Luis Prieto Ocampo y su hijo Roberto Prieto Uribe han estado en orillas opuestas del mismo delito. En 1982 se descubrió que Eduardo Zambrano Caicedo, vicepresidente ejecutivo del Banco del Estado, y Jaime Mosquera Castro, presidente de la entidad, cometieron numerosos fraudes que casi llevan al banco a la quiebra. Falsificaron documentos, declararon utilidades ficticias, aprobaron autopréstamos para ellos y se robaron fondos del banco. El gobierno tuvo que intervenirlo en agosto de 1982 y dos meses después, el presidente Belisario Betancur lo nacionalizó por decreto.
Zambrano y Mosquera crearon de la nada diez falsos ganaderos, a los cuales les otorgaron supuestos créditos, falsificándoles la firma, para darles apariencia legal a $53 millones que sustrajeron del banco para luego comprar acciones del mismo. También fueron acusados de trasladar millones de dólares a bancos suizos y se apoderaron de $720 millones de una filial del banco llamada Afinsa. Mosquera estuvo preso, pero Zambrano logró escapar de las autoridades que lo perseguían rasurándose el bigote y saliendo de la casa de un amigo en el baúl de un carro. Huyó a Brasil donde, según la Policía Federal, en 1985 ya era lavador del cartel de Medellín.
Eduardo Zambrano nunca estuvo detenido en Colombia por el desfalco del Banco del Estado. Hace diez o más años reapareció en Bogotá como gerente y socio de Consultores Unidos, una importante firma de ingeniería, y como contratista de la multinacional Odebrecht en Colombia.
Hasta abril de 2017, a pesar de su extenso pasado judicial, Zambrano y el empresario Roberto Prieto —exgerente de las campañas presidenciales de Juan Manuel Santos— eran íntimos amigos. Al punto de que Zambrano solía llamarlo con frecuencia para preguntarle por su estado de salud. En esas charlas, divulgadas por El Espectador, Zambrano y Prieto comentaron intimidades de la investigación contra este último por el caso Odebrecht. Roberto Prieto ha reconocido que él y Zambrano han sido amigos desde hace tiempo. Prieto también es amigo de vieja data del presidente Juan Manuel Santos y de su esposa María Clemencia Rodríguez. Además de gerente de las campañas presidenciales de Santos, Prieto fue director de la Fundación Buen Gobierno, creada por Santos.
Treinta y cinco años atrás, en noviembre de 1982, la realidad era muy diferente: Luis Prieto Ocampo, padre de Roberto Prieto, oficiaba como presidente del Banco del Estado y fue puesto allí para rescatar esa institución financiera de las manos del dueto de falsificadores y estafadores Eduardo Zambrano y Jaime Mosquera. Prieto Ocampo había sido gerente del Instituto de Fomento Industrial y de la Asociación Nacional de Industriales, y representante de Colombia ante el Banco Interamericano de Desarrollo —como luego lo fue su hijo—. El gobierno lo llevó al Banco del Estado porque su nombre era garantía de honorabilidad.
Cuando se retiró de la presidencia al cabo de cuatro años, el banco ya producía utilidades y había sido rescatado del naufragio. Prieto Ocampo dijo en 1984, cuando la entidad financiera cumplió 100 años, que el Banco del Estado era estricto en la aplicación de la ortodoxia financiera, en la pureza de su comportamiento interno y en la austeridad que debe reinar en la administración pública. Todo lo contrario de lo que representaba Eduardo Zambrano.
Una de las estafas de Zambrano la conoció Luis Prieto Ocampo un mes después de llegar a la presidencia del banco. El gerente de la entidad en Cali, José María Rodríguez, le informó que un año antes había girado a Bogotá el producto de unos créditos, por orden de Zambrano, y que después del escándalo supo que la suma salió del banco de forma ilícita. Entre los créditos había uno en favor de Humberto Arias García, que fue presidente del Deportivo Cali. Con esa orden al gerente en Cali, Zambrano se robó $126 millones, que hoy serían unos $6.000 millones. (Consulte aquí el documento [[{«fid»:»643088″,»view_mode»:»default»,»type»:»media»,»link_text»:»eduardo_zambrano_1982.pdf»,»attributes»:{«class»:»file media-element file-default»}}]])
Poco después de ese fraude, Luis Prieto Ocampo recibió un oficio del superintendente bancario, Germán Botero de los Ríos. Le informaba que las utilidades del banco eran ficticias. La persona que ordenó las maniobras contables para decretar utilidades inventadas por $36 millones fue Eduardo Zambrano, según el superbancario. Los años pasaron y Roberto Prieto terminó traicionando la gestión de su padre en el Banco del Estado al mantener amistad con Eduardo Zambrano.
Hace unos meses, el ciclo de traiciones se cerró cuando Zambrano delató a Prieto ante la Fiscalía y lo acusó de recibir sobornos por sus gestiones ante el Gobierno para la construcción de un puente en Plato, Magdalena. Por el supuesto pago de $650 millones de un contratista, Prieto será imputado el 26 de febrero de 2018 por tráfico de influencias y otros delitos. Él rechaza los cargos en su contra. Prieto condicionó sus gestiones, según la Fiscalía, a que los estudios y diseños del puente los hiciera Eduardo Zambrano a través de su firma Consultores Unidos. El pago a Prieto habría sido disfrazado. Se hizo con una factura ficticia de la empresa Megaland.
Pero la Fiscalía no ha dicho que ese documento falso lo haya preparado Eduardo Zambrano. Tal vez el maestro de las falsedades, el genio de los autopréstamos, el experto en utilidades ficticias, ya gozaba de buen retiro después de una larga carrera delictiva.
(Puede leer Empresarios le lavaron plata a Odebrecht: Fiscalía)