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Una lucha contra la burocracia

Para cambiar su pase y la tarjeta de su moto, Mateo, quien hace dos años abandonó su identidad como mujer, tuvo que ir hasta el Consejo de Estado.

10 de abril de 2016 - 09:07 p. m.
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Mateo* tiene 33 años y desde hace dos las montañas de trámites burocráticos se convirtieron en su día a día, todo por la idea de que sus documentos de identidad reflejen quien él dice que es: un hombre. Nació mujer, pero desde hace dos años empezó a hacer oficial que el género con el que realmente se identificaba era el masculino. Comenzó a tomar hormonas, gracias a las cuales tiene ahora un tono de voz grueso. Usa el pelo corto y viste como hombre. Conseguir papeles que acrediten ese género, sin embargo, ha sido un camino lleno de espinas.

De la última pelea que dio acaba de salir victorioso: conseguir que en su licencia de conducción y la tarjeta de propiedad de su motocicleta aparezca el nombre con el que ahora se da a conocer y no con el cual lo registraron sus padres. Para conseguirlo, luego de tener en mano su nueva cédula de ciudadanía y de haber anulado la anterior, en octubre del año pasado fue a una oficina del Consorcio Servicios Integrales para la Movilidad (SIM) y pidió las correcciones que venían al caso. Le dijeron que no.

En noviembre insistió. “En el SIM me dijeron que no era posible cambiar una cédula por otra”, cuenta Mateo. Presentó una tutela en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, pero el 14 de enero de este año la respuesta no salió a su favor. El caso se fue entonces para el Consejo de Estado, que el pasado 2 de marzo, en un fallo que se vino a hacer público hace una semana, reversó la decisión del tribunal y les ordenó al SIM y a la Secretaría Distrital de Movilidad adelantar las gestiones para hacer el cambio en el pase y en la tarjeta de propiedad de la moto de Mateo en un plazo de dos días.

Con el fallo en la mano, Mateo regresó a la oficina de la SIM. “Les dije que el Consejo de Estado había sido muy claro al respecto, que debían hacer el cambio. Es que si esa moto me la llegaban a meter a los patios, ¡no podía sacarla porque ya no tengo esa cédula! Yo pago los impuestos de mi moto y todo lo se debe pagar ante la ley, pero no la puedo usar desde octubre pasado porque no me habían entregado los papeles. Me sentía como un delincuente. Si sacaba la moto andaba con un miedo terrible de que me parara la Policía. Tenía todo en regla, no era justo que por desconocimiento o negligencia no pudiera hacer uso de mis bienes”.

Tener una sentencia a su favor, inicialmente, de poco sirvió en el SIM. “El administrador —cuenta Mateo—, una persona muy grosera, me dijo que tenía que sacar un pase nuevo. Yo me negué y le dije que revisara el fallo. Él me respondió que yo no era quién para decirle qué tenía que leer”. El fallo, de paso, recuerda que los funcionarios no deben imponer cargas adicionales a quienes quieran hacer estos trámites. Al final, en realidad, el asunto no se resolvió en dos días, como ordenaba el Consejo de Estado, pero sí en cinco: el sábado pasado, Mateo recibió una carta del SIM en la que le indicaban que el trámite con ellos ya estaba listo. Mateo salió corriendo a una de las oficinas y obtuvo su pase y su tarjeta de propiedad.

Así fue como este inconveniente terminó resuelto. La historia de Mateo, sin embargo, refleja la dificultad que tienen las personas transgénero en el país para hacer valer sus derechos, bien sea por falta de conocimiento o por desidia de los funcionarios, a pesar de que las normas están de su lado. Datacrédito, por ejemplo, no ha querido hasta la fecha validar la historia crediticia que forjó mientras vivía como mujer; su idea es llevarles también el fallo del Consejo de Estado para que hagan las modificaciones que corresponden. El Banco Colpatria sólo hizo el cambio de nombre en su portafolio cuando Mateo acudió a la Superfinanciera.

“Hacer el cambio de registro civil fue terrible con la notaría, porque el notario me dijo que yo tenía que entregarle un escrito autenticado para reclamar mi primer registro civil. Yo me negué. Cualquier persona que pide ese documento lo puede hacer sin ese procedimiento, ¿por qué entonces a mí me ponían esa traba? Llamé al Colegio Colombiano de Notarios y me respondieron que era por protección de datos. Averigüé luego con la Registraduría y me dijeron que eso no estaba avalado. En la Superintendencia de Notariado me dijeron que todo esto es muy nuevo”. Los únicos lugares donde Mateo no ha encontrado resistencia en su cambio de identidad son su universidad, que es católica, y en la organización que agremia a los de su profesión.

El pasado 6 de junio, con la expedición del decreto 1227 de 2015, el ministro de Justicia Yesid Reyes anunció que el cambio de género en la cédula sería ágil y simple. Ese decreto se elaboró en la misma línea que ha trazado la Corte Constitucional: cambiar el género de los documentos de identidad debe ser tan sencillo como cambiar el nombre. Por eso ahora se hace ante notarios; antes, por determinación de esa misma Corte, se ordenaba por vía judicial, hasta que en 2013 se determinó que ese era un obstáculo innecesario. Las normas los benefician, pero historias como las de Mateo demuestran que las personas transgénero aún tienen que enfrentarse con esas montañas de trámites burocráticos.

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* Nombre modificado para proteger la identidad e intimidad de la persona de esta historia.

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