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“Pido al Eln que me entregue los restos”: Cecilia González

La mujer acudió a todas las instancias posibles para saber si su hijo Javier Alvernia había muerto en cautiverio. Ella cree que ya falleció y solo espera que guerrilla le cuente cómo fueron sus últimas horas de vida.

31 de marzo de 2016 - 09:18 p. m.
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Luego de que este diario revelara que la familia de Ramón Cabrales, un civil que estaba en manos del Eln en el Catatumbo, pagó por su liberación, el Gobierno y esa guerrilla anunciaron el inicio de los diálogos de paz. Hacer pública la creación de la mesa de negociaciones estaba supeditado a que el Eln liberara a Cabrales en un supuesto gesto de voluntad política. Sin embargo, este caso no era el único por el que la guerrilla debía dar explicaciones, pues desde hace dos años, Cecilia González ha pedido que se aclare qué pasó con su hijo Javier Alvernia, secuestrado en enero de 2014.

Javier en esa época administraba una finca ganadera de la familia en Curumaní (Cesar). Tenía 41 años, era el segundo de tres hermanos y padecía de una enfermedad crónica: diabetes. Nunca había recibido amenazas y constantemente iba a la región para cuidar sus negocios. Sin embargo, desde ese momento, cuando seis hombres del Eln lo secuestraron, su familia perdió el rastro. Para su madre, él murió en cautiverio, como lo dijo un guerrillero capturado el año pasado.

¿Cómo fue el secuestro de su hijo?

Javier fue secuestrado el 17 de enero de 2014 en Curumaní. Veníamos de regreso desde Santa Marta mi esposo, mi hijo y yo, y entramos a la finca. Aparecieron seis integrantes del Eln y procedieron a encerrarnos, nos amarraron y se llevaron a Javier. Desde ese momento no sabemos nada de su suerte y su paradero. Es triste decirlo, pero mi hijo entró a engrosar la larga lista de desaparecidos de este país.

¿Quién era Javier?

Un administrador de empresas de la Universidad del Rosario. Trabajó con Coca Cola y estuvo por fuera del país durante siete años. A los 21 años (20 años antes de su secuestro), a Javier le diagnosticaron una diabetes tipo 1. Era dependiente de la insulina y debía aplicarse 60 unidades al día, que se dividían en cuatro inyecciones. Regresó a vivir a Bucaramanga por cuestiones de su enfermedad, a ayudarnos a manejar la finca ganadera que teníamos en esa zona. Le encantaba porque desde muy chiquito a él le gustaba el campo. La finca de nosotros era pequeña y Javier iba dos o tres veces por semana, pero él vivía en la ciudad.

¿Habían sido amenazados?

Nunca. Como te digo, Javier era un tipo más de ciudad que de campo. Era una persona honesta, solidaria, recta y amigable. Desafortunadamente, por los designios de mi Dios, corrió con esta suerte. El grupo que opera donde tenemos la finca en Cesar es el Eln.

¿Otros conocidos habían sido secuestrados anteriormente?

Sí, pero hacía tres años en esa zona no se habían registrado secuestros. El de Javier fue el primero después de tanto tiempo. A raíz de eso siguieron secuestrando más gente. Inclusive, un tío de Javier, un hermano de mi esposo, había sido secuestrado 20 años atrás por el Eln.

¿Cómo fue ese caso?

Él tiene una finca aparte de la de nosotros. El Eln lo tuvo nueve meses secuestrados.

¿Conocieron casos de secuestro en la zona después del de Javier?

Sí, pero no recuerdo ahora cuántos ni los nombres. Fueron varios seguidos. Cuando se dieron estos secuestros y luego los liberaron, sentí tristeza porque el único que no llegó a un final feliz fue el de mi hijo. Posiblemente esta gente que lo secuestró nunca supo que Javier era diabético. Lo que me genera mucho dolor es que el día que secuestraron a mi hijo yo le dije a las personas que me estaban amarrando que él era diabético y tenía que aplicarse insulina. Uno de ellos me contestó: ‘Tranquila, yo se lo cuido’. Yo intenté enviarle la insulina a través de las fuerzas del Estado y la Cruz Roja Internacional

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¿Qué pasó?

Con gran dolor y tristeza comprobé que a Javier nunca le dieron la droga ni le prestaron los cuidados mínimos que necesitaba para su supervivencia.

¿Cómo lo comprobó?

Al año de secuestrado Javier, las autoridades capturaron a tres integrantes del Eln que están detenidos en la cárcel de Valledupar. Uno de ellos, denominado el Loco, confesó que Javier murió en cautiverio. Que le dio una crisis y falleció en cautiverio. Por eso sé que a mi hijo nunca le consiguieron su droga. Además la diabetes es una enfermedad delicada porque si se aplica la insulina, pero no se come bien, no se tiene un ritmo de vida adecuado y está bajo estrés, eso acarrea una hipoglicemia y de ahí a un coma diabético es un paso.

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¿Cree en la versión de ese guerrillero?

Totalmente. Yo le pido al Eln que me entregue los restos de mi hijo. Necesito hacer duelo, porque somos una familia que lleva dos años sufriendo. Queremos sepultarlo. La declaración de ese guerrillero me hace pensar que Javier no está. Pero uno tiene que tener una certeza total y no la tengo todavía. Por eso no he parado de llorar.

