La Inspección General de la Policía Nacional informó que el patrullero Wilmer Antonio Alarcón Vargas, que disparó contra el joven grafitero Diego Felipe Becerra, el pasado 19 de agosto en el norte de Bogotá, fue cobijado con medida de suspensión provisional por el término de 90 días, sin derecho a remuneración.
Así mismo, se informó que la investigación disciplinaria interna por homicidio continúa, ahora en su etapa formal, con el fin de establecer el nivel de responsabilidad del uniformado y poder esclarecer las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que falleció el joven Diego Felipe Becerra.
La institución informó además que esta sanción no interfiere con la investigación penal que adelanta la Fiscalía en relación con los mismos hechos y espera que “se logre determinar la verdad con el único propósito de hacer justicia”.
Diego Felipe Becerra Lizarazo murió cuando le faltaban 12 días para cumplir 17 años. Sucedió en el barrio Pontevedra, mientras aparentemente pintaba un grafiti. Al lugar llegaron unos policías. Uno de ellos disparó. Todo lo demás es ahora materia de investigación por parte de la Fiscalía.
Según el testimonio de un supuesto conductor de un colectivo de servicio público, él fue asaltado media hora antes de la muerte del muchacho (ocurrida a eso de las 10:30 p.m.). “Eran tres chinos y una china”, explica en el denuncio que puso en la Fiscalía, cuando el escándalo por el hecho ya se había tomado el país mediático. Se trata de la versión que daría peso a la explicación que da la Policía, que afirma que trataba de capturar a unos ladrones que se acababan de bajar de una buseta.
Según el conductor, el viernes a las 9:30 p.m. se encontraba cumpliendo con su ruta en la avenida Boyacá con calle 12, cuando «se montaron tres jovencitos y una muchachita». Por el camino su esposa, que lo acompañaba en la cabina, “presintió” que en el vehículo había ladrones. “Por eso me guardé $200.000 del producido en el bolsillo y sólo dejé a la vista $60.000”.
Antes de llegar a la 127, uno de los muchachos le apuntó con un arma. “Una pistola negra, lo sé porque fui militar”. Mientras, la muchacha que lo acompañaba robaba a los 10 o 15 pasajeros “sus teléfonos celulares, sus bolsos, todo”. Los supuestos ladrones se habrían bajado del colectivo pocos minutos después y, según el denunciante, el que cargaba el arma era el mismo Diego Felipe Becerra Lizarazo. “Le veo la cara en el periódico y parece que lo estuviera viendo por el vidrio… me decía que le hiciera despacio o si no me hacía estallar el arma”.
Al tiempo en que se conoció este testimonio, se filtró a los medios la grabación de una llamada de unos cuatro minutos hecha esa noche por uno de los pasajeros del colectivo a la línea de emergencias 123. “Señor, mire, es que nos acabaron de atracar aquí, en una buseta. Nos quitaron los celulares, nos quitaron la plata… tres tipos y una mujer… la china va bien vestida”.
Después de conocer las dos supuestas pruebas, Gustavo Arley Trejos, el padre de Diego Felipe, aseguró que se trata de un montaje, pues su hijo no era más que un muchacho amante de la pintura, y pidió a la Policía que si la investigación resulta en que éste no tuvo nada que ver con el presunto atraco destituyan a los uniformados implicados en su muerte.
Varias dudas rondan su cabeza: si Diego Felipe y sus amigos eran los atracadores, ¿en dónde quedó el arma? ¿Y las cosas hurtadas? ¿Por qué la Policía no capturó a los compañeros de la víctima, siendo que éstos se presentaron en la Clínica Shaio, en donde murió el muchacho y estaba la autoridad? Y otro punto: ¿por qué el conductor da un número de colectivo y, en la llamada, el ciudadano da otro?.
El jueves, la necropsia realizada por Medicina Legal arrojó los primeros datos sobre la controvertida muerte del joven grafitero. De acuerdo con Medicina Legal, el joven recibió sólo un disparo de bala y no dos como se había dicho. El proyectil que terminó con la vida de Diego Felipe fue disparado a una distancia de 1,80 metros.
Según el dictamen preliminar, Becerra tenía las manos manchadas de pintura, hecho que confirmaría que el joven si se encontraba realizando un grafiti en el puente vehicular de la calle 116 con Avenida Boyacá tal y como lo dijeron sus familiares desde el principio.