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Un ‘pimpinero’ estaría detrás de la masacre de colombiano en el Río Táchira

Testimonio de 'El Tío', el único sobreviviente de los hechos, afianza hipótesis sobre venganza de los Urabeños por supuesto robo de un cargamento de gasolina de contrabando.

10 de marzo de 2014 - 06:38 p. m.
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En medio del calvario que padecen cinco familias cucuteñas que hallaron los cuerpos de sus familiares enterrados en una fosa común en territorio venezolano, el CTI de la Fiscalía, gracias a sus pesquisas y al testimonio de alias ‘El Tío’, el único sobreviviente de la masacre ocurrida el pasado viernes en el Río Táchira, maneja la hipótesis de que detrás de los homicidios estaría un reconocido ‘pimpinero’ de la región. Y es que al parecer, los jóvenes asesinados habrían robado un cargamento de gasolina de contrabando que pertenecería a los Urabeños.

El pasado 7 de marzo seis jóvenes que vivían en la Ciudadela La Libertad de Cúcuta, específicamente en los barrios Aguas Calientes y La Esmeralda, se habían reunido para ir a bañarse en el río Táchira. Llegaron hasta el sector conocido como la Tiendita, donde fueron abordados hacía las 3:00 p.m. por hombres armados, al parecer, pertenecientes a la banda criminal los Urabeños.

Los seis hombres fueron obligados a cruzar el río hasta llegar a territorio venezolano, donde los obligarían a cavar sus tumbas en las que sus cuerpos serían encontrados.

Los jóvenes eran acusados de haber robado unas pimpinas llenas de gasolina. Según los primeros resultados de la investigación realizada por el CTI, la mercancía pertenecía a uno de los hombres más poderosos de la región y que manejaba el negocio del contrabando. Habría sido entonces cuando, a petición de este ‘pimpinero’, los Urabeños dieron muerte a estos cinco hombres como producto de una venganza. Los esfuerzos de las autoridades están centrados en identificar al hombre detrás de la masacre.

Las víctimas de este múltiple homicidio son: Rubén Darío Hernández Jaime, un constructor de 23 años que estaba desempleado y era padre de una menor de dos años; Mario Enrique Santamaría Galvis, un cocinero de 26 años; Héctor Julio Gómez Leal, un albañil que tenía un hijo de siete años y a su esposa embarazada; Fabián Nieto Corredor de 21 años y quien aspiraba a convertirse en un guardia del Inpec; y Luis Ángel Flórez Rincón, el menor de todos los asesinados con tan sólo 20 años. Los familiares de estas personas manifestaron que ninguno de ellos tenía amenazas en su contra ni problemas con la justicia.

La masacre ocurrió entonces en el municipio de Ureña (Venezuela). Fuentes del CTI advirtieron que los seis jóvenes fueron separados en dos grupos. El primero de ellos estaba conformado por Rubén Hernández, Luis Flórez y Héctor Gómez, quienes fueron atados y acribillados a tiros al frente de sus otros tres compañeros. Entre los tres que aún estaban vivos, estaba ‘El Tío’, quien según el diario La Opinión de Cúcuta relató que su escape lo logró en medio de un descuido de sus captores que en esos momentos sepultaban los cuerpos de sus amigos.

«Le dije a (Mario Enrique) Santamaría que se fuera conmigo, pero dijo que no. Que estaba pidiéndole perdón a Dios porque iba a morir. Luego escapé», fueron algunas palabras que ‘El Tío’ les dijo a las autoridades. En medio de la investigación, la Policía manifestó que una de las víctimas era un reconocido delincuente con un extenso portuario criminal. Sin embargo, no han dado a conocer el nombre de esta persona. Ya en estos momentos los cuerpos están en manos de Medicina Legal que en las próximas horas entregara los informes de necropsia.

Esta masacre generó una masiva marcha de los amigos y familiares de las víctimas, quienes cruzaron la frontera y llegaron hasta el sector donde habían sido asesinados los cinco hombres. Esto gracias al testimonio que dio ‘El Tío’ el día sábado cuando salió de su escondite y llegó hasta la ciudadela la Libertad. Para evitar engorrosos trámites con las autoridades venezolanas, las familias de los jóvenes masacrados utilizaron palas e improvisadas camillas para sacar los cuerpos del vecino país. Ni la Guardia Venezolana y ni la Policía Colombiana se opusieron. Ya en territorio nacional, acudieron hasta la Fiscalía para que se hiciera cargo de la investigación.

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