Nos convocaron a las 12 m. del lunes 9 de abril en el búnker de la Fiscalía. Teníamos que ir uniformados, con fusil, pistola, chaleco y casco. Pero no nos dijeron qué procedimiento íbamos a realizar, no nos informaron que se trataba de detener a Seuxis Pausias Hernández, más conocido como Jesús Santrich. A las 3 de la mañana nos llevaron al Club de Agentes de la Policía y nos integramos con un grupo Copes, que es el Comando de Operaciones Especiales y Antiterrorismo de la Policía. Éramos unas 20 personas. El comandante del Copes nos distribuyó y el director del CTI nos asignó vehículos blindados en caso de materializar una captura. Nos informaron que el objetivo iba a tener una reunión en cercanías a El Campín, en una casa de seguridad, pero no sabíamos de quién era.
Cuando llegamos había vehículos blindados y personal de la Unidad Nacional de Protección (UNP), pero nos dijeron que no se podía realizar la operación por el riesgo que representaba. Después nos informaron que el objetivo tenía otra reunión en la 72, salimos para allá y esperamos instrucciones del director de la operación porque él tenía a la vista el objetivo. Pasado el mediodía, vimos salir una camioneta del edificio y cinco minutos después salió el carro del director. Nos indicaron que teníamos que desplazarnos al Museo Nacional, sin embargo, al llegar nos informaron que el objetivo se dirigía al aeropuerto El Dorado porque, posiblemente, iba a salir del país.
En ese momento ya se había filtrado la información porque el objetivo, al parecer, sabía que los íbamos a capturar. Al parecer, alguien de la Fiscalía y de la Policía le avisaron. Obviamente a uno le da angustia y zozobra, la misión era capturarlo. Sabíamos que era un objetivo de alto valor por el despliegue que estábamos haciendo. Este tipo de operaciones, con el CTI y la Policía, solo la habíamos hecho en la intervención del Bronx en 2016. Aceleramos y, al llegar al aeropuerto, nos dirigimos a la sección de salidas internacionales. Aún no sabíamos quién era el objetivo, pero la forma de reconocerlo era a través de su esquema de seguridad. Nunca lo vimos. Al cabo de un rato nos comunicaron que, probablemente, estaba en los hangares privados.
Mientras unos compañeros se fueron a pie, otros se devolvieron en las camionetas, pero nos dijeron que no habían visto esquemas de seguridad. Luego de unos minutos nos dijeron que el objetivo estaba en el barrio Modelia (occidente de Bogotá), cerca de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín). Nos desplazamos a la Dijín, nos quedamos en un costado y el director de la operación se fue en su camioneta a la casa donde el objetivo supuestamente se encontraba. Cuando llegó nos dijo que teníamos que prepararnos porque finalmente íbamos a hacer el allanamiento.
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La orden era ingresar con contundencia, sin herir a nadie, pero inmovilizando a todos. Cuando entramos todos los funcionarios de las UNP sacaron sus armas. Ninguno disparó, pero se enfrentaron a nosotros y logramos que todos se tendieran en el piso. Les quitamos las armas, celulares, medios de comunicación y despejamos el primer piso. Subimos al segundo nivel y todas las habitaciones estaban prácticamente desocupadas y con las puertas abiertas excepto una. Empezamos a hacer varios llamados, pero no querían abrir la puerta. La forjamos, la rompimos y cuando entramos nos enteramos: el objetivo era Jesús Santrich.
El director de la operación le notificó la orden de allanamiento a la dueña de la casa y le entregó a otro compañero la orden de captura contra Santrich. Procedió a notificarlo, firmó los derechos del capturado, hicieron el registro y comenzamos a hacer la extracción. En ese momento empezamos a escuchar gritos, bajamos y la gente que estaba tendida en el suelo siguió forcejeando con nosotros, pero la orden era sacar al objetivo inmediatamente. Cuando íbamos bajando las escaleras, Santrich empezó a gritar “camaradas, no me dejen llevar”. Mientras todo eso pasaba, a una compañera se le soltó una mujer de contextura gruesa y se atravesó en las escaleras para no dejarnos salir.
Mientras Santrich se oponía a la salida, dos compañeras quitaron del camino a la mujer de contextura gruesa y finalmente salimos de la casa. Prácticamente a Santrich lo sacamos alzado, se oponía con fuerza y se la pasaba gritando “camaradas, no me dejen llevar”. Uno de los dispositivos arrancó para el búnker de la Fiscalía y nosotros continuamos en la casa haciendo la diligencia de allanamiento. Luego llegaron los abogados de Santrich, los abogados de las Farc y se les notificó la orden de allanamiento. Ellos decidieron atender la diligencia.
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El allanamiento incluía incautar celulares, computadores, entre otras cosas. En ese momento nos dimos cuenta de que había varias personas que estaban en los computadores queriendo borrar la información y otra vez empezó el forcejeo. Nos dijeron que prendiéramos un televisor porque el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, daría una rueda de prensa sobre el tema. En ese momento los ánimos empezaron a calmarse y la gente empezó a colaborar. Los funcionarios de la UNP también se calmaron porque siempre forcejearon con nosotros; decían que nosotros éramos un grupo de comandos que pretendíamos desaparecer a Santrich, pero estábamos plenamente identificados.
Hubo un momento en el que el comandante del Copes se enfrentó con el jefe del esquema de seguridad de Santrich porque le dijo que se calmara, pero este le respondió que no lo haría y le preguntó que si lo iba a matar como a otros camaradas de las Farc. En ese momento nos enteramos de que los funcionarios de la UNP eran exguerrilleros. Después nos dieron la orden de agilizar el procedimiento, porque nos informaron que la gente, que estaba en el búnker de la Fiscalía protestando por la captura, quería hacer una asonada, pero el abogado de las Farc empezó a dilatar el procedimiento. Verificaba información que ya había comprobado.
Cuando ya no había más justificaciones para dilatar el procedimiento, les devolvimos las armas al coordinador de la UNP. También le entregamos los salvoconductos y los radios de comunicación. Nos desplazamos al búnker de la Fiscalía y el director de la operación nos hizo extensiva la felicitación del fiscal general, pues había sido un procedimiento bien hecho y nadie salió herido. No se presentaron contingencias en cuanto a la salud del personal de la UNP ni de las personas que estaban en la casa, ni mucho menos con Santrich. El director nos informó que Santrich pidió disculpas por la actitud que había tomado, que él sabía que estábamos haciendo nuestro trabajo, pero que le parecía injusto y que, a partir del momento, no iba a comer más.
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