¿Cómo han sido estos dos años?

De gran tristeza y muchos sentimientos encontrados. De mucha soledad. Vi cómo secuestraron y desaparecieron a una persona y los únicos que sufren son la familia. El resto se va olvidando. Aunque no soy la única que está sufriendo esto, sino también muchísima gente. Yo duré un año esperando y hablándole a mi hijo en el programa Las voces del secuestro. En ese tiempo entendí que había mucha gente que estaba comulgando con el mismo dolor. Y aquellas personas a las que escuché durante ese año, fueron las que me dieron la fuerza para y seguir viviendo. Fue un ejemplo de vida.

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Eran varias personas. Por ejemplo un señor que abogaba por su hijo que había sido secuestrado y desaparecido en Santa Marta hace más de 10 años. Con él, muchas personas con testimonios desgarradores, pero cuando las oía, como una pareja de edad avanzada que me conmovió y que llevaba más de 15 años esperando, me daban la fuerza para tratar de salir adelante.

¿A cuáles autoridades acudió durante estos dos años?

Toqué muchas puertas. Acudí a las Fuerzas Militares, a la Cruz Roja, a la Defensoría del Pueblo, a la Iglesia Católica, a la conferencia episcopal con Monseñor Augusto Castro Caicedo, a la Consejería de Paz de la Presidencia y hasta al mismo presidente, a quien le escribí una carta muy sentida y llena de este dolor que me embarga. También fui ante las Naciones Unidas. A mucha gente.

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¿Qué hicieron las Fuerzas Militares?

Ellos buscaron a Javier. Duraron un buen tiempo y me prestaron apoyo. Pero a Javier, desafortunadamente, se lo llevaron a la zona del Catatumbo y allá solo mandan el Eln y las Farc.

¿Qué le dijo el presidente?

Fue amable, pero tampoco me dijo que me fuera a ayudar. Yo sé que en manos de él no estaba el poder ayudarme, porque las personas que secuestraron a mi hijo eran del Eln. Y si ellos no tenían la voluntad, era muy difícil. Eso fue apenas sucedió el secuestro de Javier. En la Presidencia me contestaron muy amablemente, pero de ahí a encontrar algo, no se pudo. Luego vinieron unos meses en los que todo se olvidó. Sentí frustración y abandono, porque mi familia y yo éramos los únicos que sentíamos el dolor.

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¿Y en las otras entidades?

Acudí a la Defensoría del Pueblo, pero quedé aterrada porque ni siquiera todavía estoy registrada en la Unidad de Víctimas. No sé el motivo. Ahora tengo que interponer una tutela para que se me respete el derecho a que yo sea víctima. Eso me parece lo más absurdo. Pero bueno, esas son las cosas de este país.

¿Acudió a Frank Pearl, quien adelantaba las negociaciones de paz con el Eln?

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Sí. Ha sido una persona amable y que me ha prestado apoyo. No ha podido darme una razón positiva, pero sé que es una persona seria.

¿Por qué el Gobierno no le exigió al Eln una respuesta en su caso para comenzar las negociaciones de paz?

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Esa misma pregunta me la hago yo. Como madre siento mucho dolor de que eso suceda. Pero el secuestro de Javier se mantuvo muy callado.

¿Qué le pide a la mesa de negociación?

La declaración del señor del Eln (Eliécer Erlinto Chamorro, alias Antonio García) el pasado miércoles, en la que dice que la mesa no es para arreglar los secuestros, no la comparto. Siempre he entendido que el punto de las víctimas era la base para iniciar los diálogos. El secuestro y la desaparición forzada son hechos abominables. Muchas familias sufrimos. Por eso, el de las víctimas es el punto que más debe tener relevancia. Yo soy una persona persistente y tengo mucha fe. Yo sé que voy a poder llegar al corazón de los señores del Eln. Ellos van a tener un acto humanitario conmigo y me van a devolver los restos de Javier para poderlos enterrar.

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¿Qué explicaciones le pide al Eln?

Quiero saber cómo fueron los últimos días de mi hijo, cómo fue que se enfermó. Es doloroso pensar que tuvo que morir solo como un N.N., porque a él le quitaron todo, hasta la cédula. Yo sí quisiera encontrar a una persona que me contara. Mi corazón no alberga rencor, pero quiero saber qué dijo. Lo prioritario es que lo pueda enterrar. Tengo mucha fe y esperanza. Esperé mucho tiempo a que se iniciaran los diálogos con el Eln. Sigo firme y pensando que de ahí va a salir algo bueno. No alcanzo a pensar que los diálogos debían estar supeditados a la entrega de restos porque finalmente no soy la única que está sufriendo. Por eso creo que todos deberíamos estar incluidos.

¿Por qué guardó silencio durante este tiempo?

No lo guardé. Fui hasta las entidades a las que supuestamente debía acudir. No podía hacer más. El caso de mi hijo posiblemente no tuvo relevancia porque Javier se pudo morir muy rápido. Yo sí tengo sentimientos de indolencia y abandonó. Me sentí abandonada en estos dos años.

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¿Qué ha faltado para entregar los restos?

No ha existido voluntad. No he podido yo llegar al corazón de ellos. Es decir, que el Eln se ponga en mis zapatos, lo que una madre sufre con esto. Por eso todavía aspiro a que lo señores del Eln se pronuncien y me digan la verdad.

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