¿Es verdad que usted dejó de ir a clases después del ataque a Rosa Elvira?
Eso es falso. El jueves 24 de mayo fui a estudiar. El viernes era el cumpleaños de mi mejor amigo y me fui con él. La siguiente semana también fui, hasta fui a la protesta que hubo dentro del colegio para rechazar la muerte de Rosa.
Si no tenía nada que ver con el crimen, ¿por qué se presentó el domingo a la Fiscalía?
Porque ya me habían ido a buscar al trabajo. Yo fui y me interrogaron durante seis horas. Luego el domingo fuimos a mi casa, la requisaron, se llevaron unas prendas de vestir que tenía puestas ese día y revisaron mi moto y el casco. También estuve en Medicina Legal, allí me tomaron muestras de ADN, sangre, huellas y carrillos de la boca.
¿Todo esto voluntariamente?
Sí, el juez me advertía que yo podía negarme. Pero yo lo que quiero es limpiar mi nombre.
¿Cómo recuerda a Velasco?
Era buen estudiante, muy inteligente, participaba mucho. A todas las mujeres las saludaba de beso. No le conocí ninguna novia. Era un confianzudo, un ‘mamagallista’, chistoso. No eramos amigos, una que otra vez compartíamos una cerveza y adiós.
¿Qué recuerda de Rosa Elvira?
La veía muy de vez en cuando, siempre risueña.
¿Qué consecuencias le ha traído el hecho de resultar involucrado en este espantoso episodio?
Muchas. Mi mamá está enferma de los nervios y en mi trabajo los clientes se empezaron a dar cuenta que yo era el que salía en noticias y le dijeron a mi jefe que cómo tenían contratado a un asesino.
¿Por qué no quiere que se conozca su cara?
Por seguridad.