Una candente discusión de Sala Plena, con lágrimas abordo, acusaciones de corrupción y posibles dineros circulando entre los magistrados a cambio de favorecimientos en algunos expedientes, se dio el pasado 12 de abril en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca. La denuncia la hizo la magistrada Nelly Yolanda Villamizar y los señalados por ella fueron ni más ni menos que el presidente y el secretario de ese tribunal, Fredy Ibarra y Alejandro Bautista, respectivamente.
Así quedó consignado en el acta de esa sesión de abril conocida por El Espectador. El magistrado Ibarra le contó a la Sala que el 30 de marzo a las 4:30 de la tarde ingresó a su despacho el abogado Justo Peñaranda —esposo de la magistrada Villamizar— y lo acusó de corrupto junto con el secretario Bautista. Según él, Peñaranda los señaló de haber recibido $200 millones “para repartir” entre algunos colegas en un caso de pérdida de investidura de un diputado de Cundinamarca.
El presidente del Tribunal contó que Justo Peñaranda los calificó a él y al secretario como “una excelente pareja de corruptos”. La cosa llegó hasta ahí y por ser un viernes previo a la Semana Santa el magistrado Ibarra “no pudo tomar ninguna decisión al respecto”. El jurista añadió que el 9 de abril la magistrada Nelly Yolanda Villamizar llamó al secretario Bautista y le dijo que sabía que a él le habían dado $150 millones y al magistrado Ibarra $50 millones “en su apartamento”.
Ese mismo día el secretario Bautista le dirigió una carta a Ibarra en la que detalló el encuentro con la magistrada Villamizar. En ese documento se lee que fue citado a su despacho a mediodía y que una vez cruzaron palabra Villamizar le dijo: “Alejandro, yo sé que usted recibió $150 millones para que los repartiera entre los magistrados y que a Fredy Ibarra le llevaron personalmente $50 millones al apartamento. Usted me va a decir inmediatamente para quién era ese dinero o lo denunció y usted tiene que irse de este tribunal”.
La magistrada continuó: “No es justo que personas corruptas como usted, Ibarra y otros tantos estén en el tribunal enlodando y dañando la imagen de esta corporación. Tengo pruebas de que ustedes recibieron esa plata. Lo peor de todo es que esto ya se filtró y ahora andan diciendo que yo recibí una plata”. El secretario Bautista le contestó que no tenía idea de qué le estaba hablando, pero que ante la gravedad del señalamiento le solicitaba poner la denuncia correspondiente.
Villamizar no tardó en reponer: “Claro, ahora se van a cubrir el uno al otro”. La tensión fue subiendo de tono. La denuncia quedó hecha, se abrió la discusión a los 30 magistrados y la primera en hablar fue Villamizar. Según ella, todo lo consignado en el informe del secretario es verdad y mientras apuntaba su dedo índice al magistrado Ibarra, agregó: “Usted sí recibió plata”. Además, resumió lo que dijo su esposo cuando salió del despacho del magistrado Ibarra: “En este tribunal hay una partida de ratas”.
Seguidamente la magistrada admitió que le dijo todo eso al secretario Bautista “para obligarlo a confesar” los nombres de los magistrados implicados; que está recopilando las pruebas para formular la denuncia, que aún no tiene las evidencias, pero que está segura de su denuncia. También dijo que amaba el tribunal y que le dolía “que por culpa de dos corruptos la corporación y los magistrados se vean manchados en esto”. En ese momento Villamizar se puso a llorar.
Pero antes de ceder la palabra manifestó que su esposo Justo Peñaranda se enteró del rumor que andaba rondando los pasillos del tribunal, que “se sintió herido” porque se mencionaba el nombre de su esposa y que por esa razón confrontó ofuscado a los “directos implicados que eran Fredy Ibarra y el secretario”. Por último, la magistrada sostuvo con vehemencia que tiene certeza de que en algún momento de su conversación con el secretario Bautista él “estuvo a punto de contarle” todo, pero se arrepintió.
Ya entonces los ánimos en la Sala Plena del tribunal estaban más que agitados. El presidente Ibarra pidió retirarse de la sesión para que se deliberara libremente, pero la Sala no aceptó. La magistrada Yolanda García señaló que había un problema entre dos magistrados que no tiene bases más allá de los chismes. El magistrado Cervelón Padilla lamentó el episodio, pero dijo que estas acusaciones personales no tienen pruebas fundadas. La magistrada Carmen Rengifo llamó a la Sala a guardar la prudencia.
Por su parte, la magistrada Gloria Cáceres indicó que “lo narrado es delicado, pero por encima de todo debe primar el principio de la buena fe”. El magistrado José Armenta pidió cordura, al tiempo que exigió investigaciones profundas porque hubo denuncias graves y concretas. Su colega Nelson Arévalo criticó la versión de la magistrada Villamizar, ya que no aportó evidencias y concluyó: “Aquí no se puede fusilar primero y luego buscar pruebas”. Un grueso de la sala respaldó la gestión del magistrado Ibarra.
La sesión se levantó a la una de la tarde del 12 de abril. Al día siguiente Ibarra denunció a la magistrada Villamizar y a su esposo ante la Fiscalía y el Consejo Superior de la Judicatura. Consultado por El Espectador, Ibarra sostuvo: “Ella tuvo la desfachatez y el cinismo de decir que no tenía pruebas. No pueden manchar mi nombre y honor impunemente. Mi conciencia y mis manos están limpias, por eso denuncié. Sólo tengo dos patrimonios en la vida que son sagrados: mi honor y mi familia. No voy a dejar que los mancillen”.
Al cierre de esta edición no había sido posible hablar ni con la magistrada Villamizar ni con el secretario Bautista. Por ahora la justicia investiga.