Desde hace 22 años, Sandra Janneth Guzmán no celebra Navidad. Le parece “una farsa”. No tiene nada que celebrar. Porque hace 22 años, el 28 de febrero de 1993, un agente de Policía, Diego Fernando Valencia Blandón, violó y estranguló a su hija, Sandra Catalina Vásquez Guzmán, en la Estación de Policía de Germania, en Bogotá, donde se encontraba visitando a su padre, Pedro Gustavo Vásquez, quien por cuenta de un absurdo fue acusado por el homicidio de su hija y estuvo preso durante varios años, pese a ser inocente.
“Hay mucha tristeza todos los días. Mucha tristeza que no se puede sacar de ahí”, dice Guzmán, sobre todo porque en 22 años no ha habido reparación. Ni para ella, ni para su familia. “Yo tengo 51 años y desde que mataron a Sandra Catalina no ha habido una entidad que diga ‘venga, después de esta violación ¿cómo ha sido su vida?’”. De la Policía, por ejemplo, apenas han recibido cartas de condolencias.
Para el padre de la menor sí ha habido reparación. En 2012, el Consejo de Estado condenó al Ministerio de Defensa y a la Policía Nacional a indemnizar a Vásquez y ofrecerle disculpas. Pero en ese mismo fallo, el alto tribunal le dijo que no a Guzmán y su familia por no haber cumplido con los tiempos para presentar la demanda, una leguleyada, por no decir otra cosa. Pero un reciente fallo de la Corte Constitucional promete ponerle fin a esta injusticia.
En una sentencia de 47 folios el alto tribunal sostuvo que el Consejo de Estado no se percató “ni puso de relieve” que se trataba de unos hechos particularmente graves: “Una mujer, menor de edad, que fue víctima de violencia sexual y feminicidio”. Hechos ante los cuales, según la Corte, el Consejo de Estado debió fallar de fondo, en vez de negar la demanda de buenas a primeras. Por ello le ordenó al Consejo de Estado que en menos de tres meses profiera una nueva sentencia.
Se abre, para Guzmán y su familia, una puerta para que, tras 22 años, haya por fin una reparación integral. Pero, para Guzmán, esto no significa plata y ya, significa algo “más que $50 millones, porque eso es lo que vale un muerto en Colombia”.
No. Ella quisiera ver a su hija “como símbolo de una ley que dijera ‘oiga, aquí vamos a castigar duramente al violador, al que coge al niño y lo accede carnalmente’. No tenemos cómo cortarle el miembro, porque la Constitución no lo permite, pero que les den a los violadores al menos la cadena perpetua y no casa por cárcel. Eso para mí sería reparación (…) Porque los violadores siguen a mitad de cuadra y la gente está haciendo justicia por sus propias manos, porque aquí no hay justicia”, sostiene Guzmán.
Y pone de ejemplo al mismo Valencia Blandón, quien asesinó a su hija, fue condenado a 45 años de prisión y, no obstante, a los 11 años de estar preso fue dejado en libertad condicional. “El tipo no aparece, la familia tampoco. No aparecen los folios de las citaciones con las que él tenía que cumplir periódicamente. Nadie ha dado explicación. La jueza que le dio la salida tampoco nos ha dado respuesta”, denuncia Guzmán.
Y su madre, Blanca Aranda, quien se encuentra a su lado, sentencia: “No hay justicia. Para nosotros no ha habido justicia. Violan a una niña y la matan y cuál justicia. Se habla tanto de justicia, pero ¿cuál justicia, cuál reparación?, no ha habido nada”. Para Aranda, “Sandra Catalina tiene que ser el símbolo” de esa lucha.
“Yo no tengo nada contra los animales. Pero hay ley para los animalitos, ¿por qué no hay ley para los niños abusados sexualmente? Eso es algo que no puedo entender. Esta sociedad está como tan al revés”, asegura Guzmán.
Su dolor es mayúsculo. “Mirar a las amigas de Sandra Catalina me hace recordarla y preguntarme qué habría sido de ella si hubiera sobrevivido pero hubiera quedado violada, o si no hubiera sido abusada”, dice Guzmán. Su familia siente ese mismo dolor. Y siente miedo. Sus sobrinas no pueden andar solas por ese miedo; su hijo menor, cada que le pasa algo, recuerda entre lágrimas que a su hermana “la mató un policía”.
La posibilidad de una ley que condene con cadena perpetua a los violadores ha generado controversia en Colombia y, aunque ha habido iniciativas en ese sentido, una ley en ese sentido no ha sido aprobada. Guzmán quiere una ley como esta para que, según ella, las personas que vienen no tengan que pasar por lo que ella ha pasado. Una ley que lleve el nombre de Sandra Catalina. Y de esta forma sentirse reparada.