Aunque no lo quieran aceptar, fue el Estado mexicano, en los tres niveles, el responsable y a él le exigimos la presentación, con vida, de nuestros hijos. No estamos cansados, estamos desesperados de no saber de nuestros hijos”.
Para Bautista esto “es una tortura por parte del gobierno, porque no veo a mi hija menor, no veo a mi hija mayor, no puedo ver a mis nietas”. Todo por andar buscando a su hijo. “Si no hubiera pasado esto, estuviera en mi casa”, dice Bautista. Con Benjamín, seguramente. Pero a él lo desaparecieron. Bautista y Abraján hablan en presente de sus hijos. Para ellos no están muertos y mucho menos calcinados, como les dijo en su momento el gobierno. Luego los peritos argentinos les dijeron que esto no era cierto. Por ello piden que se los regresen con vida. Y pronto. Que no tengan que esperar como los familiares de los desaparecidos en Argentina, en Guatemala o en Colombia.