Dos meses antes de ser asesinado en 2008 en Armenia, Quindío, el comerciante José Éver Sarria denunció ante las autoridades el oprobioso secuestro del que fue víctima en su propio apartamento en Bogotá y las extrañas circunstancias que lo dejaron al borde de la ruina. Durante el tiempo que fue mantenido en cautiverio su esposa y su cuñada fueron obligadas a conseguir y preparar los alimentos para él y sus plagiarios. Las dos mujeres no denunciaron lo que ocurria por las terribles amenazas a las que estaban siendo sometidas, pero luego relataron que Sarria incluso tenía que pedir permiso para hacer llamadas telefónicas dentro de su vivienda.
Para enero de 2007, José Éver Sarria era el dueño de una compañía dedicada a la exportación de reciclaje desde Colombia a países como España. Vivía en Ciudad de Panamá y en ese mes fue citado por un conocido en el hotel El Parador de esa ciudad. El objetivo era que Sarria le ayudara a conseguir US$1.000, pero finalmente no fue posible. Sin embargo, a raíz de ese extraño hecho Sarria fue llamado a Colombia para que ayudara a esclarecer el supuesto robo de una millonaria suma de dinero de la que había sido víctima el amigo que le había pedido prestados los US$1.000.
El comerciante de reciclaje llegó a Bogotá el 10 de febrero de 2007. Con su conocido y otras personas fue conducido al edificio Emerald Trade Center, en el centro de la ciudad. En esa reunión le informaron a Sarria que tenían conocimiento de todas sus propiedades en Panamá y Colombia e incluso le mostraron una lista de los inmuebles, además de la maquinaria, los vehículos de trabajo y los enseres que poseía y que debía utilizar para responder por el dinero perdido. La exigencia fue de US$1’000.000 si no quería ser asesinado. Él dijo que nada tenía que ver con esa situación.
Ese día fue llevado a su apartamento en el sector de Niza y vigilado por hombres armados. Permaneció allí hasta el 16 de febrero. En esa fecha regresó a la libertad, pero días después tuvo que pagar $50’000.000, entregar una camioneta y las llaves de su apartamento. Sarria además hizo un oficio con destino a la administración del conjunto donde vivía, señalando que los nuevos dueños de su apartamento eran Guillermo Cumplido Bolaños y Alfredo Castro Candado.
So pena de ser secuestrado de nuevo, tuvo que viajar a Panamá el 1° de marzo y ceder todas las propiedades que tenía en la capital de ese país y en las localidades de Colón y Chipre. Al volver a Bogotá, el 13 de abril, lo citaron a una nueva reunión en la calle 106 con carrera 18 y lo dejaron cautivo hasta el día 28 de ese mes. De ahí fue llevado a la Notaría 34 y le hicieron firmar un poder para la venta de su apartamento y del garaje. Sarria denunció el 6 de junio de 2008 y fue asesinado junto con su hermano Ariel Sarria el 4 de agosto de ese año en Armenia. Por el secuestro el Tribunal Superior de Bogotá condenó a 37 años y 4 meses de prisión a Cumplido Bolaños y a Castro Candado.