Este año, el sargento Arbey Delgado Argote cumplirá 40 de edad. Una cuarta parte de su vida la habrá pasado en la selva. Y no existe noche en que Gladys Duarte, su esposa, se acueste sin pensar que el drama del secuestro hizo trampa y se coló a la fuerza en su vida y la de su familia. El 3 de agosto de 1998 era un lunes, y como todos los primeros lunes de cada mes, algunos militares, entre ellos Arbey, salían a vacaciones. El domingo anterior, un helicóptero había recorrido ciertos puntos del Guaviare para recoger a uniformados que tenían permiso de ausentarse, pero Delgado no abordó la aeronave. Veinticuatro horas más tarde, 500 guerrilleros asaltaron la base antinarcóticos de Miraflores y lo tomaron como prisionero.
Gladys supo de lo ocurrido el martes 4 por radio y llamó a su amiga Enilce Grajales, esposa del sargento Erasmo Romero. Corrieron al batallón a preguntar qué había pasado. El coronel encargado les confirmó el enfrentamiento, pero les dijo que no tenía comunicación con los uniformados. Durante dos días, Gladys y Enilce se pararon en el aeropuerto de San José del Guaviare para ver si entre los heridos o los muertos que traían a esa ciudad estaban sus esposos. Un mes más tarde, supieron que estaban en poder de esta guerrilla. Pero Romero fue rescatado en la Operación Jaque, el pasado 2 de julio. Delgado no corrió con la misma suerte.
Antes de su secuestro, el máximo sueño que pasaba por la mente de Delgado era ser locutor. Casi todas las mañanas, el sargento tomaba el periódico y narraba las noticias en voz alta. De sus tres hijos, sólo Féyer, el mayor, lo recuerda vagamente. Se acuerda de cuando lo llevaba a jugar básquet, o a comer helado. Sharon y Dayana sólo tenían 2 años y 10 meses de edad, respectivamente, cuando Delgado Argote fue plagiado, y no tienen ningún recuerdo de él.
En la emboscada a Miraflores también fue capturado el capitán de la Policía William Donato. Graduado del colegio militar Inocencio Chincá, de Sogamoso, pueblo en el que nació en 1966, este oficial siempre quiso pertenecer a la Fuerza Pública. Con 19 años de edad ingresó en la Escuela General Santander y su rendimiento académico fue destacado.Permaneció los primeros cinco años de su carrera en Caldas, luego fue trasladado a Yopal y de ahí a Paz de Ariporo (Casanare). A finales de mayo, arribó a la base antinarcóticos de Miraflores.
La última vez que habló con su madre fue el 29 de julio de 1998, cinco días antes de la toma. En abril de ese año estuvo en su casa una semana y le dijo a su madre, María del Carmen, que presentía que se iba a morir, pero que no se preocupara, que él había adquirido un seguro de vida para que a ella no le faltara nada. Ese miércoles, a las 10:00 a.m., en la residencia de los Donato Gómez se recibió la última llamada del oficial. Esta vez, la corazonada la sintió doña María.
Sus padres no olvidan el día que William y su hermana Jacqueline ahogaron un pollo por pintarlo, pues querían ver cómo se veía una gallina de color azul. Cuando joven, se destacó en fútbol y era velocista de 400 y 800 metros. Después del asalto guerrillero, él, con heridas de esquirlas en la cara, iba a ser trasladado a un centro médico. Pero los guerrilleros lo sacaron de la ambulancia y se lo llevaron malherido.
El 3 de agosto de 1998, el ataque a la base antinarcóticos de Miraflores fue el hilo de la desgracia que unió la vida del sargento Arbey Delgado Argote y la del capitán William Donato Gómez. Lo que nadie sabía era que su drama, según Alan Jara —liberado la semana pasada—, es mucho más estrecho de lo que se había llegado a conocer. Esos cautivos, que llevan 10 años, 3 meses y 7 días en la manigua, cuyos días transcurren atados a una cadena como un castigo que Jara calificó de injusto, son Delgado y Donato.